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Esther Ferrer, "entrelazada" en el Guggenheim

El museo acoge del 16 de marzo al 10 de junio obras inéditas de la artista gipuzkoana pionera de la performance

El Museo Guggenheim Bilbao acoge del 16 de marzo al 10 de junio 'Esther Ferrer: espacios entrelazados', una exposición compuesta por nueve instalaciones inéditas de una de las pioneras de la performance en España.

Se trata, según Juan Ignacio Vidarte, director de la pinacoteca, "de una asignatura pendiente" que llega de una manera "especial" y "específica con obras realizadas para el museo". Además aterriza en un momento idóneo, pues Vidarte asegura que supone el arranque de "una buena secuencia de presencia femenina" formada también por Joana Vasconcelos y Diana Thater. Un hito que otorga cierta esperanza de que, la presencia femenina en el arte y, más aún de mujeres artistas, puede aumentar del 5% registrado en la actualidad. De hecho, Vidarte afirma que en la colección del Guggenheim Bilbao "la presencia no está en la cota que tendría que estar, pero, por ejemplo, en la colección supone un 20% y está creciendo".

Así pues, en este contexto, Esther Ferrer, una feminista convencida, se "entrelaza" en el Guggenheim con una propuesta en la que, ante todo, se valora la libertad del espectador. "Yo no explico nada", asegura Ferrer, "parto de la base de que el espectador o el auditor tiene capacidad para tener una idea por sí mismo". Porque no ofrece conclusiones ni preguntas, "el espectador se pasea, penetra en las instalaciones y si se plantea algún problema, lo soluciona", señala. En este sentido, insiste en que quiere "crear interrogantes" y "todas las reacciones son válidas, incluidas las malas porque enriquecen la obra y se puede establecer un diálogo".

La piel, las risas del mundo, las sillas o los proyectos espaciales, todo ello para reflexionar en torno a un aspecto fundamental de la trayectoria de Ferrer: la construcción del espacio. La piel, porque es muchas cosas: "es la frontera y la comunicación", "la fuente de la agresividad, pero también del contacto, de la sensualidad y del placer". Por otro lado, el humor es un elemento indisociable de su obra y el sonido orgánico, natural y efímero de la risa se convierte en objeto artístico al expandirse en el tiempo y el espacio, además, la libertad del espectador da lugar a conciertos espontáneos. Las sillas, objetos cotidianos, casi anodinos, pueden modificar el espacio y, por último, las maquetas con las que "dibuja y traza el espacio".

En definitiva, Esther Ferrer lo tiene claro, el arte es una vía de conocimiento y el espectador podrá encontrar respuestas "por sí mismo" del 16 de marzo al 10 de junio en el Museo Guggenheim Bilbao.

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