Como te conozco eres

¿No te has enterado?

En las grandes ciudades reina la soledad, mientras en las pequeñas impera el rumor y el cotilleo. Observar las vidas rotas (de los demás) acrecienta nuestra autoestima como anónimos espectadores. Irrumpimos en lo privado, desvelamos supuestos secretos, invadimos la intimidad, miramos las vidas ajenas por el ojo de una cerradura (sea ésta la televisión o las denominadas redes sociales). ¡Están peor que nosotros!, nos susurramos a nuestro propio oído. Con una pizca de rencor y resentimiento aplicamos la vieja (y equívoca) sentencia de “como te veo eres”. ¡Es falso!, la sentencia debería ser “como te conozco eres”. Sustituimos el conocimiento por la sospecha; nos volvemos adictos a la anécdota; admiramos el ingenio tanto como rechazamos la sabiduría; al fin, preferimos la imagen a la palabra. Elegimos la servidumbre sobre la lealtad crítica.

La vieja prensa amarilla nunca se fue. Vuelven los titulares escandalosos, llamativos, exagerados. Noticias teatralmente comunicadas. Los chismes, injurias e indiscreciones invaden las redes. Todo parece cotilleo y murmuración. María de la Trinidad es un buen referente. Esta mujer vivió en el Madrid de Fernando VII (el peor rey de este país). Esta mujer fue conocida como la “Tía Cotilla”, una fanática (y grosera) líder del absolutismo. Dirigió una banda de criminales que señalaban, acosaban y perseguían a los liberales. Era la heroína del absolutismo frente a la heroína de los liberales, Mariana Pineda. Acabaron ambas ejecutadas. Este país no tiene solución.

Ya nos decía María Moliner que, en España, el cotilleo es un bálsamo que nos genera una sensación muy grata de bienestar físico, mental y social.

¡Ay!

Firma de opinión emitida en Córdoba Hoy por Hoy el martes 3 de abril de 2018, a cargo de Sebastián de la Obra, historiador y bibliotecario.

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