Dos años y pico de turborotondas

La mayoría de los automovilistas las aprueban si bien reconocen que hasta que uno las conoce son un lío

Han pasado ya más de dos años desde que el concello pintase la primera turborotonda de Vigo. Fue en Gran Vía. Un experimento, entre comillas, que funcionó muy bien por lo que en este tiempo se han extendido por buena parte de la ciudad. A día de hoy ya hay siete y en cuanto la lluvia lo permita habrá una octava.  Una iniciativa para agilizar el tráfico que surgió en los países bajos en los años 90 y que aquí a España llegó en 2009 a Gijón y Santander. Nuestra ciudad copió un modelo que los datos de tráfico revelan que es un éxito, mejorando la circulación y rebajando la siniestralidad allí donde están hasta un 55% de media, aunque en algunas es mucho más. Sin embargo no todos son parabienes. También hay peros. El mayor el lío que se produce los primeros días hasta que la gente se acostumbra, o los conductores foráneos que confusos ante tantas rayas, saben cómo entrar en ellas. Sea como fuere las turborotondas han llegado para quedarse. La próxima en la intersección entre García Barbón y Rosalía de Castro

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