A pesar de todo, sigo siendo optimista

La reflexión de Ana Díez, médico de familia

Todos, o casi todos, nos marcamos objetivos en la vida. Yo también, pero reconozco que fui exageradamente ambiciosa al marcarme los míos. Desde el primer momento era evidente que no iba a conseguir ninguno de ellos. Pero siempre he sido soñadora despierta. De todas formas, marcándose objetivos de este calibre, es fácil luego no deprimirse al no haberlos conseguido. ¡Claro, eran casi imposibles! Mis tres objetivos eran, o puedo decir que algunos aún lo son, ganar un premio Nobel, participar como deportista en unos Juegos Olímpicos para ganar una medalla olímpica e ir a la Luna.

Con respecto al primero, y, teniendo en cuenta lo que estudié más tarde, lógicamente yo quería conseguir el premio Nobel de Medicina. Cuando de pequeña vi en la tele una serie dedicada a Ramón y Cajal, llegué a creerme que no era una idea descabellada. Si lo había conseguido un médico de Zaragoza, ¿por qué yo no iba a ser capaz? Según fue pasando el tiempo me di cuenta de que no solamente hay que quererlo, sino que hay que tener muchas otras cualidades que a mí, en esta vida, no me habían tocado. Por eso, decidí intentar ser buena persona para probar con el Nobel de la Paz. En ello estoy ahora.

En cuanto a lo de la medalla olímpica, la cosa ha estado bastante más clara incluso que con lo del Nobel de Medicina. Me encanta el deporte. He practicado y practico muchos, en realidad todos los que tengo oportunidad. Pero, cuando me puse a pensar por cuál de ellos me decidía, no conseguí dar con ninguno en el que fuera especialmente buena. En realidad intento muchos deportes, pero sobresalir, sobresalir, en ninguno. A cambio, para quedarme tranquila, solicité ser voluntaria olímpica en los juegos de Barcelona 92. Así, de alguna manera, habría participado, porque siempre se ha dicho que lo importante es participar, ¿no? Y la frase no aclara participar en qué.

Me quedaba la Luna. Lo cierto es que, si los objetivos anteriores eran complicados, este ya lo era desde el mismo principio. Vivo en España, no en EEUU, se necesitan unos conocimientos y una preparación física especial y yo me mareo en todos los medios de locomoción, incluida la bici. Por supuesto, se necesitan muuuuchas otras cosas de las que carezco. Años después me enteré de que pagando cantidades astronómicas de dinero (y nunca mejor dicho lo de astronómico) sería posible. Pero me parece una indecencia moral por mi parte gastar todo ese dinero solo por darme el gusto de ir a la luna teniendo en cuenta las necesidades que hay en el mundo. También he de reconocer que películas como Gravity me hicieron mella y no quiero acabar mis días flotando por el espacio. Bueno, en realidad tampoco tengo el dinero que habría que pagar.

A pesar de no haber cumplido ninguno de mis tres principales objetivos, puedo decir que soy optimista. Me gustaría vivir hasta los 120 años, así que, no pierdo la esperanza de cumplir alguno de estos sueños. Espero que tú tampoco la pierdas.

Por cierto, nunca me llamaron para participar como voluntaria en los Juegos Olímpicos de Barcelona.

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