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Emilio López Prats: "A Paco Alba todavía hoy se le cuestiona"

El histórico componente y director de su antología recuerda a El Brujo junto a su busto en la puerta de La Caleta

Han pasado exactamente 60 años desde que un jovencísimo Emilio López Prats aceptó el ofrecimiento de Paco Alba de salir en su chirigota. 60 años desde que cantó el famoso pasodoble de 'Oh Cádiz', con Los Sarracenos. Y tanto tiempo después, a sus 81 años de ahora, será difícil encontrar en Cádiz un defensor más acérrimo de Paco Alba que él. No calla nada. Elogia sin límites a su autor, y cuestiona a los demás, a los que "no le llegan ni al tacón". Recuerda emocionado cada anécdota de una vida dedicada al carnaval. Y se aferra a un libro que es su biblia. El libro autoeditado en el que custodia todas las letras de las agrupaciones de Paco Alba.

La primera vez que Emilio López Prats salió con Paco Alba fue en 1957 con Los Sarracenos. Permaneció fiel a él hasta su última comparsa, la de Estampas Goyescas, en 1973, cuando vivió el terrible momento del abucheo que recibió Paco Alba de los admiradores de Antonio Martín, que sólo querían escuchar a Capricho andaluz. "Aquello fue algo orquestado", suelta con el tono de los que ni perdonan ni olvidan.

Pero antes que llegara ese momento que llevó a Paco Alba a dejar el mundo de la comparsa, hubo otros maravillosos. Recuerda los viajes por tierras españolas, donde tenían que ralentizar el ritmo de sus coplas para que les entendieran. En Huesca casi les pegan cuando les vieron vestidos de beduinos después de haber sido anunciados como "la revelación de la música yeyé". En Logroño casi se los comen de éxito. Llegaron a acompañar a Rocío Jurado y hacerle sombra a la más grande.

"Paco, siendo de Conil, era más gaditano que yo. No le gustaba estar fuera. Quería marisma", recuerda Emilio, al que le brotan las anécdotas mientras habla citando a sus compañeros: Brihuega, Monzón, Tocón, Charpa, Campos... La clave del éxito de Paco Alba, según López Prats, está en el libro que abraza: en las letras. "Su escritura era única. En aquellos tiempos el que más tenía el graduado y él cantaba sobre el derecho de pernada, sobre El Quijote, sobre cosas que el populacho no entendía". El autor cambiabna días de ensayo por sesiones para explicar sus composiciones. "Decía que no podíamos cantar aquello que no entendíamos".

La otra virtud de Paco Alba, según el director de su antología, era su oído. "Las cogía al vuelo. Tenía el oído de plata. Enseguida se daba cuenta de quién había desafinado o quién se había equivocado en la letra". Fue un pionero en crear letras con el concurso ya empezado y mejoró las composiciones musicales. "El pasodoble de Los forjadores, si te fijas, es una malagueña", explica.

Y aunque Paco Alba fue el creador de la comparsa a él lo que más le gustaba era la chirigota. "Él era artista", dice Emilio López Pras mientras recuerda cómo Paco simulaba darle terroncitos de azúcar al borrico imaginario de Los pajeros. Después ese burro se convirtió en real y viajó con el grupo en tren. Y Emilio López Prats se parte de risa recordándolo.

"A mí me gustaría que este libro lo leyera la gente. Es historia viva". Emilio iza su libro con las letras de Paco Alba como si fuera su credo. O Moisés con sus mandamientos. "Yo no digo que lo que ahora no valga nada. A mí no me gusta, aunque hay conjuntos maravillosos. Nosotros éramos siete u ocho, ahora cantan 15". Pero cree que a Paco Alba "aún se le cuestiona" cuando se le compara con otros autores coetáneos o actuales. "No le llegan ni al tacón", resume a modo de homilía. Las religiones son así.  Y la suya se remata cantando Cuanto contemplo mi barca, de Los hombres del mar. A las puertas de La Caleta. Al lado del busto de Paco. Mientras suenan las gaviotas.

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