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Estanislao Ramírez

‘A cántaros’

La semana que viene, el Ateneo José Román de Algeciras me entregará su premio de periodismo José Luis Tobalina, algo que considero una extraordinaria distinción y que les agradezco enormemente.

Estimado Colega

La semana que viene, el Ateneo José Román de Algeciras me entregará su premio de periodismo José Luis Tobalina, algo que considero una extraordinaria distinción y que les agradezco enormemente.

Pero lo que más me satisface de su decisión es que recibo el galardón por un artículo, de los que habitualmente te mando en forma epistolar, en el que defiendo el derecho de los ciudadanos a la información y a la libertad de expresión.

Escribí aquello hace casi un año, manteniendo que ambos derechos civiles son las columnas que sustentan el verdadero espíritu de la libertad y que por su condición inmaterial es imprescindible defenderlos permanentemente para evitar su deterioro o su pérdida.

Decía además que había que hacerlo en todos los escenarios, en las dictaduras mediante la sublevación y con la resistencia frente a la maraña de subterfugios que los políticos diseñan y ocultan entre líneas en las leyes de la democracia.

Porque, si hay algo que no gusta al poder es que los ciudadanos discrepen de sus criterios, que les critiquen, que se alce la voz contra sus decisiones, que haya quien piensa diferente y lo manifieste, en definitiva que no sean sumisos súbditos conformistas, y adoptan medidas para que no se salgan del redil.

En nuestro país, cuyos gobernantes alardean permanentemente de nuestra condición de Estado de Derecho, la realidad deja mucho que desear.

Amnistía internacional acaba de difundir un informe en el que acusa al Gobierno de España de un uso abusivo de las leyes para criminalizar conductas que son simples opiniones, utilizando el miedo como una forma de censura.

Por su parte, el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo acaba de corregir a nuestros jueces indicándoles que donde ellos ven un delito, por quemar unas fotos de los reyes, no hay más que una libre expresión de crítica a una institución que, por alta que sea, no es incuestionable y está sometida al juicio de la gente,

En estos días de temporales, cuyos chaparrones han conseguido llevarse la basura acumulada en nuestras calles, por el abandono municipal, aún quedan cosas por limpiar.

Hay negras tormentas que agitan los aires y nubes oscuras que nos impiden ver y tiene que llover.

¡Tiene que llover a cántaros!

 

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