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De cuando se pedía la mano con un panteón funerario

Cada vez son más las personas que acuden a visitar los campos santos para conocer la historia que tumbas, nichos y panteones esconden. Forman parte del denominado turismo de cementerios

Una de las esculturas funerarias que se pueden ver en el cementario sacramental de San Isidro de Madrid /

En este festivo 1 de noviembre, día de Todos los Santos, son muchos los que aprovechan la jornada no laborable para acudir a los cementerios y visitar a sus seres queridos. Junto a ellos hay una minoría, pero que cada vez es más visible: personas que acuden a visitar los campos santos para conocer la historia que tumbas, nichos y panteones esconden, para contemplar las esculturas y arquitectura que hay en ellos. Forman parte del denominado turismo de cementerios.

Es el caso del Cementerio Sacramental de San Isidro. Se trata de concebir los cementerios como si de un museo se tratara, con su guía y todo. La nuestra es Ainara. "Nuestra primera parada, dice, es este majestuoso panteón".

Hasta el próximo 5 de noviembre se pueden realizar las visitas "Ad Eternum", visitas guiadas por este cementerio que se comenzó a construir en 1811. Se trata de una época en la que a posición social se veía por el tamaño del mausoleo. En el caso de los nichos esa posición se veía por la altura a la que se situaba. Cuanto más alto, mejor. La que fuera amante de Godoy, Pepitá Tudó, ocupa la parte superior.

"Parece ser que de Pepita conocemos más de lo que pensáis. Según los estudios, según los entendidos, los cuadros de las majas, las que pintó Goya no tienen nada que ver con la duquesa de Alba. Creemos que el rostro de las majas de Goya no es otro que el de Pepita Tudó", cuenta Ainara.

Continúa la visita con historias sobre el Titanic, perros que ejercían de críticos taurinos y esculturas de Mariano Benlliure. Andando, andando, andando llegamos hasta el denominado Panteón Calvo, esculpido por Juan de Ávalos, el mismo del Valle de los caídos. Su inicio fue de lo más curioso: el de un hombre que pretendía a una mujer y para su pedida, en vez de un anillo "le va a regalar a su prometida un panteón en la Sacramental de San Isidro. Lo bueno es que ella se casó. Le gustó el regalo y se casó con él después de esta maravilla como regalo de prometida". Un panteón, por cierto, con unas vistas privilegiadas de Madrid.

Esta es la Ruta del Corazón, también hay otra a través de la ciencia. Unas visitas que se pueden realizar durante el resto del año, aunque eso sí, siempre bajo reserva previa. El precio es de 6 euros y el destino del dinero, nos dicen, está siendo destinado a recuperar, mantener y rehabilitar algunos panteones que necesitan intervención.

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