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Bulos, estafas y cadenas de mensajes

Ni lo pensamos, solo reaccionamos y… ¡zas!, ya está, los hemos reenviado a toda nuestra lista de contactos

Fake news (Noticias falsas) /

Las leyendas urbanas nos dan mucho morbo, nos producen miedo, angustia, ira, incluso asco, sorpresa o tristeza. Sea como sea, siempre tienen algo que provoca algún tipo de emoción en nosotros que nos hace reaccionar.

Para responder, el arma que siempre encontramos más a mano acaba siendo nuestro móvil, cargado con WhatsApp, Telegram, Twitter, Facebook, o alguna aplicación de mensajería instantánea o de correo electrónico.

Está claro que ni lo pensamos, solo reaccionamos y… ¡zas!, ya está, lo hemos reenviado a toda nuestra lista de contactos, formando así parte de una larga cadena de mentiras que no parece tener fin.

Por suerte, cada vez más, hay un ‘aguafiestas’ en el grupo que se ha informado un poco y acaba sacándonos los colores desmintiendo la historia. Pero si alguien piensa que esto nos detendrá, está muy, muy equivocado; tan solo estamos esperando pacientemente a que nos llegue el siguiente bulo para volver a comenzar. No podemos remediarlo, el instinto siempre se impone a la prudencia, y acabamos actuando como altavoces de los oscuros deseos de delincuentes, de rencorosos o de bromistas pesados.

Para ser justos, lo que hay detrás de nuestra aparentemente incomprensible complicidad con estos actos tiene que ver mucho con la estructura más básica sobre la que se ha ido conformando nuestro cerebro, diseñado para reaccionar frente a determinadas emociones, y a tomar atajos que se nos antojan moralmente aceptables cuando parece que se dan determinadas condiciones, como la confianza en el emisor, el reconocimiento de la autoridad que citan, o que nos identifiquemos con las ideas que transmite el mensaje.

Sin embargo, cada vez más, aunque seguimos enviando y reenviando todo tipo de mensajes como si no hubiera un mañana, también nos vamos vacunando contra su contenido, de forma que cada vez tienen menos efecto en nosotros. Quizá sea esto último lo que más desazón nos debería provocar, pues realmente la mensajería instantánea, las redes sociales y el correo electrónico son una de las herramientas que más podrían contribuir a tener una sociedad verdaderamente informada y, por lo tanto, verdaderamente libre. Lejos de eso, lo que realmente estamos haciendo es conformar una sociedad repleta de ‘pastores mentirosos’ -al menos así le parecía a Esopo-, y el día que algo sea cierto, el día que de verdad tengamos que reaccionar, ya veremos si sabemos hacerlo; y si lo hacemos, ya veremos si sirve de algo.

Por nuestro bien, por el bien de los nuestros, deberíamos tomar conciencia de la importancia y del impacto que tienen nuestras acciones, de lo nocivo que es reenviar un mensaje sin haber comprobado previamente su autenticidad.

SER 3.0 #16

Quizá este programa pueda aportar algunas ideas para identificar los bulos, para entender las motivaciones de sus autores y, sobre todo, para aprender a ser dueños de nuestros actos.

Francisco Maciá es doctor Ingeniero en Informática y profesor titular en el Departamento de Tecnología Informática y Computación de la Universidad de Alicante.

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