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Qué duda cabe

Leer es poder

Hace unos años, una pareja de testigos de Jehová fue a visitar a un buen amigo mío. Llamaron a su puerta y le hicieron una sencilla pregunta:

- Neniño, ¿te gusta leer?

Y mi amigo les respondió:

- Claro, señora, ¿Cómo cree que me hice ateo?

Los testigos de Jehová se fueron haciendo el moonwalk y mi amigo volvió a enfrascarse en la lectura de alguno de esos cacharros con hojas para hacer pensar.

Hoy leo en la prensa que las librerías locales están en crisis permanente, siempre a punto de cerrar, siempre sobreviviendo con lo justo y me da pena pensar que cada vez leemos menos y cada vez leemos peor. El tiempo (ese artículo de lujo), la inmediatez de las redes sociales, el papanatismo...vaya usted a saber. Pero ahora leemos menos y leemos peor y todo es un poco más oscuro.

Dice la ciencia que la lectura es una gran gimnasia mental y que puede ayudar a prevenir el Alzheimer. Ya solo por eso, un hipocondríaco como yo estaría leyendo todo el día. Además la lectura es una escuela de empatía. Leyendo adquirimos el superpoder de observar el mundo desde la perspectiva de otros, viendo que hay otras culturas, otros pensamientos, otros modos de hacer las cosas.

Pero es que además leer es divertido. Es sumamente divertido. Leer es como viajar, pero mejor, porque no hay agencia de viajes que te ofrezca como destino Nunca Jamás, la Tierra Media o el Espacio Profundo.

Cuando tenía doce o trece años alguien, creo que mi madrina, me dejó un libro extraño que estaba escrito a dos colores. En la portada tenía dos serpientes entrelazadas y se titulaba La Historia Interminable. Aquel libro fue mi despertar a la lectura de verdad. Junto a Bastian, viajé a Fantasía para salvar al mundo de la Nada. Me monté en Fujur y recorrí con Atreyu praderas y montañas. Y cuando terminó lloré y cuando dejé de llorar volví a empezar el libro.

Durante años fui un lector empedernido hasta que el trabajo, la vida ajetreada, los vaivenes y la tecnología acabaron por alejarme del hábito de leer. Desde hace un par de años he retomado la lectura y he conseguido mantener un ritmo bueno, aunque jamás podré competir con el ansia devoradora de libros de mi yo de la juventud.

Perdón por el ataque de nostalgia, amigos, pero hoy quisiera aprovechar este ratito de radio para reivindicar la lectura, que leer salva vidas. Leyendo se entiende la gente. Leer es poder. Qué duda cabe.

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