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Cuándo Cuenca pedía el tren a Valencia y cómo se unió a Madrid para conseguirlo

Hace 95 años, Cuenca se sumó a Madrid y a Valencia para pedir al Gobierno la conexión directa por tren entre las tres ciudades y completar así el trazado que ya existía desde Aranjuez

Tren en 1910 a su paso por el puente de hierro sobre el río Júcar a su llegada a la ciudad de Cuenca, aún en uso. /

En las efemérides conquenses figura la fecha del 25 de febrero de 1923, es decir, hace 95 años, en la que el histórico Teatro Español de Madrid fue escenario de lo que se denominó como “magna” asamblea por el ferrocarril directo Madrid-Cuenca-Valencia. Allí se dieron cita las principales autoridades y representaciones de las tres provincias, para pedirle al Gobierno que acelerase la puesta en marcha del servicio ferroviario entre Madrid y Valencia pasando por Cuenca. Lo hemos contado con José Vicente Ávila en el espacio Páginas de me desván del programa Hoy por Hoy Cuenca.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Hay que pone en valor cómo aquella Cuenca luchadora del primer cuarto del siglo XX, aunando esfuerzos políticos, fue capaz de alzar su voz en un lugar tan importante como el histórico Teatro Español, junto a Madrid y Valencia, en pro del ferrocarril directo, aquel domingo 25 de febrero de 1923, tras una previa asamblea en la Diputación de Cuenca.

Ese acto multitudinario se celebró en el Palacio Provincial el jueves 22 de febrero de 1923. Ese día, a las cinco y media de la tarde, y como resaltaba la prensa conquense en general, “se congregó el pueblo de Cuenca en el Palacio Provincial para darle cuenta de la invitación que habían hecho los ayuntamientos de Madrid y Valencia para asistir con las representaciones de las fuerzas vivas de la capital a la asamblea del 25 de febrero en la capital de España, con el fin de pedir a los poderes públicos la concesión del ferrocarril directo Madrid-Valencia”.

Palacio Provincial de Cuenca en la primera mitad del siglo XX. / Archivo de José Vicente Ávila

La ciudadanía estaba muy sensible con el tema del ferrocarril y además muchos vecinos no conocían el Palacio Provincial, que se terminaría tres años después en su aspecto ornamental interior. Por tanto, era una novedad la visita y se llenó tanto el salón como el exterior de la Diputación con su quiosco de música, incluidos los jardines de la Glorieta.

La mesa presidencial la ocuparon el obispo de la diócesis, Cruz Laplana, que fue designado como presidente de la Comisión; el alcalde de Cuenca, Pedro Montero y el presidente de la Diputación, Juan del Olmo, que como estaba en su sede, dijo estas palabras tan directas: “Es éste un asunto de vida o muerte para nuestra capital, constantemente postergada, y necesitamos tomar parte en este acto, en el que hemos de exigir, con vuestro apoyo, que se convierta en una realidad tangible lo que siempre constituyó la suprema aspiración del pueblo conquense”.

En nombre de la Comisión, “solicita de todos los hijos de Cuenca que su adhesión la exterioricen el día que marche la comisión a Madrid, demostrando así que se halla en absoluto identificado en una cuestión de tan vital interés y dando a la vez una muestra viril de que está dispuesto a no consentir que se malogren sus legítimas aspiraciones”.

Estación del ferrocarril de Cuenca en las primeras décadas del siglo XX. / Archivo José Vicente Ávila.

La comisión

El grupo de seleccionados para asistir a Madrid estaba formado por el estrato social de Cuenca y entre los componentes figuraban, como era lógico, el alcalde y presidente de la Diputación, el obispo como presidente de la Comisión y representantes de la sociedad Obrera La Fraternal, Cámara de Comercio, Comunidad de Labradores, Cámara Maderera, Círculo de La Constancia y representantes de los medios informativos, así como el senador Arturo Ballesteros, con su yerno Ramón Portela, que era concejal. Vamos, que la embajada conquense era casi de cuarenta personas.

Como se había acordado en la sesión de la Diputación, el sábado 24 de febrero hubo cierre general del comercio y de otras actividades, de una a tres de la tarde, con el fin de que la mayoría de conquenses acudiesen a la estación a despedir a la Comisión que viajaría en el tren correo hasta Madrid, con una duración del viaje de cinco horas… si no había retrasos. “Va hasta el obispo”, decían las gentes agolpadas en el andén de la estación que saludaban a modo de despedida a los comisionados.

Asamblea en Madrid

La insólita, como extraordinaria asamblea de representantes de las tres provincias, Madrid, Cuenca y Valencia, se celebró en esa fecha del 25 de febrero de 1923, en el hermoso edificio del Teatro Español de la capital de España, en la calle Príncipe de Vergara, que entonces albergaba a unos 1.200 espectadores.

En la foto de arriba, asamblea de representantes de Madrid, Cuenca y Valencia en el Teatro Español. / Abc

Se trataba de pedir al Gobierno el ferrocarril directo Madrid-Cuenca-Valencia, para lo cual era necesario construir el tramo Utiel-Cuenca, que era el que impedía que los viajeros de Madrid a Valencia, o viceversa, se desplazasen por el camino o la vía más corta, que era la de Cuenca. Reflejaba la prensa conquense que dos horas antes de comenzar el acto, previsto para las doce, “la hermosa sala del clásico coliseo ya estaba abarrotada, con lo que mucha gente quedó en los pasillos y antesala y en la puerta de la calle”.

En los palcos del teatro se colocaron franjas en los que se leían los nombres de los pueblos del trayecto de la línea del ferrocarril, además de flores traídas desde Valencia, y el acto duró más de tres horas por la cantidad de discursos, discurriendo con gran entusiasmo y constantes ovaciones. Intervinieron nada menos que 18 oradores e incluso hubo un espontáneo que quiso dar su opinión. La conclusión más llamativa la puso el señor Sacristán, secretario del Círculo Mercantil, organizador del acto: “Los Gobiernos están obligados a construir el ferrocarril y a no hablar de capitales extranjeros, cuando han dejado emigrar los capitales españoles. Si en los dos meses que se concede al Gobierno, éste no ha resuelto favorablemente el asunto, habrá que hacer una revolución a la moderna: no dando dinero los contribuyentes al Estado”.

Conclusiones

Las conclusiones, resumidas, fueron seis:

Primera: que no puede aplazarse por más tiempo, después de los años transcurridos, la construcción del ferrocarril directo.

Segunda: Adjudicación de las obras a la empresa que ofrezca mayores garantías.

Tercera: Que se incluya en los presupuestos, como para otros gastos no remuneratorios.

Cuarta: El Estado no debe tolerar, y la Asamblea estará pendiente de ello, que haya intereses creados que estorben esta obra.

Quinta: La Mesa de la Asamblea se constituye en Comité gestor para visitar a todas las autoridades y al Rey para la construcción del ferrocarril.

Sexta: La Mesa y los oradores persistirán en sus gestiones, y si en el plazo de dos meses no hay noticias se convocaría otra Asamblea en Valencia.

Tanto en La Voz de Cuenca como en El Día se hacían amplio eco, sobre todo de los discursos de algunos intervinientes, como el presidente de la Diputación de Valencia, Jiménez Brentosa, que dijo entre otras cosas: “Cuenca, dentro de veinte años, si conseguimos nuestro deseo, sería un emporio de riqueza”. En verdad no pasaron veinte años (con la dictadura de Primo de Rivera y la guerra civil por medio), sino veinticuatro, hasta que en noviembre de 1947 se inauguró el tramo Cuenca-Utiel para completar la línea directa entre Madrid y Valencia por Cuenca.

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