La columna de Ángel Santiago Ramos

Majo, un presidente desnortado

 

Ya es primavera, aunque no lo parezca. Pero la están tapando el mal tiempo y los demonios que rondan a los hombres y mujeres de un Partido Popular que está más próximo a losnovios de la muerte que a servir con dignidad y honradez a los ciudadanos de una democracia.

Sin sus hechuras no es posible entender el cuajo que manifiestan la gran mayoría de cuadros de este partido ante los innumerables casos de corrupción –grandes y pequeños- de los que son acusados principales.

En lo que nos toca. Qué sangre debe correr por las venas del presidente de la Diputación de León, Juan Martínez Majo, para entender como normal la conducta de Cristina Cifuentes en el asunto del master que todos conocemos. ¿ Dónde habrá perdido la ética, si alguna vez la tuvo, este presidente de los populares leoneses?.

En plena estrategia de gastos en marketing de la ciudad de León como capital gastronómica, cuánto pesa -en términos de mala imagen- su penosa intervención. Si no tuvimos bastante con los feos asuntos públicos de sus dos predecesores, Martínez Majo nos pone a prueba con estas desvergüenzas.

Somos la cuarta provincia de la Comunidad en cuanto al número de viajeros visitantes. Ello a pesar de tener un importante patrimonio histórico, cultural y de naturaleza. Pero, con estos mimbres, con políticos incapaces de distinguir y denunciar conductas delictivas no extrañan la decadencia y el desprestigio que nos regalan.

Él y su pareja de baile, el alcalde Antonio Silván, por no distinguir no distinguen la catedral de León, de la de Burgos.

Como dice su jefe, ¡ Vaya tropa ¡

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