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MEDINACELI

Más de 3.000 personas se congregan en el Toro Jubilo de Medinaceli sin presencia de antitaurinos

Once y media de la noche en plaza mayor de Medinaceli. Se hizo el silencio hasta que la chispa encendió dos grandes bolas de fuego, arrancó el jubileo inmerso en la oscuridad interrumpida por dos grandes llamas itinerantes. Todas las miradas se posaban en el toro protagonista, atado a un madero y recubierto todo su cuerpo de barro arcilloso para evitar quemaduras. En su cornamenta, un asta metálica luce dos grandes bolas de pez, elaboradas con estopa, aguarrás y azufre. Tras la suelta, el animal tuvo que enfrentarse a las carreras y citas de los mozos sin embargo consiguió apagar las llamas golpeando la estructura contra el suelo, antes de que se consumieran por sí solas. Cinco hogueras, una por cada uno de los cinco Santos Mártires patronos de Medinaceli, iluminaban el interior del cercado. Entrada la madrugada, llegó el indulto. Un año más del el siglo XXI se celebró el Toro Jubilo, ante la atenta mirada de más de 3.000 personas y bajo un despliegue de seguridad multitudinario y un riguroso control de acceso a la plaza. Los controles de la Guardia Civil a los vehículos fueron muy intensos, con parada y registro a la entrada, y prueba de alcoholemia a la salida.

David Andrés, 44 años, de Jadraque (Guadalajara). Fue el homenajeado el sábado por la noche en el Palacio Ducal de Medinaceli por haber salvado la vida el año pasado durante el festejo del Toro Jubilo a una chica antitaurina que se lanzó al albero y que, de no haber sido por David, habría resultado cuanto menos herida. “Soy aficionado a los toros, vengo pocos años porque soy agricultor y me pilla todos los años en época de siembra. Soy recortado aficionado y el año pasado me pidieron si podía venir a ayudar a la asociación y por supuesto dije que sí”. Narra los hechos del año pasado que recuerda a la perfección, “yo creía que la había pillado, se quedó el toro con la chaqueta que salió ardiendo con las llamas, y el toro arrancó a por ella; la giré, y cuando subió el toro la cabeza no la tocó porque hizo un recorte”. Yo diría a los antitaurinos que “se tienen que informar bien, porque este toro no se sacrifica, luego vuelve al campo, no hay problema 55”.

Tomás Entero, conocido empresario taurino de Huesca, El Puerto de Santamaría o Valdemorillo, ofreció una charla horas antes del comienzo del Toro Jubilo en la que se mostró sorprendido el despliegue de seguridad habilitado. “Me parece un gasto en fuerzas de seguridad excesivo, es un despliegue que cuesta un dineral, es absurdo por cuatro agitadores que vienen a molestar y a impedir un festejo que permite la ley. Me parece brutal el despliegue”. Estos festejos taurinos tradicionales se tienen que mantener porque 66’ aportan riqueza, “cuando los restaurantes están llenos, los hoteles, los hostales, las casas rurales…ya de momento hay que respetar a la gente que vive de esto”. El gestor de plazas de toros añade que “este espectáculo acaba con el toro otra vez en el monte, no se le maltrata, no hay sangre, no se le pica”.

Enrique Ríosalido, vocal de la Asociación Toro Jubilo, se emocionaba tras la celebración, “vivo en Madrid aunque soy de Medinaceli y vivo el Toro Jubilo con mucha ilusión, cuenta con todos los permisos y es totalmente legal, solo queremos disfrutar todos los vecinos en paz de nuestra tradición”. Añade que “no creo que vaya a desaparecer ni tampoco se vaya a modificar la celebración porque, cualquier cambio en la ordenanza que lo regula, significaría el sacrificio del animal, y no es lo que queremos”.

Orgulloso, el alcalde de Medinaceli, Felipe Utrilla, defiende el festejo porque “los vecinos así lo quieren, y la tradición debe desligarse de la política, los vecinos queremos seguir celebrando la costumbre de nuestros antepasados y así lo vamos a seguir haciendo, con normalidad”.

Es el único toro de fuego que queda en Castilla y León, el Toro Jubilo de Medinaceli fue declarado hace 15 años festejo de Interés Turístico Regional por la Junta de Castilla y León. Documentada desde hace siglos en el Archivo de los Duques de Medinaceli, la primera cita data del 29 de septiembre de 1559, fecha en que fue testigo del rito desde el balcón central del Palacio Ducal el rey Felipe II y su tercera esposa Isabel de Valois, con la que acababa de contraer matrimonio. También están documentadas otras dos celebraciones el 3 de agosto de 1568 y el 29 de mayo de 1598, pues el Toro Jubilo se festejaba por entonces varias veces al año para disfrute de ilustres personajes. A finales del siglo XVIII o comienzos del XIX se fijó en el calendario su celebración en la noche del 13 de noviembre.

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