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La Isabela, las ruinas de un balneario de reyes bajo las aguas del embalse de Buendía

Con el bajo nivel de las aguas del pantano, los restos de los edificios emergen de nuevo permitiendo el paseo entre las ruinas de un lugar que alcanzó su esplendor hace cien años

Ruinas del balneario de La Isabela en el embalse de Buendía. /

Esta semana, en el espacio Nos vamos de excursión, les proponemos descubrir cómo fue el balneario de La Isabela, anegado por las aguas del embalse de Buendía a finales de la década de los 50 del siglo pasado. Fernando Carreras, nuestro guía de EcoExperience, se sabe el camino.

'Nos vamos de excursión' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Por la carretera N-320 llegamos desde Cuenca a Sacedón. Un poco antes de entrar en el pueblo tomamos, hacia la izquierda, la carretera que va a Buendía. Dos kilómetros después la dejaremos para seguir por una pista forestal que asciende entre los sembrados y algunas viñas. Esta es la antigua carretera de La Isabela. Ahora está en mal estado pero, con cuidado, se puede circular por ella. Junto a un pinar, un pastor cuida de las ovejas y nos indica que enseguida llegaremos. Y así es. Tras subir una pequeña elevación vemos, en medio de una llanura, los restos de lo que fue la pedanía de La Isabela.

El paisaje, conforme nos vamos acercando es prácticamente, desértico. Circulamos por las tierras, hasta hace poco, inundadas por el embalse de Buendía. Aquí la tierra es blanca. A lo lejos, en las laderas cercanas, se ve la orilla y la raya marcada por el agua cuando el pantano ha estado lleno. Más arriba crecen los pinos. Por debajo, sólo tierra blanca. Al final, siguiendo la pista marcada por el paso reciente de otros vehículos, llegamos a lo que queda de La Isabela.

Las ruinas salen a flote cuando baja el nivel de las aguas del embalse. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

Lo que el agua destruyó

Los muros de las antiguas casas apenas si se levantan un par de metros. Son los restos de las edificaciones hundidas por el agua que las cubrió por primera vez en la primavera de 1955 y que, en los años posteriores, ha subido y bajado de nivel varias veces, destruyendo cada vez un poco más lo que se dejaron aquí sus antiguos habitantes. Las calles son rectas como recuerdo de un pueblo construido nuevo en las primeras décadas del siglo XIX.

A la derecha descubrimos la plaza del pueblo, con restos de un pilón y árboles que en su día dieron sombra a los vecinos. El paseo por este lugar fantasmal sugiere escenas cotidianas de la vida diaria en un pueblo como otro cualquiera. Hoy, las piedras aparecen cubiertas y agrietadas con restos de vegetación reseca ya, una vez que las aguas han descendido y se alejan hacia el fondo del valle.

La presa está varios kilómetros más abajo, al final de otro valle que forma el río Guadiela, el principal afluente en el curso alto del río Tajo. Con una capacidad de más de 1.500 hectómetros cúbicos, el embalse de Buendía es uno de los más grandes de España y, junto al cercano de Entrepeñas, en el río Tajo, forma el denominado “Mar de Castilla”. Mar en su día, en aquellos años cincuenta cuando se llenaron por primera vez.

El nombre de La Isabela es un homenaje a Isabel de Braganza, la mujer de Fernando VII. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

La construcción del Trasvase Tajo-Segura y su puesta en funcionamiento a finales de la década de los 70, y los periodos de sequía de estos últimos años han hecho que el nivel de las aguas baje muchos veranos hasta dejar al descubierto los pueblos inundados, como La Isabela o el cercano Santa María de Poyos.

La historia del balneario

Hay indicios de que los romanos y los árabes conocían las propiedades de estas aguas. A partir del siglo XVI se encuentran ya datos escritos de la existencia de este balneario. Con el tiempo se construyó en el lugar una casa de baños y algunos personajes de renombre pasaron por aquí para mejorar su salud. Entre otros, el Gran Capitán, Mariana de Austria, madre de Carlos II o el infante Antonio de Borbón, tío de Fernando VII. Hasta que el propio rey probó los baños y decidió crear La Isabela, llamado así en honor a su mujer Isabel de Braganza. El lugar fue más que un palacio y un balneario. Fue todo un pueblo con gran actividad cada verano y, con el tiempo, muchos enfermos se curaron en estas aguas.

El manantial del antiguo balneario todavía puede verse entre los restos de La Isabela. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

Durante la Guerra Civil, La Isabela se utilizó como residencia de evacuados e, incluso, hubo aquí un hospital psiquiátrico. Pero tras la guerra el balneario no se rehabilitó.

Como la historia es así de curiosa, este pueblo que había nacido hace poco más de cien años en torno a las propiedades de sus aguas, acabó sucumbiendo ante la gran inundación del pantano, 128 años después. Todo terminó el 10 de marzo de 1955.

Los vecinos de La Isabela dejaron definitivamente el pueblo ante la subida de las aguas del embalse de Buendía y se repartieron por Paredes de Melo, Sacedón y otros lugares de las provincias de Valladolid y Burgos. Cada 13 de junio vuelven a Sacedón a celebrar las fiestas de San Antonio, el patrón de La Isabela.

El 10 de marzo de 1955 se inundó el balneario bajo las aguas de Buendía. / Fernando Carreras (EcoExperience.es)

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