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Mario Ocaña

‘Mentiras en el Campus’

Supongo, querido oyente, que si a usted, por poner un ejemplo, le pidieran el título de Bachiller o el de la Licenciatura, no tardaría más de unos cuantos minutos en enseñarlo sin ningún problema

Supongo, querido oyente, que si a usted, por poner un ejemplo, le pidieran el título de Bachiller o el de la Licenciatura, no tardaría más de unos cuantos minutos en enseñarlo sin ningún problema. Si alguien le solicitara una copia de su tesis, del trabajo que presentó al último congreso o la última columna que usted escribió para el medio con el que colabora, no tendría usted ninguna dificultad en mostrarlo públicamente. Es más, si hubiese usted hecho uno o varios años en cualquier facultad de España lo conocerían sus compañeros de clase, el bibliotecario, el bedel con el que se comparte un cigarrito antes de entrar en clase, la camarera de la cafetería o el compañero cachas que antes de entrar en clase se hace tres mil metros a la carrera. Y sobre todo, lo conocerían sus profesores. Por su nombre y apellidos y por su cara. La vida es asi. Así de simple.

¿Por que algunos de los miembros de la oligarquía que nos malgobierna tiene ese afán de engañarnos, falseando sus curriculums y pretendiendo hacernos ver lo blanco negro? ¿Hay alguien normalmente sensato en este país que piense que Cifuentes dice la verdad?

La respuesta a la primera pregunta es, según mi opinión, que cuando cualquier mindundi, con escasa formación y menos ética, es elevado al paraíso del poder por virtud de los votos, alcanza tal grado de efervescencia intelectual que, no sólo le hace sentirse por encima del resto de los mortales, sino que considera que los votos han enriquecido su corteza cerebral hasta hacer que las neuronas le salgan por las orejas, ergo aquí el que más sabe soy yo y a los demás que les vayan dando. Craso error: los votos dan poder, pero nunca han aumentado el conocimiento. Eso supone esfuerzo, trabajo y dedicación, algo a lo que la tal Cifuentes no le ha dedicado mucho tiempo.

En cuanto a la segunda pregunta, la respuesta es no, salvo que nos encontremos con alguien del mismo partido que en defensa de la compañera alegue cualquier justificación injustificable o le eche las culpas al vecino del quinto o al del partido de enfrente que una vez pegó un chicle debajo de una silla. De la universidad, claro.

Por otra parte el presidente del Gobierno sigue manteniendo la postura de “ sostenedla y no enmendarla “ con lo que se convierte en el máximo apoyo político y cómplice de un caso que la mayoría de los ciudadanos vemos como un acto de prepotencia, enchufismo, degradación de las instituciones, egoísmo, falsificación de documentos públicos, afán por aparentar lo que no se es, reírse en la cara de todos los estudiantes que con mucho esfuerzo y trabajo, consiguen sacar sus masters y, sobre todo, una mentira espantosa viniendo de quien viene, que debería ser ejemplo de buen hacer para la ciudadanía. Si usted dice que ha hecho un master y no lo puede demostrar es usted una mentirosa. Es usted, Cifuentes, la única responsable de sus propias mentiras y todos aquellos que por intereses de vaya usted a saber por qué, no la han obligado a dimitir, ya que carece usted, señora Cifuentes, de la necesaria altura moral para hacerlo, son también cómplices en este asunto que huele tanto a podrido.

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