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Locos, burros y cánticos proféticos en la Catedral de León

Las VI jornadas sobre la Catedral de León incluyen una charla sobre las fiestas paganas medievales en el recinto de la seo leonesa

A día de hoy nos parece impensable que una catedral católica pueda ser escenario de celebraciones y fiestas populares e incluso irreverentes. Sin embargo, en la Edad Media estas fronteras entre lo religioso y lo pagano estaban mucho más difuminadas. "La imagen que tenemos del medievo esté muy distorsionada", explica el profesor de la Universidad de León César García, que este sábado pronuncia la conferencia 'Fiestas Paganas en la Catedral de León', que se incluye dentro del ciclo de jornadas sobre la Pulchra Leonina que organiza Sofcaple.(Biblioteca Pública de León, 12:30 horas)

La moral de la sociedad medieval era mucho más relajada, por ejemplo, que la de los siglos XVI y sobre todo XVII. Eso daba cabida a que las catedrales abrieran sus puertas a fiestas que, aunque revestidas de un barniz religioso, eran puramente paganas. En la Catedral de León se conserva referencia de tres. Todas se celebraban en las fechas navideñas y fueron introducidas por los canteros franceses que trabajaron en la construcción del templo en el Siglo XIII. La única de la que se conserva testimonio documental es el llamado 'Canto de la Sibilia', una elaborada teatralización de tintes proféticos que se recuperó parcialmente el año pasado. De las otras dos, solo queda referencia a través del programa escultórico de la propia catedral. Una de ellas es la conocida como 'Fiesta de los Locos', en la que se elegía a un tonto o demente que era coronado y reverenciado. "De aquí vienen algunas tradiciones actuales como la corona del roscón o la expresión 'tonto del haba', en referencia a quien la encuntra. No es un premio, sino un castigo", explica César García. La otra es la 'Fiesta del Burro', un ritual carnavelesco e irreverente en el participaban los propios miembros del Cabildo y cuyo protagonista era un asno, que se introducía en la catedral en procesión y caracterizado como un obispo.

Estas fiestas decayeron en el siglo XV y la Contrarreforma impuesta por el Concilio de Trento les dio la puntilla definitiva. Pero de ellas queda el testimonio grabado en la propia piedra de la catedral.

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