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Hockney "celebra la humanidad" en el Guggenheim

El museo acoge hasta el 25 de febrero la obra más voluminosa del artista británico, "82 retratos y un bodegón"

Un masajista, un dentista, un doctor, un banquero... No son los personajes habituales que a lo largo de la Historia del Arte han contado con sus propios retratos. David Hockney se reencuentra con el Museo Guggenheim Bilbao acompañado por ellos, por sus amigos y colaboradores reunidos en la muestra "David Hockney: 82 retratos y un bodegón", su obra más voluminosa.

Tres años de un ritmo frenético de trabajo en su estudio de Los Ángeles tras la exitosa gira de los paisajes, con la que ya visitó Bilbao en 2012. El germen llegó cuando se encontró sin saber en qué proyecto sumergirse. Así decidió retratar a Jean-Pierre Gonçalves de Lima, el director de su estudio, cuya tristeza se vislumbra en la pieza, y Hockney confesó que podría tratarse de "un autorretrato". Sin embargo, fue el comienzo de algo nuevo. En casi tres años ha logrado producir más de 90 obras con personas de su entorno, incluida la comisaria de la exposición, Edith Devaney.

El resultado, una instalación envolvente, una única pieza compuesta por 82 retratos y un bodegón, por uno de los modelos que no acudió a su cita con el artista, en la que se explora la personalidad. "Cada uno de los sujetos está sentado en una misma silla, pintado en las mismas condiciones, en tres días, bajo la misma luz, y con un fondo similar, azul y verde", ha explicado Devaney. En este sentido, ha señalado que las obras nunca "fueron por encargo, eran personas a las que él invitaba por lo que iban sin expectativas". Además, les daba libertad así que la serie de retratos refleja también el actual y variado gusto de la sociedad norteamericana en el vestir. A su vez, los modelos elegían la postura, así logró capturar su esencia, y lo único que cambió fue la posición de la silla para evitar la repetición a lo largo del recorrido.

El objetivo principal consiste en conocer lo más profundo de sus personajes, aunque el orden cronológico de la muestra permite percibir la propia evolución formal y estética de Hockney, pero también interior. "No solo gana confianza en el formato, también se ve que la alegría vuelve a su vida, la alegría de pintar y la alegría de estar en compañía de sus amigos", ha precisado Devaney.

En definitiva, se trata de una auténtica celebración de la humanidad, una comedia humana, porque surge de la esencia de las personas, que podrá visitarse hasta el 25 de febrero.

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