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Aprender a poder

Desde muy pequeñitos, nuestros actos muestran su eco a través de nuestros seres queridos que con su mayor afecto y cariño nos van contando como éramos y nos van juzgando en base a su comparativa de nuestras diferentes etapas.


Nosotros, en consecuencia, nos creamos una idea de “quiénes” somos...básicamente creamos una identidad,la nuestra… recordamos nuestro entorno, qué nos gustaba, nuestras emociones, nuestras reacciones…. Reafirmando una idea que en algunos casos, es solo parte del entorno y en otros es un todo. “Yo soy así” por esto, por eso, por aquello...


Con el paso del tiempo, el entorno normalmente se ve en constante evolución, en constante cambio… a veces incluso aparecen golpes del destino que reforman completamente nuestra realidad. Este paso del tiempo, si no sufre cambios significativos en un periodo “x”, da lugar a lo que casi todos hemos tenido la oportunidad de conocer, algo muy necesario para cualquiera… la estabilidad, un periodo tranquilo o sin cambios significativos, muy positivo para seguir construyendo nuestra “necesaria” identidad emocional.


Pero, si al contrario nuestro mundo se ve sacudido de alguna manera por alguna turbulencia que nos marque, nos encontraremos ante la necesidad de aceptar. Esto, que a priori parece obvio, en muchas ocasiones se convierte en todo un desafío. Nuestra propia identidad, esa de la que hablábamos va a dificultarnos la oportunidad de adaptarnos de una forma natural, de cambiar. A cambiar, para poder adaptarnos y asumir un nuevo escenario.


El mostrar resistencia a las pistas de la vida, a sus cambios, a sus oportunidades…en definitiva a su inercia, esa será la mayor condena de infelicidad para el ser y su mayor límite personal.


No seas de ninguna forma, reinventate cuando la ocasión lo requiera.

Puedes hacerlo todo, cree en ti.

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