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Teología de la remontada

Regresa el Blog de Pablo Palomo que analizará en clave de reflexión el universo de Unionistas de Salamanca CF

Unionistas está acostumbrado a jugar siempre el mismo partido en Las Pistas. Cambia el rival pero no el método, ni tampoco el proceso psicológico que experimenta. Todos llegan creyéndose un pelotón de fusilamiento en Macondo para terminar como un pobre diablo del 3 de mayo de Goya. El público, que ya empieza a saberlo, paga su ticket a la entrada en un gesto de ritualismo. Asumen la premisa de que el sufrimiento va incluido en el precio para ver un guion que es una excusa para justificar el final que ya conocen.

En la primera parte, Unionistas juega tan al despiste que casi se lo cree. Como un policía infiltrado en una banda criminal que se salta tanto la ley que duda de qué lado está. Un pulso que es una obra de teatro con un atrezo tan bueno que se pueden ver las gotas de sudor cayendo sobre la mesa. Es el método Estanislavsky aplicado al fútbol. Pero todo es una máscara que se cae tras el intermedio. En la segunda parte, llega la demencia en la que Unionistas se siente cómodo.

Introduciendo una sola bala se pone a girar el tambor de su revólver. Sin dejar de mirar a los ojos, aprieta el gatillo sabiendo que la boca de fuego de su arma va a quedarse muda entre sus labios. El silencio del proyectil que no ha recorrido el cañón es el inicio de la epifanía. En esas circunstancias, al rival no le queda otra que sumarse a la locura colectiva. Pero antes de que llegue su turno, Unionistas ya ha empatado y se ha quitado la camiseta, revelando un torso que es un horror vacui de cicatrices. Es ahí cuando el que está enfrente sabe que de una u otra forma, la bala acabara alojada en su sien.

Cuando el árbitro pita el final, es efectivamente la Arandina la que termina por desplomarse. Otra vez, Unionistas ha vuelto a ser teleológico, empleando como medio que justifica el fin una fe fanática en la victoria. El aplauso vikingo que truena por las Pistas del Helmántico es un deje pagano en la eucaristía de cada sábado. El pueblo vuelve a casa después de jalear a Cristo, convencido de que su equipo se va a doctorar cum laude en teología de las remontadas. Aunque en el proceso vayan a perder años de vida.

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