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Manu Sánchez

Los estereotipos son verdad

Los estereotipos son verdad. Si no son verdad no son estereotipos, son simplemente injusticias

Para ser andaluces hay que ver lo que sabemos de estereotipos. Y es que los estereotipos son verdad. Necesitan ser verdad, y si no son verdad no son estereotipos, son simplemente injusticias. El estereotipo es caricatura, y toda buena caricatura amplía, remarca y exagera la verdad. Yo, solo podría reírme o rendirme ante un retrato de gran cabeza porque fue, es, y será verdad, que desde chico si me ponen bocabajo tengo serias dificultades para darme solo la vuelta. Ningún efecto tendría, que en mi caricatura me dibujaran con grandes ojos azules: ni gracia, ni malaje, ni chicha, ni limoná por el hecho de ser mentira. Y por eso nos reímos, porque ampliar la verdad es el mejor arma del humor. Como ampliar la mentira el mayor signo del error y el camino a la injusticia. Reírse ante la verdad es signo de inteligencia. Reírse ante la injustica te convierte en otra cosa. Ahora que tanto se habla de los límites del humor, sería justo remarcar que indignarse ante que nos cuenten la verdad es chivato de ser realmente idiota, como indignarse ante la injusticia debería ser obligatorio. El humor como máxima expresión de la libertad de ella misma no debería tener límites ninguno, al menos más allá del que individualmente quiera ponerse a sí mismo cada uno, y nunca al de los demás, porque el humor es como los culos, cada uno debería centrarse en decidir qué hacer exclusivamente con el suyo.

El humor no tiene límites, pero tiene sus necesidades, y una de las más flagrantes son sus ansias de verdad. El humor siempre es verdad, necesita ser verdad, y si no es verdad, puede que estemos ante algo que a alguien le haga gracia, pero no humor, porque es mentira, y entonces estaremos ante las hijas bastardas del humor, la injusticia y la crueldad. El humor y la mentira son como Kevin Spacey  y un adolescente fornido, que si te empeñas en ponerlos a trabajar juntos probablemente alguien salga muy jodido.

Los andaluces cargamos con dos bolsas de estereotipos: los que sabemos que son caricatura de la verdad y ante los que nos reímos: por fiesteros, santurrones, besucones, derrochones, exagerados, graciosillos e impuntuales, que aquí sabemos que se queda con impuntualidad tartésica “de tres y media a cuatro menos cuarto” o “pa tomar café después de comer” como si “después de comer” fuese meridiano método infalible para quedar sincronizadamente en un preciso instante exacto. Y el otro, ante el que nos rebelamos por injusto, por malaje y por mentira. Ese que intenta tratarnos de incultos, flojos y vagos. Algo que no solamente no es verdad sino que es, para colmo, justo lo contrario a la verdad. No hay mayor injusticia que reírse ante la injusticia, y hacer humor con el paro, la pobreza y la desigualdad no es cosa de humor ni estereotipos, es usar contra nosotros nuestra peor lacra para ejercer contra los míos una dolorosa maldad. Los estereotipos son verdad, necesitan ser verdad, pero lo que está claro es que el reparto en España no lo hizo un andaluz: los gallegos pasan por ambiguos, los vascos por comilones, los catalanes por tacaños, los madrileños por chulos y los andaluces… por incultos y vagos, ¡ahí lo llevas! No me dirán ustedes que la cosa no está un poco descompensada, que viendo semejante asimetría territorial en el trato, yo me cambiaba pelo a pelo y sin mirarlo, porque lo del resto más que estereotipos, se les ha quedado a más de uno envidiable estereotipazo. Hacer pasar por estereotipo nuestra lacra en la tierra con más pobres y obreros de España, es tan injusto como si usásemos otras dolorosas lacras para tratar como estereotipos al resto y pretendiésemos que fuese gracioso tratar mi amada Galicia como Tierra de dictadores, mi adorada Euskadi como tierra de etarras, o mi adorada Cataluña como tierra de inhumanos esclavistas. Que de tacaño a esclavista va lo mismo que de impuntual a vago.

Y mira que yo cada vez que escucho de parte de algún despistado burgués que en Andalucía no se trabaja, le recuerdo que aquí por lo menos tenemos todas las catedrales “terminás”, y la cosa es que igual a alguno le sigue interesando que por aquí abajo sigamos siendo pobres, porque la única diferencia a veces entre un esclavo y un obrero pobre, es que el esclavo hace las cosas por obligación y el obrero pobre porque no tiene más remedio. Los estereotipos están para cumplirnos, para caer en ellos, porque no me dirán que no es gracioso que los antisistemas catalanes propusiesen reventarlo todo sacando 50€ del cajero un viernes y gastándoselo, ¡qué cabrones!, ¿qué es entonces lo que hacían esta gente antes los viernes? Y aquí estoy yo intentando hacerme el gracioso y probablemente entregando esto, por culpa de un buen siestazo, una mijita tarde. Cada vez que vayan a caer en la injusticia en lugar de en el estereotipo con Andalucía, piensen que la fama de flojos, vagos, chupópteros e improductivos es la que tienen también de usted por ser español en toda Europa, y si eso a ti que te levantas cada mañana para ganarte tu pan y el de los tuyos con el sudor de tu frente te indigna, entenderás como se sienten desde hace muchos los míos, que para ser andaluces sabemos muchos de estereotipos, de humor, de tragar, de educación, de malajes, de gracias, y de injusticias señor Elorza.

Fdo: un estereotipo tipo orgulloso, un gracioso, un exagerado, un derrochón, un tipo con ganas de guasa, cachondeo y carga, pero nunca un vago, un inculto, ni un flojo, que disfruta no tirando estereotipos sino haciendo que a los demás los que son mentira se les terminen cayendo solos, un humorista a favor de la verdad y deseando saltar ante las injusticias, preparado siempre para contestar con un chiste, porque si esto va de reírnos, ya les aviso, asuman donde se meten, porque ese estereotipo no imagináis dentro de lo que cabe, cuánto nos gusta cumplirlo, que para ser andaluces en verdad nos cabe tela.

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