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CurioSERando: La Barrilla, una industria desconocida

Hasta finales de marzo era frecuente el cultivo de las llamadas plantas barrilleras en Alcázar La Mancha. Una “industria” que se caracterizó por sus altas calidades que se llegaron a obtener de los llamados jabones de piedra

En estos días se ultimaba el cultivo de las llamadas plantas barrilleras en Alcázar y la Comarca de La Mancha. Una “industria” que se caracterizó por las altas calidades que se llegaron a obtener de los llamados jabones de piedra, y que tenían unos usos cuando menos curiosos. La barrilla, como así se conocía también a este jabón, llamó la atención de ilustres botánicos que llegaron a comparar esta industria con otras que eran “palabras mayores”. Un paseo etnográfico y botánico del que incluso existen fuentes documentales en el Archivo Municipal de Alcázar.

¿Quiénes son esas plantas barrilleras?

Planta barrillera / Milagros Requena

Se trata de un conjunto de plantas adaptadas a los entornos salinos de nuestras lagunas, de ambientes costeros y en definitiva de allí donde hay sal, que siguen una curiosa estrategia para captar agua, y que el hombre supo aprovechar desde tiempos inmemoriales. ¿Cómo sobrevive una planta que vive prácticamente en salmuera? Acumulando más sal en su interior del suelo que le rodea. De esta manera, por un proceso que se llama ósmosis, actúan como auténticas esponjas. La poca agua que exista alrededor, la absorben, y dan un aspecto de suculencia por, precisamente esa acumulación de sales en determinadas cámaras de sus células. Fue en estas plantas donde se descubrió el elemento químico sodio, y se dice de ellas popularmente que poseen sosa. Los nombres científicos nos dan una pista: Salsola soda, Salsola Kali, Suaeda vera, Salicornia ramosissima… y los vernáculos terminan de aumentar nuestras expectativas: sosa, sosa álcali, sosa barrillera, salicor de La Mancha. Un grupo de plantas que según incluso municipios cercanos como Alcázar y Mota del Cuervo, tenían nombres diferentes y las proporciones en su explotación también variaban.

¿Qué se hacía con ellas?

Año 1673. Pleito entre un agricultor y un ganadero por destrozos en un barrillar / Archivo municipal

Pues se quemaban en agujeros excavados en el suelo de manera que se formaba una sustancia gelatinosa que se obtenía de dicha quema o “fusión de la yerba”, tal y como escribe el botánico Gabriel Alonso de Herrera en 1818. A partir de ahí, se enfriaba y se formaba una piedra, llamado jabón de piedra o barrilla con utilidades curiosas. De España, de la zona de Alicante, Granada y La Mancha se exportaron toneladas para el blanqueo de los cristales de Murano y Venecia. La sosa servía para blanqueo de lejías, tejidos, etc. De La Mancha eran populares las barrillas de Herencia, Mota del Cuervo y el propio Alcázar de San Juan, donde se tiene constancia de cultivos de estas plantas -barrillares- al menos desde 1673 en documentos del Archivo Municipal. En concreto, un pleito entre un agricultor y un ganadero por destrozos del ganado sobre lo cultivado. La fecha, 2 de junio, también nos sirve para comprobar la época de siembra de la simiente de la barrilla. Mientras que en las zonas de costa se sembraban desde octubre hasta enero, en La Mancha se hacía en el mes de marzo para evitar las heladas, recogiéndose entre agosto y octubre. Mayo y junio era por tanto una época crítica para que saliesen estas plantas. Incluso se practicó una técnica muy ingeniosa por parte de los agricultores: siembras mixtas de grano y barrilla para, en función de la pluviosidad y las condiciones climatológicas, si el rendimiento del grano era bajo, siempre se tenía la opción B de la barrilla.

¿Cómo era la técnica en concreto?

Se decía que el calor que se produce en la combustión en la barrilla era de los más intensos que se podía imaginar, quemándose sola o con ayuda de juncos que ayudaban en la quema. Con las plantas secas, se procedía a su quema en los citados hoyos por cuadrillas de hasta siete personas en turnos de 40 horas. Lo lideraba un quemador o maestro barrillero y un ayudante que auxiliaban al maestro. Según los escritos del siglo XIX los ayudantes eran tal porque se suponían menos inteligentes que el maestro. Junto a ellos, varios peones que movían sin cesar la mezcla durante más de día y medio y a la que sometían a un proceso llamado “choqueo” para obtener una masa homogénea y fluida. Este choqueo se hacía con una maza combada o chueca dentro de esos hoyos, de forma cónica y con medidas en palmos valencianos (algo menos de 23 centímetros por unidad). La boca del hoyo tendría dos palmos de longitud (unos 45 centímetros) y el vientre o profundidad se hundía hasta cuatro o cinco palmos (algo más de un metro). Allí se movía esa masa de forma ininterrumpida, dejándose reposar desde 48 horas hasta dos años.

Año 1746. Solicitud Administrador Rentas Reales Barrilla y Sosa para mayor control del fraude / Archivo municipal

¿Qué significó esa industria en La Mancha?

Estuvo incluso incluida dentro de las Rentas Reales, y eran parte de la economía de subsistencia de muchas familias manchegas. Incluso tenemos noticias del uso de la picaresca por parte de muchos barrilleros por usar plantas no consideradas como tal, como así se recoge en un documento de 1743, en el que el Administrador de Rentas Reales de Sosa y Barrilla de Alcázar de San Juan solicita una mejor recaudación de dicho producto, pues sospecha de un “mercado negro” e incluso de adulteraciones de este producto. Mariano Lagasca, uno de los mejores botánicos de la historia de España, llegó a decir que aquí se producía tanta riqueza con dicha planta que “En todas las Minas del Perú”, alabando la sosa manchega que rozaba un nivel muy similar a la de Alicante. En definitiva, una forma de explotar de manera sostenible los recursos naturales que nos ofrecían los espacios salinos de los entornos de lagunas salobres y saladares de La Mancha.

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