La tecnología no deja espacio

Cuando mi nieto levanta los ojos de la tableta es como si aterrizara de los infiernos. Tienen que pasar horas para que visualice a su madre, a su padre, a la casa y al día y alas cosas. Horas para sentir, para tomar conciencia de sí mismo y de lo que le rodea, de lo real y sus posibilidades.

Aunque en otra familia y en distinto país y en otro ambiente eso mismo le ocurre a mi nieta. Cuando abren los ojos al mundo regresan enojados, cansados hasta la médula y muy poco a poco vuelven a ser humanos, a ser niños con imaginación, y con curiosidad y con piernas.

Ayer me enteré de que se incrementará en la educación el uso de la informática, debe de ser bueno si asesores y especialistas lo aconsejan. Lo que sucede es que, por no se sabe qué causa, las maquinas no dejan tiempo ni espacio para hacer otras cosas. Para la naturaleza, la observación, el juego, la empatía.

No puedo imaginar cómo será el mundo en 30 años, cuando las máquinas sean los primeros interlocutores, cuando mujeres y hombres olviden, cuando dejen de hacer cada día el esfuerzo, el viaje del averno a lo humano.

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