LA COLUMNA DE JUAN MIGUEL ALONSO

Las putas de González

" (...) Es una pena que la insigne RAE dedique hasta cinco acepciones a la entrada puta en su diccionario y apenas dos palabras al concepto hijo de puta: mala persona, dicen. Esa miseria descriptiva no alcanza a la sabiduría popular que afirma un día sí y otro también que nuestras instituciones están gobernadas por una legión de malas personas (...)"

En el catálogo de maravillas retóricas y virtudes morales en que se han convertido la Enciclopedia de la Corrupción en España acaba de ser presentado en sociedad el volumen vigésimo quinto que recoge las conversaciones entre Ignacio González , ex presidente de la Comunidad de Madrid , y Luis Vicente Moro, ex delegado del Gobierno en Ceuta. Este tomito incorpora interesantes reflexiones sobre el emprendimiento en el negocio de la prostitución , la saturación de la oferta en los ejes de comunicación tomando como punto cero Palencia y una breve digresión sobre el mercado puteril desde los tiempos de Augusto en el viejo reino. Ni que decir que ambos ponentes muestran un profundo conocimiento del ramo, y de las posibilidades que ofrece a cualquiera que disponga de los medios precisos y carezca de todo impedimento moral, como es el caso.

Hay que decir que es este un sector que trabajan con conocimiento y aprovechamiento otras figuran del latrocinio público. En bronce han quedado las palabras de los amigos del gran Granados pidiendo un “volquete de putas” para uso y disfrute de unos amigos picoletos que habían declarado “muy bien” en el juzgado . Que no nos falte de ná, que no, que no.

Y la secretaria de Correa , otro de los referentes mundiales en la materia, pedía con precisión notarial “chicas altas, rubias y que sean putas para relacionarse con gente muy importante”,en concreto, con “altos cargos”. Ole , ole y ole, esa precisión de la coordinada copulativa, porque se imaginan ustedes que le mandan chicas altas y rubias pero que no sean putas, o que no deseen relacionarse con gente importante, o que no les apetezca trabajar el ámbito de los altos cargos. En fin, que hubiera sido un desastre. Para las adjudicaciones lubricadas de su señor jefe, quiero decir.

Es una pena que la insigne RAE dedique hasta cinco acepciones a la entrada puta en su diccionario y apenas dos palabras al concepto hijo de puta: mala persona, diceb. Esa miseria descriptiva no alcanza a la sabiduría popular que afirma un día sí y otro también que nuestras instituciones están gobernadas por una legión de malas personas. Y eso sí que es una putada.

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