Javier Martín: "No estamos haciendo un periodismo por el que merezca la pena pagar"

Corresponsal de la Agencia EFE desde más de 20 años en el norte de África, el cronista salmantino recoge en Córdoba el XI Premio de Periodismo Internacional Julio Anguita Parrado en el XV Aniversario de la muerte del periodista cordobés en Bagdag

A Javier Martín, (Salamanca 1972) se le humedecen los ojos al hablar de cómo el oficio del corresponsal necesita de un equilibrio familiar para ser factible. Acaba de llegar a Córdoba desde Sicilia después de tres semanas a bordo del Aquarius, un barco de 77 metros de eslora fletado por la ONG SOS Méditerranée para rescatar a las personas que se lanzan al mar en busca de un futuro mejor. “Me embarqué para una semana y he estado tres”, nos cuenta. También se emociona en su defensa del periodismo de calidad y en profundidad, alejado del clickbait y los impulsos de un siglo XXI donde parece que las prisas arrasan con todo lo que tiene enjundia. Corresponsal en el norte de África desde 1996, ahora delegado de EFE en esta zona y con base en Túnez, es autor de varios ensayos y recoge este sábado 7 de abril el XI Premio Periodístico Julio Anguita Parrado.

Javier Martín ha cubierto distintos conflictos bélicos, es corresponsal de la Agencia EFE en el Norte de África y ha escrito los ensayos "Hizbulah, el brazo armado de Dios", "Suníes y Chiíes, los dos brazos de Alá", "Los Hermanos Musulmanes", "La casa de Saud" y "Estado Islámico, geopolítica del caos". / CADENA SER

 

Se cumplen 15 años de la muerte de Julio Anguita Parrado en la guerra de Irak. Usted cubrió esta guerra, ¿se encontraba allí cuando murió Julio?

Yo no tuve la fortuna de conocer a Julio en persona, sí que uno de mis mejores amigos en la agencia EFE lo conoció porque los dos se encamaron al mismo tiempo en Kuwait. Yo llegue unos días después de que de que empezará la invasión, todavía estaba vivo Julio, y yo estaba en la retaguardia viendo no tanto como avanzaban las tropas sino qué es lo que quedaba cuando las tropas pasan, que es algo que nunca se cuenta.

El jurado reconoce “su trayectoria y su compromiso con el rigor y con la veracidad su pasión por el oficio y su capacidad de analizar realidades complejas”. ¿Cómo se analiza una guerra?

Todo se puede reflexionar y para eso necesitamos acudir a algo que hemos perdido en el periodismo actual: retrotraernos en el tiempo e intentar encontrar las explicaciones de hoy en lo que pasó ayer para intentar entender el mañana. Siempre ha sido mi obsesión profundizar un poco más en las noticias para intentar buscar vínculos que nos dejen explicar por qué ha ocurrido esto. La guerra de Irak ocurrió por una serie de circunstancias que se entienden conociendo los años 80 o 70 o 60. Es lo que llamamos background y ahora en la prensa pecamos de falta de background. Se nos dice en las redacciones que a la gente no le gusta leer, que no quieren textos largos, que vamos más al estilo tweet y claro en 135 caracteres no se puede explicar ni una realidad compleja ni una simple.

Ese periodismo del background parece del pasado.

Yo creo que ése es el periodismo de siempre, pero es el periodismo más incómodo y estamos caminando a una a un periodismo que es acomodaticio, que en vez de ser el Pepito Grillo del poder, que señala lo que está bien y lo que está mal, hemos pasado a un periodismo en el que la mayor parte de los medios tienen una vinculación con el poder porque consideran que estando dentro pueden tener mucha más influencia. Yo creo que el periodismo plano, el periodismo que no explica las cosas, el periodismo que dice una cosa hoy y mañana la cambia y que no recuerda lo que pasó hace dos semanas es el periodismo que le beneficia a aquellos que están en el poder y aquellos que no quieren una prensa un mundo independiente y libre. Debemos de luchar como periodistas por volver a la esencia de nuestra profesión y entender que nosotros no somos parte del poder sino que somos el Pepito Grillo del poder.

¿El periodismo de agencia es un ejercicio de contención?

Empecé en un diario local como todo el mundo, en la Tribuna de Salamanca. Luego salí a buscarme la vida con la maleta a Egipto y ahí, por casualidad, entré en EFE. Entré como traductor realmente y luego ya fue la evolución. Lo que aprendí en la agencia es el oficio, porque al final el periodismo es un oficio como cualquier oficio artesano. Para coser bien hay que echar muchas horas y conocer el oficio de alguien que sabe coser bien. La agencia te da la esencia del periodismo: responder a las 7 preguntas claves y tener que condensar mucho la información pero no para reducirla sino para hacerla mucho más accesible. Lo que puedes decir en 650 palabras dílo en 650. Para mí es muy bonito, yo soy muy agenciero y llevo 20 años una agencia porque nosotros trabajamos para el público pero no exactamente. El gran público no nos conoce porque no tenemos nombre, somos la agencia EFE. Trabajamos para los profesionales, para que tengan las herramientas y los instrumentos para dar una información más veraz y lo más cercana posible.

¿Se puede hacer periodismo literario -como reconocen el suyo- en una agencia?

A veces mis compañeros de edición se enfadan porque te vas al adjetivo donde no debes, pero no es una cuestión de florilegio si no simplemente intentar mantener un estilo que haga las cosas simples y accesibles. Quizá no tanto los teletipos, pero sí estos suelen tener cierto sonido, una cadencia, que no tenga las palabras de todos los días sino que enriquezcamos el vocabulario. Tenemos una lengua muy bonita y muy rica y muy amplia y a veces nos quedamos en los tópicos. Siempre hay alguna palabra que es más exacta y ofrece mejor información. Y los libros, donde tengo una libertad mayor.

Javier Martín recoge el premio en el Centro de Recepción de Visitantes en la tarde del 7 de abril. / CADENA SER

La libertad de información está en la Constitución Española y es un derecho que si está garantizado viene a proteger la democracia. ¿Por qué, como planteáis, nos afecta a todos la crisis del periodismo incluso al que no lee periodismo ni escucha periodismo?

El periodismo es muy importante en esta sociedad como contrapeso del poder. Cuando hay un periodismo sano hace que la sociedad sea muchísimo más rica, que no puedan engañarnos, que no puedan contarnos las historias como ellos solamente quieren, que podamos buscarle otros ángulos, otras verdades, investigar, tener opinión. Yo llevo 20 años haciendo periodismo en dictaduras y he visto las presiones y he visto que eso dañaba esas sociedades y que esas sociedades estaban en una posición peor que la que podíamos tener en España. Cuando un estado ataca la libertad de expresión está atacando a su sociedad y debemos entenderlo así. La libertad de expresión tiene que tener unos límites pero no puede estar limitada.

Aquí, a priori, no está limitada. Vivimos un tiempo en el que la gente creemos estar informados de todo, tenemos acceso a todo tipo de información, pero parece como que hay una nebulosa, una sobreinformación que nos está haciendo más dóciles.

Disiento, porque creo que en los últimos años hemos visto procesos judiciales que se parecen más a los países en lo que yo he estado viviendo. Hemos visto ataques a la libertad de expresión que son más parecidos a las dictaduras. Hemos visto leyes nuevas como la ley mordaza que restringen ciertos derechos a la información y a la investigación. Además hay algo muy peligroso y que no se está contando de una manera correcta pero que cuando vives fuera de España lo observas con mucho temor y es toda esta idea de las fake news. ¿Qué significa controlar las noticias falsas? Significa que con una ley como la que se propone, una investigación como la del Máster de Cifuentes no hubiera sido posible porque desde el primer momento se hubiera dado a esa información el cariz de noticia falsa. Es lo que se trata de hacer desde el poder y no se podría haber avanzado en la investigación. La noticia falsa es una trampa. Evidentemente entendemos que puede haber bots rusos que tratan de influir, robo de datos con Facebook, Londres Analytics pero la única manera de controlar las fake news es volver a esa esencia que hablábamos del periodismo. No todo vale en internet. No es lo mismo que la información la de la Cadena SER la agencia EFE que la de una persona en Twitter o la de una página web que tú no conoces. Las noticias son falsas o son verdaderas dependiendo del prestigio del medio y el periodista que está detrás.

Lo que ocurre que nuestra generación puede comprenderlo bien pero una generación que no sabe quién es la Cadena SER o la agencia EFE, que todo le llega al muro de Facebook, al mismo tamaño y al mismo nivel y con la misma legitimidad...

Es entonces una cuestión de Educación, hemos de educar a la nuevas generaciones en una cultura de medios regulados y abiertos y es necesario separar la paja del trigo. No tendremos buen periodismo en España mientras el periodismo en Internet sea gratuito. Una buena información cuesta dinero. Hay una persona trabajando horas, llamadas por teléfono, viajes y eso no puede ser gratuito. Todo ha sido gratis en Internet, nos bajábamos los vídeos las películas sin respetar los derechos de autor y eso lo hemos fomentado los propios periodistas.

El audiovisual sí está consiguiendo que la gente pague y se suscriba a Netflix y a otras plataformas, el periodismo no.

Porque no hemos dado un paso importante. En vez de subir la calidad la hemos bajado. En vez de intentar diferenciarnos de lo que aparece en el muro de Facebook y en Twitter hemos pretendido ser como Twitter y como Facebook. No quiero decir que todo lo que hay en Twitter es malo, pero evidentemente hay una diferencia de un profesional a un amateur.

El clickbait

Efectivamente. Si yo, como consumidor, pago por un periódico que no me da calidad y seguridad al final no voy a pagar. En todo, también en el periodismo, pago por algo que sea bueno y diferenciado, que me dé un plus, que merezca la pena. No estamos haciendo un periodismo que merezca la pena pagar por él y ése es el grave problema que tenemos ahora mismo. Necesitamos crear un periodismo de calidad porque la gente lo va a pagar. Cuando tienes 15 o 18 años 20 años te da un poco igual que en la película que te descargas de Internet, que ha sido grabada en una en una sala de cine se vea una cabeza, porque no tienes todavía unos estándares, pero la gente que tiene ya un poder adquisitivo y se puede gastar dinero prefiere verla en Netflix con alta definición. Con el periodismo igual. Si tienes interés en estar informado de verdad y que no te vendan gato por liebre te gastas un euro en un periódico

Acaba de llegar de Catania donde ha estado en un barco tres semanas buscando la historia de aquellos que se juegan la vida para llegar a Europa. Cuando llega se encuentra en este lobby del hotel una televisión con el caso de Cristina Cifuentes, (en el momento de la entrevista conocemos que la Fiscalía va a abrir una investigación y que la presidenta del tribunal que teóricamente valoró su trabajo ha dicho que ella no firmó ese acta) y también se encuentra con información de que Puigdemont ha sido liberado en Alemania. ¿Qué piensa?

Que estamos muy lejos de la construcción de Europa, demasiado metidos en el patio de nuestra casa. Estamos mirando estas cuestiónes en las que en otros países no se perdería ni un minuto, porque porque hay unos unos estándares en la política más altos de los que podemos tener en España. Durante todo ese tiempo que perdemos en estas discusiones, que no deberían de ocupar más de 5 minutos, pasan cosas en el mundo; pasan cosas que están dibujando un mundo diferente, el mundo que le vamos a legar a hijos y a nietos. Quizás el mayor logro de la humanidad sea la carta fundacional de los derechos humanos, probablemente lo que más importancia hemos conseguido como humanos a nivel de sociedad, que realmente no se ha desarrollado como debería porque la ONU ha fallado mucho, pero aún así lo tenemos. Establece un marco de convivencia muy avanzado, muy progresista, muy humano. Estamos viendo que ese marco está siendo atacado desde muchos lugares: en la guerra de Siria donde no se respetan los derechos humanos, el conflicto con los bots rusos, el crecimiento de superpotencias o de personajes como Trump en Estados Unidos o cuando Europa decide entregar de vuelta su país a inmigrantes que buscan salir de la guerra y del hambre y que se juegan la vida en el mar para llegar a una sociedad que consideran que tiene principios y valores morales y éticos cómo es Europa. Los devolvemos a un país donde sabemos que se tortura, que Naciones Unidas considera que no es un puerto seguro. Eso socava nuestra sociedad de derechos. Estamos rompiendo las leyes del mar a la hora de obligar a que un barco no rescate unos inmigrantes cuándo es el que más cerca está de ellos y esperar a que vengan los patrulleros libios, que no sabemos muy bien de quién dependen de quién reciben órdenes. De algunos de ellos sabemos que eran antiguos contrabandistas y que ahora son patrulleros porque el negocio funciona. En el último rescate que vi había 120 o 130 personas en una lancha intentando huir de la tortura, con signos de tortura en la piel, en el brazo y las manos y en los relatos que nos contaban. Es muy duro ver que, por una orden europea desde Roma solamente puedes subir a 38 personas -los niños, un bebé y unas madres- y los otros 100 van a ser rescatados por una patrullera libia que los va a devolver al mismo lugar donde han sido torturados. Eso nos debería hacer reflexionar como sociedad. Creo que estos temas son mucho más importantes. Estoy seguro de que a mí a ti y al señor que nos está oyendo si descubren en su trabajo que su título es falso el día siguiente estaba la calle.

Entre los ensayos que ha publicado está “Estado Islámico, geopolitica del caos”, que ha tenido un gran éxito. ¿En que nos estamos equivocando en nuestra mirada europea hacia el autodenominado Estado Islámico?

Desde el primer momento no hemos entendido el origen de Estado islámico. Parece que es un problema nuestro de nuestro tiempo, que ha salido ahora o como mucho de la guerra de Irak en 2003. No es así. El origen del Estado Islámico está en el año 1980 y en una serie de sucesos que ocurrió en aquel momento y que nos llevan a ver cómo se promovió una visión del Islam herética que no representa el Islam, el wahabismo de Arabia Saudí y como por unas razones de política internacional y geopolitica se promovió esa herejía esa interpretación desviada del Islam y se expandió por el mundo. Estado Islámico es la cuarta generación de un movimiento radical que nació en los 80. El wahabismo que es la principal e ideología de Arabia Saudí, país que es el aliado de Occidente en el mundo árabe, es una ideología que fue creada en el siglo XII. Nosotros estamos vendiendo armas a un país que tiene una ideología en la que no solamente las mujeres no pueden conducir o tienen que ir tapadas sino que tienen que pedir permiso a sus maridos para poder salir de casa o en la que en la que alguien te puede cortar la mano apalear en público.

Eso está condicionando la vida de los musulmanes de este siglo XXI incluso condicionando incluso el debate aquí sobre sobre la Mezquita que no sé si conoce.

Está realmente ocultando una realidad que es mucho más amplia. Tenemos que pensar que los seguidores del Islam radical representan menos del 5% del Islam. En el mundo tenemos 1.800 millones de musulmanes. Es como si quisiéramos entender el cristianismo desde los movimientos ultracatólicos. Solamente se habla del Islam radical y perdemos que es una cultura muy rica, muy amplia, que tiene un gran legado cómo puede mostrar Córdoba, que ha influido en nuestra manera de ser. Hay pensadores y filósofos musulmanes con una visión muy abierta y muy amplia de lo que debe ser el Islam de futuro. Ni siquiera en sus países se les da esa oportunidad o ese altavoz para que sean mucho más conocidos, porque siempre las ideas progresistas dan más miedo que las conservadoras. El mundo árabe es el primero que no permite a esos filósofos y pensadores tener una voz más alta, pero yo creo que ahí deberíamos nosotros ayudar y jugar una baza porque nos interesa, porque las raíces de Europa también están en el Islam aunque no lo no lo queramos ver.

¿A quien va a dedicar el premio?

La vida del corresponsal es muy complicada. No voy a decir ni dura ni menos dura porque duro es estar en la obra o estar en la agricultura, pero sí tenemos una vida complicada en cuanto a las dificultades para conciliar la vida profesional y la vida familiar. A los corresponsales, como yo, que están todo el día pateando el mundo una noche te llaman a las 5 y te tienes que ir y no sabes cuándo vuelves o vas para una semana un barco y estas tres, estás en una cena y te llaman porque ha pasado una información y te tienes que marchar a cubrirla, etcétera. Yo no podría haber hecho esto y llegar donde he llegado si mi pareja, sin la comprensión de ella. Yo creo que los premios a los corresponsales deberían dárselso a las parejas de los corresponsales que son las que realmente sufren nuestras desapariciones fortuitas, unas vacaciones que te hacía mucha ilusión tener y que acabas cancelando, una cena romántica convertida en un desastre, no ir al partido de fútbol de tu hijo o no ir al baile de tu hija. Ellas son las que realmente llevan el peso y la dureza de nuestra de nuestra profesión y yo creo que las parejas de los corresponsales, si no son corresponsales como ellos, son las que merecen estos premios.

Y ella tiene nombre, claro.

Se llama Paz.

Pues gracias a Paz y a usted, Javier.

Muchas gracias

 

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