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El calvario de los autónomos

El comentario de Juan Francisco Rojo

Se lamentaba recientemente el veterano sindicalista agrario Domiciano Pastor de la falta de apoyo del Gobierno al sector agrícola y ganadero. Con una imagen muy gráfica, venía a decir que si Renault se constipa, los políticos corren a socorrerla, mientras que para los profesionales del campo no hay ni paracetamol. No termino de coincidir del todo con este diagnóstico hecho por alguien de extraordinaria trayectoria dentro de la Unión de Pequeños Agricultores.

Entiendo que el campo ha recibido importantes ayudas, que por otra parte nadie debería cuestionar porque es el sector que mantiene vivo el medio rural. Me acuerdo sin embargo de otro tipo de autónomos que podemos encuadrar en el comercio y negocios similares. A esos los gobiernos no les recetan ni placebos. Todo lo contrario; daría la sensación de que sólo se acuerdan de ellos cuando tienen que pagar; con cargas fiscales excesivas, trabas burocráticas absurdas y ausencia de derechos flagrante cuando entran en una delicada situación económica o cuando directamente tienen que cerrar sus negocios.

Hace unos días paseaba por un conocido barrio de Palencia. Eran las nueve de la noche. Me salió de ojo la cantidad de pequeños locales cerrados, en su mayoría en alquiler. Hasta hace no tanto habían estado ocupados por ciudadanos, autónomos, que tuvieron el sueño de impulsar su propio negocio. Sus ilusiones se hicieron trizas.

Estos locales se alternaban con otros que a esa hora, insisto las nueve de la noche, seguían abiertos después de una larga jornada laboral. Una verja a medio bajar y dentro una luz. Un carnicero preparaba el material para el día siguiente. Un establecimiento de chuches, donde no compra la niña de Rajoy, seguía abierto y no cierra ni fines de semana ni festivos. Cerca una mercería que echaba la verja… sin límite de horas, hurtando tiempo a la familia. Y todo ello muchas veces para obtener exiguas recaudaciones que a duras penas llegan para cubrir gastos.

Es verdad, cuando Renault se constipa, recibe medicina de última tecnología. Cuando el campo se acatarra recibe paracetamol. Cuando el pequeño autónomo del comercio y sectores similares se agripa, como mucho le recetan un placebo; y ni siquiera eso. Nos damos cuenta de que ya no está cuando vemos el local con el cartel de “se alquila”. Y el Gobierno se da cuenta, si es que lo hace, porque deja de cobrar los módulos. ¡Qué calvario tiene el pequeño autónomo!

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