Bienvivir

Estresamos a nuestros hijos

Arrastramos a nuestros hijos en la prisa. Les transferimos un nerviosismo que ellos no saben identificar y que pueden somatizar en forma de pataleta o ira.

Las vueltas de los diferentes periodos vacacionales del año, nos estresan. No vivimos estos trances en un continuo. Para poder disfrutar de un descenso de actividades, deberíamos poder volver a la actividad de forma positiva.

Lo que suele ocurrir es que subimos el volumen y las revoluciones. Vemos el día lleno de actividades, de obligaciones y de deberías...Lo perjudicial de esta situación es vivirlo con prisa, con la sensación de no llegar a nada, de no tener tiempo.

Cuando estamos en esta vorágine, se la transmitimos a nuestros hijos. Los niños son los maestros en frenar, en vivir despacio, en detenerse a observar una mariposa mientras llegamos al colegio.

Arrastramos a nuestros hijos al colegio

Los primeros minutos del día, suelen estar llenos de prisa. Los niños experimentan una subida de excitación, de estrés, pero no saben verbalizarlo, no saben identificarlo. Este nerviosismo continuado puede llevarles a somatizar. Suelen desarrollar conductas relacionadas con las pataletas, ira, ansiedad, trastornos alimenticios...

La prisa nos lleva a perdernos muchos procesos, no nos permitimos estar en el presente, vivirlo, experimentarlo y transitarlo con calma.

Las situaciones de estrés forman parte de la vida, pero debemos aprender a regularlo emocionalmente. Debemos buscar el equilibrio familiar.

Antes de salir de casa para ir al colegio, debemos parar treinta segundos, mirar a nuestros hijos y desearnos un buen día. Esto puede cambiar la jornada.

La vuelta del colegio también es trascendente. La rutina laboral debe quedar en el trabajo y centrarnos en escuchar lo que los niños tienen que contar. Deben sentir que sus padres tienen un tiempo para ellos.

Belén Colomina, psicóloga. Mindfullnes para familias.

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