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Por fin, sin sufrir

El Sporting de Baraja sigue sin perder en El Molinón y ante el Alcorcón, en el regreso de Jony, convenció además de vencer

Ganar en casa, con cierta holgura, controlando el partido y sin acabar pidiendo la hora. Lo que sucedió ante el Alcorcón casi no se recordaba esta temporada en El Molinón. El Sporting ganó como ganan los equipos grandes: siendo sólido, sobrio, mandando y sin sufrir. Fue una tarde completa para los sportinguistas, que además pudieron disfrutar de nuevo de las galopadas del retornado Jony, que aunque se esfuerce en quitarse el cartel de salvador, sí ha contribuido a devolver la ilusión a los seguidores rojiblancos. Si además el equipo va sumando puntos, se hace fuerte en El Molinón (donde con Baraja lleva tres de tres), se muestra tan competitivo como este sábado y recorta diferencias con el playoff, poco más se puede pedir. El fútbol es un estado de ánimo y el del sportinguismo ha pasado de la depresión a la esperanza.

El Sporting salió, esta vez sí, arrebatador. Se hizo con la pelota y no había quien se la quitara. No veía delante al Alcorcón, que se sentía sobrepasado. El Sporting mandaba en el juego, no daba tregua en el centro del campo y entraba constantemente por las bandas, sobre todo la izquierda. La posesión rojiblanca superaba el 70%, las ocasiones se sucedían y hasta ocho saques de esquina botaron los rojiblancos en poco más de veinte minutos (diez en la primera parte), aunque poco productivo es el equipo gijonés en esta faceta. Al Sporting, que por una vez mandaba y controlaba como se espera de un gallito que juega en casa, solo se le podía reprochar la falta de puntería. No acertaron Carmona, Calavera, Álex Pérez y Carlos Castro. Y, como el fútbol tiene estas cosas, el día que los jugadores rojiblancos más merecían marcar, la lata la abrió un jugador del Alcorcón.

Se ve que Dorca consideraba (como todos) que el equipo local merecía un gol, por lo que a los veintitrés minutos remató inapelable de cabeza hacia su propia portería una falta brillantemente botada por Carmona. Fue tan sorprendente la acción que casi todo el mundo dio por hecho que el remate había sido obra de Michael Santos, hasta que se pudo comprobar en la repetición que el uruguayo saltó a bastante distancia del jugador alfarero y que fue un mero testigo del gol.

No generaba más temor el Alcorcón que el mero hecho de estar cerca en el marcador, por lo que vino de perlas el segundo gol rojiblanco, nada más empezar la segunda parte. Carlos Castro asistió a Carmona, que encontró un agujero negro en la defensa amarilla, con tiempo para meterse en el área visitante y, con un disparo fantástico, buscar la escuadra de la portería de Casto.

Aplausos para Jony

Con el partido decidido, la emoción se centró en el retorno del hijo pródigo. Rubén Baraja hizo debutar a Jony, que sustituyó a su amigo Carlos Castro (que por cierto se ha ganado el puesto a base de trabajo). El Molinón se rindió al cangués desde el principio y casi entra en éxtasis cuando el cangués recibió un pase precioso que le permitió correr y buscar, sin éxito por poco, la escuadra de la portería del Alcorcón.

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La guinda la puso Michael Santos, que sigue incrementando unas estadísticas goleadoras espectaculares. El uruguayo, todo raza, presionó al portero Casto haciéndole perder el balón fuera del área. Con toda la portería para él, Santos marcó su undécimo tanto del curso y puso justicia en un partido que merecía una goleada rojiblanca. No todos los partidos serán tan fáciles como el del Alcorcón, pero está muy bien que el equipo vaya encontrando el camino.

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