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Qué duda cabe

Pensamos muy mal (primera parte)

En estos tiempos en los que la posverdad, las fake news y el dominio de la emoción frente a la razón tienen tan polarizada a nuestra ya polarizada población, me apetece hablar de uno de los peores problemas que tenemos a la hora de pensar.

Y es que pensamos mal. Pensamos muy mal. Creemos que pensamos bien, que nuestra cabeza funciona, que somos seres racionales, pero la realidad es que nuestro cerebro está plagado de sesgos cognitivos, que son interpretaciones erróneas e ilógicas de la realidad.

Pero tranquilos, todos somos así, desde Obama a Rajoy, de Belén Esteban a Iñaki Gabilondo, de Einstein a Falete. Todos vivimos presas de nuestros sesgos cognitivos. Les contaré algunos de ellos.

Por ejemplo, el sesgo de confirmación. Normalmente aceptamos como ciertas las pruebas que sostienen nuestras ideas y nos mostramos mucho más escépticos con las pruebas contrarias. Por ejemplo, si el delantero de nuestro equipo cae en el área, en la repetición veremos cómo claramente lo han empujado, mientras que los del equipo contrario verán claramente como se ha tirado a la piscina.

Otro sesgo interesante, el efecto Barnum o Forer. Los horóscopos están basados en este efecto y es que tendemos a tratar las descripciones vagas y generales como si fueran descripciones específicas y detalladas. Es fácil de comprobar leyendo un horóscopo que no sea el nuestro. Veremos que nos podemos sentir identificados con casi todo lo que dicen el resto de signos. Amigos, no se fien de estos timos.

Este es muy divertido y seguro que les ha pasado. Se llama sesgo de observación selectiva. ¿No les ha pasado nunca que descubren una palabra nueva y de repente empiezan a oírla en todas partes? No es una conspiración de la Real Academia. Simplemente nos fijamos más en lo que nos interesa. Si usted está embarazada o pensando en tener hijos, no hará otra cosa que ver mujeres embarazadas por la calle. No es un nuevo baby boom, es su cerebro focalizando.

Nuestro cerebro, que es perro viejo, no admite que se haya equivocado. Por eso tenemos el sesgo de autojustificación. Este sesgo aparece, por ejemplo, cuando nos gastamos un dineral en una comilona, que no hacemos otra cosa que repetirnos: pero ha merecido la pena, porque he quedado saciado y estaba buenísima. Todos sabemos que con una pizza de tres euros quedamos saciados y está buenísima, pero cuando nos pasamos de la raya, toca autojustificarnos.

Les dejo uno más, aunque seguiremos la semana que viene. Se trata del sesgo de retrospectiva y es uno de los más claramente detectables en el mundo del fútbol. Reconstruimos el pasado con conocimiento actual. Los grandes expertos en fútbol, es decir, todos los españoles, somos muy capaces de decir lo que tendría que haber hecho nuestro equipo para ganar el domingo, pero claro, a toro pasado...

En fin, queridos y sesgados amigos. No dejen que su cerebro olvide que el martes que viene seguiremos hablando de lo malos que somos pensando y de lo buenos que somos escuchando la radio. Qué duda cabe.

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