Encuentran vínculos de la Semana Santa granadina con la de Roma

Documentos de 1591 y 1594, hallados por Alessandro Serra y Francisco Javier Crespo, desvelan que hubo cofradías granadinas vinculadas con la Semana Santa de Roma. Un hecho no sólo tuvo implicaciones espirituales sino también económicas y jurídicas

Extracto de la agregación de la Cofradía de Ntra. Sra. de la Soledad y Entierro, de Cristo, de Granada, a la Archicofradía de la Oración y Muerte, de Roma /

La historia de la Semana Santa de Granada traspasa fronteras. Los estudios que se continúan realizando sobre esta materia arrojan nuevas informaciones que están permitiendo reconstruir el pasado y el legado histórico que han ido dejando nuestras cofradías a través de los siglos, y ya no sólo en Granada sino por el resto de España e incluso países como Italia.

La hermandad de La Soledad se encuentra inmersa en la recuperación de la memoria histórica de la cofradía, indagando la importancia que tuvo esta corporación nazarena desde el siglo XVI. En este trabajo de investigación, coordinado desde España por el profesor y archivero Francisco Javier Crespo, se han hallado importantes documentos en instituciones españolas como italianas. Tal es el caso de documentos descubiertos en el Archivo General de Palacio, sobre cuestiones del siglo XIX, o los descubiertos el Archivo del Vicariato de Roma, que se remontan a finales del siglo XVI.

En declaraciones a SER Cofrade, Francisco Javier Crespo ha explicado que los últimos hallazgos que ha arrojado la investigación se deben al profesor Alessandro Serra, vinculado con diversas universidades italianas. En este trabajo se arroja la relación que la que la hermandad de La Soledad tuvo con la Archicofradía de Santa María de la Oración y Muerte de Roma, a la que se agregó la cofradía granadina para contar no sólo con su auspicio jurídico sino también espiritual, siendo beneficiarios de las gracias papales que tenía concedidas la archicofradía italiana.

La investigación llevada a cabo en el Vicariato de Roma ha permitido conocer cómo se gestionó esta vinculación con esta corporación de la Ciudad Eterna, realizada a través de Bartolomé de Quesada, acólito del papa y agente de Mateo Vázquez de Leca, secretario de Felipe II. La hermandad de La Soledad en agosto de 1591, a través del hermano mayor, prioste y mayordomos, concedió poderes a Quesada para que fuera él desde Roma quien gestionase la agregación de la hermandad a la archicofradía de la Oración y Muerte. Con esta medida se pretendía, tal y como sostienen los investigadores, tener derecho a las indulgencias y otras prerrogativas que tuviera la corporación italiana sino, además, quedar sujetos a la jurisdicción del obispo de Roma – el papa – en vez a la del prelado granadino, por aquel entonces Pedro de Castro. Una argucia, por tanto, que pretendía evitar las restricciones y supresiones que estaba haciendo el arzobispo Castro de buena parte de las cofradías de la ciudad.

El archivero y documentalista Francisco Javier Crespo, quien es responsable de reprografía en el Archivo General de Simancas, ha hablado a SER Cofrade de otro documento hallado en Roma, esta vez en la iglesia de Santiago de los Españoles. Unas referencias que dan a conocer cómo desde 1594 los hermanos de La Soledad adquirían también un vínculo espiritual y jurídico con la Archicofradía de la Resurrección. Algunas de las aportaciones de esta investigación ha sido publicadas en la revista Chronica Nova de la Universidad de Granada, donde se habla de cómo el 30 de mayo de 1773 se hace referencia ante el procurador general de la Orden del Carmelo de cómo la hermandad de La Soledad era “hija (…) de la Archicofradía de la Gloriosa Resurrección de este hospital de Santiago de los Españoles, por bula de agregación despachada en esta santa ciudad [Roma], a veinte de septiembre de mil quinientos y noventa y quatro” (SIC).

Los trabajados publicados, además, aseguran que este vínculo pudo estar latente al menos hasta el siglo XVIII, cuando la archicofradía romana empezó a languidecer hasta el punto de ser suprimida en 1754, debido a la crisis diplomática entre la corte de Felipe V y la Santa Sede.

El alcance que estuvo esta vinculación aún está por descubrir ya que, como apunta Crespo, las obras de la iglesia de Santiago de los Españoles impiden acceder al archivo y consultar toda la documentación existente. No obstante, este tipo de filiaciones, muy comunes en la Moderna, solían consistir en una contraprestación mutua: la hermandad filial accedía a los beneficios espirituales e indulgencias, así como la protección jurídica que anhelaban, y a cambio la archicofradía recibía pagos y donaciones periódicas para costear los gastos de los cultos o de algunas obras concretas.

Gracias a este trabajo, hoy conocemos un poco más no sólo la historia de esta cofradía sino también algo más de nuestra Semana Santa. Poco a poco, ese gran libro de la Historia empieza a reescribirse para bien de la memoria colectiva.

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