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La primera exposición de arte femenino en Cuenca y un viaje en catalán

Fue en 1954 cuando se organizó la primera muestra colectiva de pintura de la ciudad con cuadros realizados por mujeres. Además, sacamos a la luz un artículo de Lluisa Serra sobre la ciudad de Cuenca escrito en catalán en 1935

Cuadro de Leonor Culebras /

Ante la celebración del Día de la Mujer, y como homenaje a la tantas veces poco reconocida labor, en todas las artes y órdenes de la vida, del género femenino, esta semana en Páginas de mi desván, en Hoy por Hoy Cuenca, José Vicente Ávila nos recuerda la primera exposición colectiva femenina de arte celebrada en Cuenca en 1954 y saca a la luz la descripción que hizo de Cuenca y de la Ciudad Encantada la escritora catalana Lluisa Serra, en un sugerente artículo publicado en catalán en el otoño de 1935, en una revista mensual que se editaba en Barcelona.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

Las valientes artistas que unieron sus obras en esta exposición colectiva, la mayoría de ellas conquenses, fueron la famosa María Ríus, pintora catalana con orígenes de Tarancón; Elena Lumbreras, que hizo mucho por la cultura junto a su hermana Elisa; María Teresa de la Muela, Leonor Culebras (sobrina de Fausto Culebras, y pintora reconocida de gran trayectoria, que nos dejó hace un año), Elena Hornos, Julita Griñán, Teresa Valdivieso y Victoria de Luz. Todas destacarían por su buen hacer artístico. Aquella exposición de hace 64 años fue un soplo de aire fresco y sobre todo de libertad artística por parte de la mujer conquense, representada en aquellas nueve pintoras.

La crítica en la prensa

No deja de ser curiosa, en alguno de sus párrafos, vista desde la actual perspectiva, la reseña de la exposición, que firmaba M. B. C., pues da la impresión de que lo que hacía la mujer entonces era arte menor. Escribía el cronista de las siglas, entre otras lindezas: "Hemos visto la Exposición. Unas cosas nos han gustado más que otras. Algunas, menos. Pero tampoco hemos de ser ni exigentes ni rigurosos. No podemos dejar de tener en cuenta que se trata en su mayor parte de firmas noveles. Y ya es mucho que en Cuenca exista el necesario y preciso ambiente de comprensión para esta pléyade de artistas del pincel, que permita acoger con agrado estas manifestaciones e inquietudes artísticas, aun cuando en determinados casos no pasen de balbuceos, pero que tienen el encanto de todo lo que nace en la vida". Y abundaba el citado MBC, que “el lunes 26 de julio a las ocho de la tarde, quedó inaugurada la Exposición de Arte que manos femeninas han montado e instalado en la que puede denominarse con carácter bautismal Sala de los Evangelistas de la Posada de San José. En el acto inaugural pronunció un breve discurso el director del Instituto de Enseñanza Media Alfonso VIII, don Joaquín Rojas, ante un selecto, ya que no numeroso público".

Y no sólo se hizo esa exposición de pintoras, sino que el día 30 de julio se celebró un recital poético de voces femeninas en la terraza de la Posada, en el que intervinieron la entonces famosa poeta Pilar Álvarez, Carmen Payá y Acacia Uceta. Destaca la reseña periodística que concurrió numeroso público, sobre todo mujeres, y que las tres poetas deleitaron a la concurrencia con sus sentidos poemas, finalizando la velada con la intervención de un coro que entonó canciones tradicionales de Cuenca.

Segunda edición

Dado el éxito de la primera muestra, en agosto de 1955 se anunció la II Exposición, siendo inaugurada el domingo 14 de agosto, y organizada de nuevo por la Posada y su impulsor, Fidel García-Berlanga. Esta vez se colgaron 33 obras de las siguientes pintoras, que repitieron, en el caso de María Victoria de Luz, María Teresa de la Muela, Leonor Culebras, Teresina Valdivielso y Elena Lumbreras, a las que se unieron Encarnación Muro y María Luisa Sánchez Vallejo. Señalaba Ofensiva que la exposición había sido todo un éxito. Y ahí quedó, porque ya no hubo una tercera edición.

Leonor Culebras

Leonor Culebras vivió por y para la pintura. Además de su labor docente se mostró como una pintora que marcó el “estilo culebriano” como lo definió el crítico literario Martínez Ruiz, abundando también en la pintura y escultura de Fausto Culebras, que era primo hermano de su padre. En 2007, Leonor presentó una Exposición retrospectiva con el genérico título “Marcando silencios”. “Me comentaba Leonor”, recuerda José Vicente Ávila, “que esa exposición era como una retrospectiva para que viesen que, al caminar de los años, las décadas que he pasado han sido todo influencias de Cuenca; en cada cuadro, sobre todo en las aguatintas, reflejo el paisaje conquense auténtico. Yo pintaba a Cuenca de memoria de tanto conocerla. Ha sido pasión por Cuenca”, recordaba y remachaba: “Aquí me he presentado con toda mi obra desde el año 1954. Todo ha sido por pura vocación, porque para mí Cuenca es inolvidable en todos los sentidos”.

Cartelista

Cartel de Semana Santa de Leonor Culebras. / Archivo

Leonor Culebras fue cartelista, por méritos propios, en la Semana Santa de los años de 1964 y el de 1968, que ahora cumple cincuenta años.

En aquella muestra retrospectiva expuso ambos carteles, y comentaba que participar en aquellos concursos “fue algo verdaderamente apasionante. El cartel me ha encantado siempre y sobre todo el moderno. Viene gente a la exposición y se queda sorprendida de que sean carteles de los años 60, pues me dicen que parece que son de ahora”, comentaba con cierta satisfacción, pues tampoco podemos olvidar que hizo carteles de las fiestas de San Julián y portadas de algunos libros conquenses.

Elena Lumbreras

Elena, que en su faceta artística figuraba como Helena, con hache, estamos ante una mujer luchadora ejemplar, nacida en Cuenca el 15 de octubre de 1935, hija de Basilio y Elena. Cuando expuso en la Posada tenía 18 años, y tras estudiar Magisterio en Cuenca y ejercer como maestra rural, hizo Bellas Artes en Valencia. Además de la pintura y la literatura, Helena se decantó por el cine, que era su gran pasión, estudiando en la Escuela de Cinematografía y viajando a Italia con una beca, conociendo entonces la gestación de la lucha obrera y significándose como una destacada militante del cine antifranquista.

Cuenca en catalán

Recatamos también un artículo sobre Cuenca escrito por Lluisa Serra en 1935 y publicado en catalán. Se trata de “Cuenca i la Ciudad Encantada”, publicado en catalán en la revista Claror (Claridad, en castellano), del mes de octubre de 1935, con el antetítulo de “Terres enlla”, que significa “Tierras allá”.

Revista 'Claror'. / todocoleccion.net

A continuación, hacemos un extracto sin perder la esencia del artículo:

Cuenca es una de esas pequeñas capitales de provincia españolas, inmerecidamente abatidas por la adversidad y del todo obscurecidas y olvidadas a causa de una injusta incomunicación. Muchos habitantes de nuestra península tienen de esta ilustre ciudad una idea bastante remota, y a buen seguro, que algunos solamente conocerán Cuenca por los recientes sellos de peseta.

Sello de Correos. / todocoleccion.net

Hoy día que el turismo parece haber tomado pie en nuestra casa y se ha decidido a iniciar un movimiento un poco más serio en favor de las innegables bellezas turísticas de nuestro pequeño mundo peninsular, vale la pena de arrancar del olvido y volver a la vida a estas ciudades provincianas, dormidas, siglos ha, en su trágica soledad sobre el solo recuerdo de un pasado más brillante.

El ferrocarril, hasta hoy, no ha hecho todavía mucho por facilitar al turista el acceso a Cuenca, pero el resurgimiento de la carretera, como vía de comunicación, permite atravesar, bastante cómodamente, las áridas tierras de la alta Castilla para llegar a la típica región kárstica de Cuenca que, con su variado y salvaje aspecto, resarce de la triste monotonía del paisaje sin matices de la Meseta central.

No existe espectáculo tan magnífico como arribar a Cuenca a la puesta de sol. Completamente empotrada sobre un macizo de roca impresionante, vemos tomar forma, poco a poco, a toda una pequeña ciudad y sólo a medida que nos aproximamos, es posible distinguir la piedra levantada por la mano del hombre, de la mole de piedra firme y perenne modelada por la naturaleza.

Bravamente colgada encima de la peña, como un nido de águilas prontas a volar, Cuenca es todavía más inaccesible por los dos salvajes despeñaderos que la tienen aprisionada por un lado y por otro.

Las famosas “Hoz del Júcar” y “Hoz del Huécar” son las que la aíslan y elevan más todavía, acabando por hacer dudar, al maravillado visitante, sobre la naturaleza terrestre de esta incomparable ciudad.

Una sola calle permite el tránsito rodado para comunicar la parte más nueva y más plana de la ciudad con la parte vieja, cuya calle termina en la Plaza Mayor, donde la Catedral corona el verdadero casco antiguo. Aunque el arte de Cuenca radica en su naturaleza, en su situación y en sus magníficos panoramas, no es nada despreciable una visita detenida a la catedral y una vueltecita por los estrechos y tortuosos callejones que guardan unos rinconcitos llenos de paz ideal.

Será del todo aprovechada la visita, si se tiene la suerte de disponer de la compañía del insustituible cicerone don Juan Giménez de Aguilar, erudito cronista de Cuenca y director del Instituto. Este hombre amable, inteligente, de carácter suave y blando, se encuentra del todo compenetrado con su suelo natal y parece totalmente un trocito de aquella bienaventurada tierra que se hubiera desprendido para cantar dulcemente sus excelencias y lamentos, con el mismo tono, que las incalificables barbaridades que, en el terreno artístico, se han cometido y continúan cometiéndose en esta bendita región.

Un detallado opúsculo sobre la Catedral, “ejemplar único en España de la escuela ojival anglonormanda”, también otros pequeños e interesantes trabajos geológicos e históricos, publicados sobre la provincia, son un bello testimonio del amor y abnegada devoción con que este excelente patriota ha tratado su tierra nativa.

No lejos de Cuenca se encuentra la famosa Ciudad Encantada, verdadera maravilla geológica. Hace poco tiempo resultaba casi una proeza el acceso a ella; hoy una buena carretera conduce hasta allí, cómodamente, desde Cuenca, cubriendo un recorrido de unos treinta y seis kilómetros. Durante el camino vemos continuamente unas formaciones pétreas extrañas, pero el fenómeno salvaje toma proporciones de magnitud extraordinaria cuando se llega al paraje de la “Ciudad Encantada”…

…¿Quién será el creador de este fenómeno tan sublime? Es el agua que, como escultor pacientísimo, ha ido modelando, durante centenares de siglos, estos gigantes bloques calcáreos según su artístico capricho. Sin hacer trabajar demasiado la imaginación, vemos claramente gran diversidad de figuras, entre las cuales predominan unos hongos gigantes y unos grandes barcos con las quillas simétricamente alineadas.

Vemos también un yunque, un martillo, un elefante, desmesuradas figuras humanas, pórticos de catedral, columnas, puentes atrevidos, una calabaza con dos centinelas de guardia; amplias calles y plazas espaciosas dan todavía más la sensación de que uno se encuentra entre los vestigios de una ciudad ciclópea desaparecida.

Cantidad de pinos decorativos, que crecen al azar en medio de este caos de piedras, aumentan la belleza impresionante de este soberbio lugar, que se extiende en un paraje vastísimo, imposible de ser recorrido todo en un solo día…

Hace ya muchos años que fueron abiertas al turista las Adelsberger Grotiene (las grutas) de Austria de formación semejante, pero subterránea; también en otros países donde se han valuado, enseguida, merecidamente. ¿Cuándo aprenderemos nosotros a explotar, con éxito positivo y de una manera inteligente, las innumerables bellezas naturales de nuestra península ibérica?

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