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A VIVIR CV

Canibaal, la editorial del colmillo

Esta editorial valenciana publica una revista de arte, literatura y filosofía basados en temas y protagonistas que no tienen cabida en los cauces comerciales de la cultura.

En octubre de 2017 se cumplieron 4 años del alumbramiento de Canibaal. Es curioso que todo empezara en un cabaret (Imprevisual) y a raíz de una muerte (la de mi tío Leopoldo). Desde el primer número, «Sexo y locura» (octubre de 2013), hemos abordado diferentes temáticas tratando de tomar el pulso a lo que podríamos denominar las «nuevas vanguardias», más allá que este término sea en ocasiones utilizado con intenciones peyorativas. El propio nombre de nuestra publicación está directamente inspirado en la revista dadaísta Cannibale (Francis Picabia, 1920). El hecho de que el dadaísmo naciera en el Cabaret Voltaire (Zúrich, 1916) y de que uno de los temas que abordamos en este número sea, precisamente, el cabaret no implica sino el cierre del círculo abierto hace más de 4 años. Pienso que en estos nueve números hemos conseguido cuadrar –a la manera de una obra duchampiana– la rueda.

Cabaret: local nocturno donde se bebe y baila, y en el que se ofrecen espectáculos de variedades. Esta definición de la RAE plasma, creo, el espíritu Canibaal, esa esencia que promueve la unión, el ensamblaje y la hibridación de diferentes disciplinas, técnicas y personas, y que fomenta la reunión en torno a un bar literario (el cabaret actual) para realizar reuniones, ciclos (como el que hemos llevado a cabo en los dos últimos años: Literatura & Alcohol) o despedidas. Despedida… término que insinúa el nexo con el otro motivo de este número: la muerte. En general, se llama muerte a todo fenómeno que implica un cese. Pero la muerte también puede vincularse a la espiritualidad, a las sepulturas o al renacimiento. La muerte ha sido tratada desde hace más de 60.000 años. En la primera narración escrita, La epopeya de Gilgamesh (2000 a.C.), el rey busca la inmortalidad: «¡Ojalá el que esté en verdad muerto vea aún el resplandor del sol!». Los románticos se inclinaron por la temática necrofílica. El lingüista estadounidense Russell P. Sebold cree que lo verdaderamente romántico no es el suicidio, sino la actitud del suicida. Por su parte, los realistas y naturalistas abrazaron una visión más lastimera del final de la vida. La guerra, el dolor y el horror son referentes inequívocos del siglo XX, íntimamente relacionados con la muerte. La muerte de Marat, de Jacques Louis David, Muerte y vida, de Klimt, El séptimo sello, de Ingmar Bergman, Balkan Baroque, performance sobre los horrores que se cometieron en la guerra de los Balcanes, de Marina Abramovich, o La cosecha de la muerte, colección de fotografías de Timothy O’Sullivan sobre los cadáveres de los soldados diseminados por el suelo tras la batalla de Gettysburg en 1863 durante la Guerra Civil Americana son una muestra de la necesidad metafísica de representarla artísticamente, aunque en ocasiones la muerte sea también un símbolo de nuevas oportunidades –la vida– o de otras dimensiones.

Como ocurre en los dobles leitmotiv de cada número, la elección casual de estas dos temáticas las convierte en necesariamente indisociables. Después de haber confeccionado este número 9, considero que es imposible hallar mejor acompañante para el cabaret que la muerte. De cualquier modo, creo que solo podremos considerar que este es un buen número si, al final de visitar a estas páginas, tú también tienes la misma percepción.

 Ximo Rochera

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