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Cuarenta años sin mirar al reloj

La tribuna de opinión de SER Cofrade se abre esta semana a Jesús Pulido, quien reflexiona sobre la urgencia de remodelar los horarios de nuestras cofradías, pensando en quienes de verdad importan: los hermanos nazarenos

Nazarenos de la hermandad de La Concepción antes de iniciar su estación de penitencia /

Este domingo, en el Isidoro Máiquez de la Fundación Caja Granada, se celebró un extraordinario concierto con las bandas que el pasado Jueves Santo acompañaban los pasos de palio albaicineros de la citada jornada. Sin lugar a dudas un éxito de gala y un triunfo aún mayor de la música procesional granadina y sus formaciones, que servía de génesis a las conmemoraciones por los 40 años de vida de hermandad de La Concepción.

Hermandad que hace ahora cuatro décadas generó un revulsivo en la Semana Santa granadina por aquello del “boom costalero” que ayudó a revitalizar nuestras cofradías, aunque algunas aún no parezcan o no quieran enterarse de qué va… Y esos cuarenta años han sido los que hemos tardado en mirar el reloj. Sí, hemos tardado cuarenta años en despejar de nuestras muñecas el puño de la camisa para mirar el avance de las manillas y caer en el desgaste de los pies de nuestros hermanos de fila.

Y ha sido precisamente la hermandad de La Concepción la que, hace ahora cuatro cuaresmas, abrió la caja de Pandora, afrontando un cambio de horario, en beneficio de sus hermanos de fila, sus nazarenos y mantillas. Y ello, por venir sufriendo históricamente las consecuencias del discurrir de sus hermandades vecinas y compañeras de día, quienes discurren prácticamente por las mismas calles. Esto hacía que se produjeran parones para esperar el paso de los otros cortejos y que también se acumulara retraso, lo que hacía que el regreso se prolongara hasta altas horas de la madrugada desde que salía sobre las ocho de la tarde.

Ante el rotundo éxito de esta nueva revolución aportada por la hermandad de La Concha, las predicaciones en el desierto sobre mirar el reloj, que antaño hacían unos pocos y caían en saco roto, se han vuelto el caballo de batalla en las reuniones horarias de nuestras hermandades. Ahora, eso sí, alentadas muy acertadamente por la nueva figura de los delegados de día. ¡Por fin llega la apuesta al verdadero caballo ganador!

Este año se han sumado dos hermandades a las pocas que se manifestaban a este respecto. Y han mostrado su inquietud por tomar esta misma medida, adelantando el discurrir de sus cortejos por las calles y sus regresos, máxime hablando de jornadas laborables.

A este hallazgo de las ventajas horarias, hemos de sumar la lenta reconversión que se va dando para poner en orden la pirámide jerárquica de la estación de penitencia, ocupando cada vez más los diputados mayores de gobierno sus responsabilidades, y siendo los golpes de sus palermos, y no los del llamador, los encargados de marcar el compás del tiempo de la marcha de las cofradías.

Ahora bien, no hemos de olvidar que en esta labor fanganosa, que es el encaje de bolillos horario de nuestras cofradías en el que todas las hermandades tienen sus preferencias, debe primar siempre, y por encima de todo la solidaridad entre hermandades; y el sentido común debe ser el minutero que acompañe el movimiento de las decisiones, ya que, no hemos de olvidar que el éxito global de nuestra Semana Santa depende del éxito de cada una de nuestras hermandades.

Por eso, no nos cerremos en posturas históricas que no superan más allá de los 25, 30 o 35 años de vida. Seamos capaces de pensar en el hermano que desde la fila va haciendo poco a poco grandes nuestros paupérrimos cortejos, y sepamos ser una hermandad desde la primera cruz de guía que inicie la jornada al último paso que la cierre.

Como decía al principio, la hermandad de La Concepción que en sus días generó el “boom costalero” ha generado ahora el “boom horario”, sepamos aceptar las circunstancias siendo consecuente, y no esperemos otros 40 años para darnos cuenta de la necesidad real de tomar medidas en lo que a tiempo se refiere en nuestros cortejos.

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