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Un taranconero precursor de la Formación Profesional en España

'Callejeando por Tarancón' y Gema Garrido hacen parada en la calle dedicada al Padre Ocaña esta semana

'Callejeando por Tarancón' con Gema Garrido ha hecho parada esta semana en la calle Padre Ocaña, dedicada al taranconero Julián Ocaña Peña, un sacerdote salesiano "clave" en el impulso y desarrollo de la Formación Profesional en la segunda mitad del pasado Siglo en nuestro país. 

Como destaca la autora de este espacio, la Calle Padre Ocaña parte de la Avenida Juan Carlos I en la Plaza de Castilla-La Mancha, conocida popularmente como 'la de los leones', y termina en la Calle de San Roque, en el barrio del mismo nombre.

Biografía

Julián Ocaña Peña nació el 17 de agosto de 1914, en la calle que ahora lleva su nombre, y a la que en el S. XVIII habían llamado Nueva.  

Realizó sus primeros estudios con un maestro sin titulación, el tío Pedro, que era el abuelo de Francisco López Antona, y al que conocían en el pueblo como “El cojo de la casilla”, por haberle amputado una pierna el tren y trabajar de vigilante en una casilla del ferrocarril.

Su interés por la religiosidad comenzó como monaguillo en el convento de Franciscanos Capuchinos, que antes de la guerra civil era filial de la parroquia y, después de la guerra, fue cedido a los Franciscanos Conventuales.

D. Alejandro Baltaini fue el salesiano que le animó para que se fuera a hacer bachillerato al colegio de la orden en Carabanchel. Se incorporó el 28 de enero de 1926 y obtuvo el primer premio de lectura en su clase. Al año siguiente, fue enviado al noviciado de Astudillo (Palencia), donde permaneció hasta el verano de 1927, en que se trasladó al nuevo aspirantado del Paseo de Extremadura. Terminado este ciclo, el 4 de Octubre de 1930 pasó al noviciado de Mohernando (Guadalajara). Allí le sorprendió la proclamación de la República, el 14 de abril de 1931, y la quema de iglesias y conventos. Su padre, Francisco Ocaña, fue a buscarlo al seminario y se hizo cargo de cuatro conquenses y algunos madrileños para reintegrarlos a sus domicilios. 

Libro de Fiestas 2014 / López Ocaña

Julián Ocaña se planteó abandonar o seguir los estudios salesianos. Su madre, temerosa, le aconsejó quedarse en casa y su padre porque sea el mismo quien decida, argumentando que “nunca pasará más de lo que Dios permita”. Finalmente decidió volver a Mohernando.

El 12 de octubre de 1931 hizo su primera profesión. Durante el curso 1930-31 preparó el noviciado y, en el curso siguiente, realizó los estudios de Magisterio y Filosofía, incluidos tres años de prácticas en los colegios salesianos de La Coruña, Madrid y Salamanca. 

Al empezar los estudios de teología explotó la Guerra Civil y fue asaltado el seminario de Carabanchel, en el momento en que él estaba impartiendo clase de música a los novicios. Le detuvieron junto a todos sus compañeros de estudios y profesores. Pasaron varios días detenidos hasta que un teniente Guardia de Asalto, sorteando el peligroso camino hacia Madrid, consiguió llevarlos a la Dirección General de Seguridad donde la misericordia de alguno de sus responsables los dejó en libertad para que buscaran refugio donde pudieran.

Él logró llegar a casa de unos tíos suyos, en Madrid y estuvo varios días escondido hasta que llegó a rescatarlo su cuñado Francisco López Antona, con documentación preparada al efecto para que no fuera detenido en el viaje por ferrocarril a Tarancón.

Tras llegar a su pueblo, se incorporó a la imprenta familiar que regentaba su cuñado Francisco López Antona, la histórica “imprenta Antona", hace pocos años desaparecida, y que fue emblema de la tradición tipográfica de Tarancón.

En la imprenta aprendió el oficio de tipógrafo, se afilió a la correspondiente sección del sindicato de UGT, como todos los tipógrafos de Tarancón, y la secretaria del partido Comunista le facilitó, sin pedirlo, un carnet del partido, que en aquellos momentos era el mejor aval para circular libremente y sin peligro.

Movilizado con su quinta, en el año 37, se incorporó al ejército republicano en el servicio de transmisiones de la 16 División que luchaba en los estertores de la batalla del Jarama. En sus ratos libres se dedicaba a dar clase a los soldados analfabetos, lo que le valió ser destinado a las “Milicias Culturales”, como maestro auxiliar del ejército republicano.

Al terminar la Guerra Civil finalizó sus estudios de teología y se ordenó de presbítero el día 30 de mayo de 1942, celebrando su primera misa en Tarancón el 3 de junio del mismo año.

Gema Garrido

Tras ser ordenado sacerdote fue nombrado administrador del seminario de Astudillo y al año siguiente director del mismo, cargo que compatibilizó con el de capellán de las Clarisas, Hijas de la Caridad y de la Adoración Nocturna, así como la de consiliario de la Asociación de Antiguos Alumnos. 

Tres años más tarde fue nombrado director del colegio salesiano de enseñanza media “María Auxiliadora”, en Salamanca, Delegado de la Federación de Amigos de la Enseñanza (FAE) por ese distrito universitario y miembro de la Sociedad Española de Pedagogía, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas.

En el año 1953 fue trasladado a Madrid como rector de la Institución Sindical “Virgen de la Paloma”, que los sindicatos del régimen habían confiado a la orden salesiana por su tradición prestigio en la Formación Profesional. Permaneció seis años en el cargo.

El padre Ocaña fue conocido en todo el ámbito empresarial y educativo, y gozó del afecto de los miles de alumnos que frecuentaban las aulas de “La Paloma”, así como del profesorado. Con la LOGSE el centro fue reconvertido en “Instituto de Educación Secundaria Virgen de la Paloma”.

En 1958 fue nombrado Consejero Nacional de Educación y dentro del Consejo, Secretario de la sección cuarta, dedicada a la Formación Profesional y Técnica, Asuntos Internacionales y Enseñanza Artística, cargo en el que permaneció hasta 1975.

En el año 1959, la jerarquía eclesiástica creó el Secretariado Nacional de Formación Profesional de la Iglesia y eligieron a Julián Ocaña Peña para dirigirlo. Cuando vio que la edad hacía mella en su capacidad de trabajo, pidió el relevo y fue nombrado Inspector General de Formación Profesional de la Iglesia, de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis.

Desde 1968 coincidió en el Consejo Nacional de Educación con D. Eugenio López y López, que era gobernador civil de Cuenca, Director General de Enseñanza Primaria y tenía lazos familiares en Tarancón. Desde este organismo ambos estudiaron la forma de dar a Tarancón y comarca un instituto de formación profesional. La solución fue crear un Instituto Laboral que luego se transformó en instituto general de enseñanza media.

Como recordarán los primeros alumnos matriculados en el centro, ahora “CEIP Gloria Fuertes”, su primer nombre fue “Instituto Laboral Francisco Ruiz Jarabo” y tenía una nave adosada, que todavía se puede apreciar donde se instalaban los talleres de formación profesional.

En el año 1960, el padre Ocaña, ayudado por un grupo de religiosas empezó a promocionar la Formación Profesional no reglada para la mujer. La iniciativa no fue estéril ya que en 1986 se igualó el número de mujeres y de hombres que cursaban Formación Profesional.

En los primeros años de la década de los sesenta le fue concedida la Encomienda de la Orden de Alfonso X el Sabio, en un homenaje que le tributó su pueblo de nacimiento, junto al general Domínguez Catalán y al científico doctor Morcillo Rubio. Los tres fueron nombrados hijos predilectos de Tarancón.

También recibió la Medalla Plata y Bronce de la Juventud, conmemorativas de los Concursos Internacionales de Formación Profesional y el Emblema de Oro del Patronato de Formación Profesional “San Valero” de Zaragoza.

Fue Doctor Honoris Causa en Ciencias de la Educación por la Universidad Pontificia Salesiana de Roma. Su lección magistral versó sobre “La Formación Técnico-profesional en España a los 100 años de la visita de Don Bosco”.

Trabajó en la preparación del célebre “Libro Blanco” la posterior Ley General de Educación y más tarde la puesta en marcha de su comisión evaluadora.

También hay que destacar que el Padre Ocaña recorrió medio mundo impulsando la Formación Profesional en países en vías de desarrollo a través de la orden de los Salesianos.

En opinión de Marino Poves, la educación española, en general, y Tarancón, en particular, están en deuda permanente con este salesiano cuya humildad hacía brillar con más intensidad su personalidad; y que por donde pasaba dejaba un destello imborrable de sonrisa, bondad y eficiencia.

Por encargo del Ayuntamiento de Tarancón, el día 4 de octubre de 1988 pronunció la lección inaugural del curso escolar, en el salón de actos del antiguo Instituto de Bachillerato, que él contribuyó a recrear, en ese momento habilitado como colegio de E.G.B.

Tras una intensa vida de trabajo religioso y educativo, en 1993 contrajo una grave enfermedad de la que una breve recuperación le permitió volver a Tarancón y visitar Riánsares en 1994. Falleció el 26 de noviembre de ese mismo año.

Más homenajes

Con motivo del centenario de su nacimiento, en 2014, el académico Marino Poves publicó un artículo sobre la vida del Padre Ocaña en el programa de las Fiestas Patronales de ese año.

El 8 de noviembre de 2014 se celebró un acto de reconocimiento en la Casa de Cultura con la inauguración de una exposición con fotografías cedidas por su familia. Hubo una mesa redonda en la que participaron, entre otros, su sobrino, Pedro López Ocaña, religiosos y políticos. También actuó la rondalla Cuesta de La Virgen.El 10 de noviembre se celebró otro acto de homenaje en el que miembros de los clubes de lectura de Tarancón recitaron poemas del libro “Como el agua” escrito por el Padre Julián.

En los diferentes actos, Pedro López Ocaña contó que su tío fue un hombre encariñado de su pueblo, al que venía siempre que podía y, aunque pasaba el tiempo en casa de su hermana y sus sobrinos, siempre visitaba a su numerosa familia desperdigada por los distintos barrios de Tarancón.

Se le podía ver en la imprenta, ejercitando todo tipo de trabajos propios de la profesión, no por necesidad, sino como vuelta a su orígenes familiares y de su orden religiosa; no hay que olvidar que una de las primeras enseñanzas profesionales de Don Bosco, en Turín, fue la imprenta.

También Pedro LóOcaña contó que para su tío “los cargos no eran cargos, sino cargas”, y que lo que más le hubiera gustado era seguir con la educación y los jóvenes.

Desde 2016, el padre Julián Ocaña Peña es uno de los Taranconeros Ilustres homenajeados en Casa Parada.

 

 

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