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La explosión en el parque de Artillería

Damos cuenta de una gran explosión, ocurrida en el Parque de Artillería de Vitoria en 1921, que ocasionó la muerte de tres militares.

Conducción de los féretros al cementerio a su paso por la calle Sur (Manuel Iradier) /

En los años veinte del pasado siglo Vitoria-Gasteiz tenía una población de unos 34.000 habitantes y, aún siendo una ciudad pequeña, disponía de un gran número de instalaciones militares. Una parte importante de estos recintos -uno de los cuales nos interesa en este relato- estaban situados al sur del casco urbano en lacalle del Cuarto de Hora,  que luego pasó a denominarse Marqués de Urquijo y que, actualmente, conocemos como Paseo de la Universidad.

Se trataba un conjunto de edificios, con diferentes usos, que tenían acceso desde esa calle y que se situaban en paralelo a la vía del ferrocarril. En una foto aérea podemos contemplar la zona en la que se muestran todos ellos: el Cuartel de Santa Teresa, el de Intendencia, el Parque de Artillería y el Cuartel General Loma. A muy poca distancia de estos se encontraba el Hospital Militar, ubicado en la calle Comandante Izarduy.

Instalaciones militares / Catastro/DFA

Hoy todos los edificios, excepto dos, han desaparecido: se trata del antiguo cuartel del General Loma ( número 3 en el plano), que también fue de Flandes y de la A.M.E, y el edificio principal del hospital (4 en el plano). Ambas instalaciones fueron conservadas, algo que considero un acierto, y tras la correspondiente rehabilitación, ahora se utilizan para acoger el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz, y centros pertenecientes a la Universidad del País Vasco (EHU/UPV).

El Parque de Artillería (2 en el plano) estaba compuesto por cuatro pabellones independientes que formaban un rectángulo, con un patio en su interior. No debe de confundirse esta instalación militar con el cuartel de Artillería, que se encontraba en la calle La Paz.

En la siguiente fotografía podemos ver los edificios del complejo del parque mencionado. En primer plano se pueden ver las construcciones situadas al sur y este.

Complejo de edificios / Archivo Municipal de Vitoria

En este complejo se efectuaban las cargas de explosivos, espoletas y detonadores, y se realizaban los montajes de grandes cantidades de obuses, granadas y bombas. Una parte importante de este material de guerra era enviado fuera de nuestra ciudad en trenes de mercancías, los cuales tenían acceso directo al parque por medio de una vía que unía el trazado Madrid-Irún con el cuartel, atravesando la calle. Hay quien todavía recuerda que en los años sesenta aún existían los raíles incrustados en el asfalto de la vía urbana.

Una imagen de entonces, perteneciente a otro cuartel de Vitoria, - el de artillería de la calle La Paz - nos muestra cómo eran los cañones que utilizaban un tipo de proyectiles de los que se montaban en nuestra ciudad.

Cañones de Artillería / Enrique Guinea/Archivo Municipal

Cuando ocurrió el accidente que seguidamente describiremos, el destino final de la mayor parte del armamento que salía del parque, iba destinado a lo que hoy es Marruecos. Desde aquí se suministraba al ejercito de España, que estaba inmerso en la Guerra del Rif.

LA EXPLOSIÓN

El 8 de octubre de 1921, como era habitual y rutinario casi a diario, se encontraba en el patio del cuartel un contingente, distribuido en dos grupos, preparando municiones para ser enviadas a la citada guerra. El contingente estaba compuesto por varios militares: un comandante, un auxiliar, el maestro armero, dos cabos y catorce soldados.

Los diarios locales dan diferentes versión sobre el tipo de carga que realizaban. Según un periódico de la época, se estaban montando proyectiles de cañón de artillería; y, según otro diario, en una mesa de artificiero situada en el centro del patio, se cargaban granadas, introduciendo los balines (bolas de acero) en su interior. Es posible que se estuvieran realizando ambos trabajos.

En un momento dado, una de las granadas que estaba siendo manipulada explotó, al activarse la espoleta y el fulminante. Por simpatía, otros materiales explosionaron también, entre ellos otras veinticinco granadas que también estaban en la mesa, expandiéndose los balines y la metralla resultante.

Se especuló con la posibilidad de que alguna partícula arrastrada por el viento, al introducirse en los orificios de la espoleta o chocar con el fulminante, originara la explosión.

Una detonación formidable se escucho en la ciudad y una densa columna de humo, que era visible desde diferentes puntos de  Vitoria, cubrió el cielo. 

La magnitud de la explosión hizo que se originara una lluvia de balines de las granadas, siendo recogidos algunos de ellos a una distancia de 200 metros por un transeúnte en la calle Fueros, y otros en las vías del ferrocarril, en las inmediaciones de la estación.

Fueron tres los fallecidos. En uno de los grupos resultó muerto en el acto el comandante Mariano Tramún, de 42 años de edad. Resultaron heridos de gravedad  los cabos Vicente Fernández y Jerónimo Muguruza y el auxiliar Felipe Angulo, además, de varios soldados. 

Otros dos soldados, que se encontraban algo alejados, fueron lanzados por la onda expansiva contra una de las paredes del cuartel, sin sufrir heridas.

El otro grupo, que estaba realizando el mismo trabajo, no fue afectado por la explosión, así como tampoco dos capitanes que inicialmente formaban parte del contingente y que se habían ausentado minutos antes: uno para realizar gestiones en la oficina del cuartel y el otro para ir al baño. Su ausencia les salvó la vida. 

Todos los heridos, para ser atendidos, fueron llevados en camillas al cercano hospital militar (4 en el plano).

El cabo Gerónimo Muguruza - uno de los heridos muy graves - falleció al poco tiempo de ingresar en el hospital. Era natural de Orduña, donde nació el 6 de marzo de 1897, por lo falleció con 24 años de edad.

Otro de los heridos, el auxiliar Angulo, vivía con su pareja Rosario Pérez Crespo, con la que tenía una hija llamada Josefina. Siendo consciente de la gravedad de su estado, y de que podía morir en pocas horas, decidió resolver en los últimos momentos de su vida un asunto pendiente, para que sus familiares directos no tuvieran problemas con el papeleo tras su muerte, y su herencia se resolviera sin dificultades burocráticas. Así que, postrado en la cama del hospital, contrajo matrimonio con su pareja e hizo testamento ante un notario. En el momento de ser llevado al quirófano, para ser intervenido, encargó otra gestión a un militar presente al que dijo: “En mi chaleco hay unas llaves que son de un cajón de mi casa, donde tengo documentos de interés. Cuídese usted de que se recojan y se entreguen a mis hermanos. Ellos y  yo se lo agradecemos”. Falleció al día siguiente de someterse a la operación quirúrgica. Es el tercer fallecido. 

CONDUCCIÓN DE LOS CADÁVERES

El día 9 por la tarde se efectuó la conducción de los cadáveres de los dos primeros fallecidos. La marcha fúnebre se inició en el hospital militar y finalizó en el cementerio de Santa Isabel.

Cortejo fúnebre / Enrique Guinea/Archivo Municipal/Iñaki Armentia

En el cortejo iba en primer lugar el féretro del cabo y tras él, el del comandante. En ambos casos eran portados a hombros de cuatro soldados que eran relevados a lo largo del recorrido por otros compañeros.

Formaban parte del desfile: una compañía del regimiento de Cuenca, otra del de Guipuzcoa -ambos de Vitoria -, una banda de cornetas y tambores, una escuadra de gastadores, autoridades militares, civiles y religiosas y numeroso público.

El cortejo fúnebre realizó un largo trayecto a pie por las siguientes calles: Comandante Izarduy, Rioja, Manuel Iradier, Dato, Postas, Aliados (parte de la actual Postas), Bélgica (hoy La Paz), Francia, Portal de Arriaga y en la zona Santa Isabel. En el cruce de estas dos ultimas vías urbanas, se despidió a los difuntos con un desfile de tropas y una descarga de salvas.

Conducción / Enrique Guinea/Archivo Municipal (paso)

En esta imagen vemos al cortejo atravesando el paso a nivel del ferrocarril, que unía las calles Rioja y Comandante Izarduy, y que hoy está soterrado y es conocido como el 'Paso del duende'. Lugar, por cierto, al que dedicaremos un artículo próximamente.

Un periodista del diario local La Libertad plasmó en su crónica del acto una de las escenas presenciada por él en el cementerio y referida a los familiares del cabo fallecido Muguruza. Se encontraban presentes los padres de este militar, Petra Ibarreche Ugarriza y José Muguruza Albizu y dos hermanas del militar.

Partida / Archivo Diocesano de Vitoria

Así la describe:“Vimos en la deplorable situación en que se encontraban la madre y las dos hermanas adultas del cabo Muguruza, que con el padre de este, habían venido de Orduña. Renunciamos a describir la escena de suprema angustia de que fuimos testigos cuando fue pasado, por entre las tres pobres mujeres, el cadáver del hijo y hermano.”

El dia 10 se efectuaría la conducción y el entierro del tercer fallecido, el auxiliar Felipe Angulo. El resto de los heridos finalmente lograron recuperarse.

Atento como siempre a todo lo noticiable,  allí estaba el fotógrafo Enrique Guinea, para inmortalizar el acto fúnebre. Las imágenes obtenidas por él se guardan en el Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz, que nos las ha cedido amablemente como siempre hace, para ser publicadas junto a este relato.

El comandante fallecido era bastante conocido en Vitoria, ya que era cotitular de la academia Tramún-Bengoechea, situada en un piso de la calle Florida, que se dedicaba a preparar alumnos para su ingreso en el ejercito, en correos y en telégrafos.

Anuncio academia Tramún / La libertad

Los periódicos locales con esta noticia realizaron unas tiradas de ejemplares impresionantes. Es el caso de El Heraldo Alavés que tuvo que imprimir varias ediciones. Una tras otra se agotaban. Los periodistas tuvieron que cerrar con llave las puertas de la redacció, para que el publico no invadiera las oficinas en busca de un ejemplar. Ello no evitó que la gente entrara por la puerta de los talleres de la rotativa para “asaltar” a los vendedores ambulantes o voceadores que utilizaban ese acceso y salían de la sede con un taco de ejemplares bajo el brazo.

Fue la tirada mas grande desde la fundación del periódico en el año 1890.

 

 

 

 

 

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