Ajuria Enea, 30 años del pacto político frente a ETA

El 12 de enero de 1988 PNV, PSE, AP, CDS, EE y EA firmaron un pacto "imposible" hoy en día

El 12 de enero de 1988 todos los partidos vascos con representación parlamentaria, a excepción de HB, firmaron el Acuerdo para la normalización y pacificación del País Vasco, más conocido como Pacto de Ajuria Enea, debido al lugar donde se escenificó, la residencia oficial de su impulsor, el lehendakari Ardanza. Treinta años después, algunos de sus firmantes han hecho memoria y balance del acuerdo en 'La Ventana Euskadi'.

El Pacto de Ajuria Enea fue el primer gran acuerdo político firmado en Euskadi en la etapa democrática. Además del lehendakari Ardanza, suscribieron el manifiesto de 17 puntos Alfredo Marco Tabar, por el CDS; Inaxio Oliveri, por EA; Txiki Benegas, del PSE; Kepa Aulestia, EE; Xabier Arzalluz, por el PNV; y Julen Guimón, de AP.

"Fue un hito importante", valora el lehendakari Ardanza. "No solo en lo que se refiere a ETA. No era un acuerdo antiterrorista. Desde el principio, fue concebido como un acuerdo en positivo" subraya, para afrontar los dos principales problemas que tenía Euskadi: la normalización en base al Estatuto, y la violencia, "que ya entonces empezábamos a llamar terrorismo".

"A grandes males, grandes remedios". El refrán español explica por qué entonces fue posible lo que algunos de sus firmantes hoy ven "imposible". "Fue irrepetible porque las circunstancias también lo eran", asegura Alfredo Marco Tabar, entonces en el CDS de Suárez. "Hace treinta años", recuerda en esa linea el lehendakari, "vivíamos una situación dramática: políticamente no nos entendíamos para nada, teníamos el doble de paro que ahora, los empresarios se marchaban por la presión sindical y de ETA...". Entonces, ETA atentó en Hipercor y Ardanza aprovechó el debate de política general de setiembre para ofrecer un pacto a todos los partidos del Parlamento Vasco, con una frase que marcaría el camino del mismo: "De ETA nos separan, no solo los medios, sino también los fines".

"yo no me atrevo, lehendakari"

El último día estuvo a punto de fracasar todo

"A las 3 de la mañana Oliveri dijo: lehendakari tengo que hacer una llamada. Volvió con la cara cambiada. Cogió papeles. Me han dicho que me levante de la mesa. Al día siguiente le llamé a las 11...tenía que convencerle, no solo a él, también a Guimón, de AP... Tenía la instrucción de que todo lo contrastara con Aizpun y llamara a las 3, porque sabia que está echando la siesta. El mismo día 12 Guimón dijo que no se atrevía. Mi partido me va a machacar. A Antonio Hernández Mancha, presidente de AP, le llamé, le expliqué. A tí te parece sensata lehendakari? bueno pues si a tí te parece, adelante, que lo firme".

HB, que participó en la primera ronda de contactos, se descolgó cuando el acuerdo iba tomando cuerpo,circunstancia que asombró a los propios protagonistas. "Fue muy sorprendente, pocos daban un duro por ese acuerdo" reconoce Kepa Aulestia entonces en EE, que treinta años después cree que a tal excepcionalidad le sacaron poco partido. "No lo activamos lo suficiente", se lamenta. Aulestia hace un balance "crítico" del Pacto porque "mencionaba solo muy de pasada a las víctimas" y porque "tuvimos una visión muy optimista: ETA tardó 25 años en dejarlo".

Para dar el impuso definitivo a un acuerdo que se resistía, los firmantes se encerraron durante "55 horas en cuatro días" en Ajuria Enea. "Fue una paliza", recuerda Ardanza, "pero todos teníamos la conciencia de que no podíamos salir de allí sin un acuerdo". Marco Tabar es más gráfico. "Fue un parto doloroso. Hubo muchas renuncias por parte de todos, pero había una gran voluntad de llegar a algo que pudiera servir para acabar, mitigar o solucionar" el problema del terrorismo.

El Pacto de Ajuria Enea duró diez años. En 1998, con el Pacto de Lizarra y el posterior alto el fuego de ETA, el lehendakari creyó que empezaba a verse luz al final del túnel. "Pero ETA perdió ese tren, como había perdido el de Argel y perdería luego con las treguas de 2004, 2006...", se lamenta Ardanza, para quien "ETA ha perdido todos los trenes que la Historia le ha ofrecido para tener un final razonable y sensato".

En la actualidad, ya sin ETA matando, "el contenido más delicado, el de la pacificación, ya no existe", dice Ardanza, que considera que "hoy ese aspecto habría que enfocarlo más que por la pacificación, por la reconociliación. Debería ser el Acuerdo por la normalización y reconciliación de Euskadi". Sin embargo, el lehendakari critica que el contenido de la parte de normalización no se haya cumplido treinta años después. "Hoy lo que está pendiente es el compromiso del pleno y leal desarrollo del Estatuto".

Marco Tabar no comparte esa opinión. "El pacto ha tenido varias interpretaciones, se ha desvirtuado en su intención, porque la única intención que tenía era conseguir la unidad de todas las fuerzas políticas para combatir la lacra del terrorismo".

Treinta años después esa es la razón por la que el pacto se ha hecho un hueco en la historia reciente de Euskadi. Como resume Kepa Aulestia, "fue, seguramente, el paso clave para que en Euskadi se empezara a dar una reacción por la que los vascos asumimos que eso del terrorismo era responsabilidad nuestra, que teníamos que ser nosotros los que atajásemos ese problema".

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