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¿Por qué leer a los clásicos? ¿O por qué no hacerlo?

Esta semana en ‘El rincón de leer’ de Hoy por Hoy Cuenca reflexionamos sobre la lectura de los libros considerados clásicos y respondemos a preguntas como qué es un clásico, qué convierte a un libro en clásico o por qué leerlos hoy

Mural de libros en una actividad sobre Gloria Fuertes. /

Begoña Marlasca, la directora de la biblioteca pública ‘Fermín Caballero’ de Cuenca, nos propone esta semana leer libros clásicos, pero antes nos hace reflexionar y nos presenta razones para leerlos o para no leerlos. Lo hemos contado en ‘El rincón de leer’, el espacio de libros de los lunes en ‘Hoy por Hoy Cuenca’.

'El rincón de leer' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

“Se ha de leer mucho, pero no muchos libros; ésta es una regla excelente. La lectura es como el alimento: el provecho no está en proporción de lo que se come, sino de lo que se digiere”. Con esta cita de Jaime Balmes, filósofo y teólogo catalán del siglo XIX, hemos comenzado la reflexión sobre la lectura de los libros clásicos.

Lo primero ha sido dar las razones para no leerlos: “Hay mucha gente que no se atreve o no quiere leer libros clásicos: porque nos da pereza, o vergüenza confesar que a nuestra edad de adultos no lo hemos leídos, por ejemplo El Quijote, porque creemos que no lo vamos a entender o porque nos parece fuera de nuestro tiempo y no tienen nada que decir a un lector del siglo XXI”, explica Marlasca.

¿Qué es un clásico?

Mark Twain decía que “un clásico es un libro que la gente elogia pero que no lee”. Carlos García Gual apuntaba que “clásicos son aquellos libros leídos con una especial veneración a lo largo de los siglos”.

Borges decía que la belleza literaria puede estar en cualquier parte, en un tango, en una poesía, en una literatura popular, pero que es nuestra propia mirada y nuestra propia sensibilidad la que nos lleva a encontrarla y a elegir entre muchas propuestas de los libros de todos los tiempos, también entre los que se publican mientras nosotros vivimos.

'Un clásico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir'. Italo Calvino. / Pixabay

¿Por qué leer hoy a los clásicos?

Es un “clásico” ya el ensayo del escritor italiano Italo Calvino sobre “Por qué leer los clásicos” (publicado por Tusquets en 1992) y nos da hasta 14 interesantes razones. Podemos hablar sólo de alguna de ellas:

2. Se llama clásicos a los libros que constituyen una riqueza para quien los ha leído y amado, pero que constituyen una riqueza no menor para quien se reserva la suerte de leerlos por primera vez en las mejores condiciones para saborearlos.

8. Un clásico es una obra que suscita un incesante polvillo de discursos críticos, pero que la obra se sacude continuamente de encima.

11. Tu clásico es aquel que no puede serte indiferente y que te sirve para definirte a ti mismo en relación y quizás en contraste con él.

13. Es clásico lo que tiende a relegar la actualidad a la categoría de ruido de fondo, pero al mismo tiempo no puede prescindir de ese ruido de fondo.

Ventajas de leer a los clásicos

La calidad literaria. En los clásicos reposa la tradición y la cultura del mundo. Es esencial leer a los clásicos para una verdadera educación literaria, y para una necesaria formación humanística, especialmente en los jóvenes. Y para el desarrollo del gusto estético.

Clásicos en los clubes de lectura

En el Taller de Pensamiento de la biblioteca ‘Fermín Caballero’ están comenzando a leer La Odisea. Los martes a las 19 horas en la Sala Transparente.

Otros lectores se han apuntado a un nuevo taller sobre El Quijote, en el que sólo se va a leer esta obra. Se reúnen los miércoles a las 19.30 horas y están coordinados por Luis Clemente, un enamorado del Quijote que ayuda a ir leyendo capítulo a capítulo sin prisas, compartiendo y completando cada capítulo.

En el grupo de Galateas están leyendo Matar un ruiseñor. Los jueves a las 18.00 h.

Reflexión final

Por si alguien se pregunta que no vale la pena tanto esfuerzo a la hora de leer los clásicos, podemos recordar esta cita de Cioran (escritor y filósofo rumano, 1911-1995) en la que cuenta que mientras le preparaban la cicuta a Sócrates, éste aprendía un aria para flauta. Y le preguntaron, ¿de qué te va a servir? Y contestó Sócrates: “Para saberla antes de morir”.

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