¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Qué duda cabe

El síndrome de París

Ayer escuché por primera vez hablar del síndrome de París, un mal que afecta a una media de doce japoneses al año y consiste en que estos japoneses visitan París con unas expectativas altísimas y se llevan una decepción enorme al ver que la ciudad no es lo que esperaban. En ese momento pueden llegar a sufrir una crisis nerviosa.

Los psiquiatras lo definen como "shock cultural" y aunque suene a cuento oriental, la embajada japonesa tiene una linea disponible 24h para los afectados.

Este mundo loco nunca dejará de sorprendernos, ¿Verdad? Pero no por sorprendente, deja de ser cierto eso de que cuando nos generamos unas altas expectativas con algo, solemos decepcionarnos. No hasta el límite de la crisis nerviosa, pero si que a lo largo del día nos llevamos muchos chascos cotidianos.

Por ejemplo, con el cine. Flipamos con los trailers de las películas y luego suelen ser mucho peores las pelis que los trailers. Y ya ni les cuento si todos nuestros amigos nos recomiendan ver una película. "Víctor, tienes que ver esta peli, te va a gustar!" Y miren, no se si es porque soy un espíritu de contradicción, pero peli que me recomiendan, peli que considero un truñaco.

También nos decepcionamos con los menús cuando comemos fuera de casa. Es que nos fijamos en las fotos que aparecen en los carteles y las cartas, esas hamburguesas gigantes y jugosas, esos platos a rebosar de patatas, carne, esas ensaladas rebosantes de colorido...y luego te sirven todo eso, pero sin photoshop, y claro, la decepción es patente.

Más decepciones cotidianas, cuando salimos de marcha con ganas de no volver hasta el amanecer. De repente, un día te sientes joven y le dices a tus colegas: "Ey, esta noche vamos a quemar la ciudad y cerrar todos los garitos!" y tus colegas se emocionan y gritan: "Sí! quememos la ciudad. No volvamos hasta el alba!" y efectivamente amigos, a la una de la madrugada estamos cada uno en su casa pensando que ya no somos lo que éramos y que al día siguiente hay mucho que hacer en casa.

Si es que no aprendemos, pero estarán conmigo en que los mejores momentos de la vida son los improvisados, en los que no hay forma de generarse expectativas. Cuando vas al cine a ver una película de la que no has oído hablar, cuando descubres un restaurante con comida de verdad o incluso esas noches que quedas para tomarte un café y te lían hasta el amanecer arreglando el mundo con amigos.

Lo mismo le ocurre a esta sección. Ustedes escuchenla siempre, pero que parezca que lo hacen de forma espontánea. Espero no defraudarles y que nunca sufran el Síndrome de París. Arigató, qué duda cabe.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?