Lluvia de orejas en el festival del Síndrome de Down

Tarde animada de toros en Granada por una buena causa, con triunfo rotundo de Curro Díaz, El Fandi y el novillero Marcos, que cortaron dos orejas a sus respectivos oponentes

Los toreros y los niños Síndrome de Down al inicio del festjo /

En Granada, el inicio de la temporada taurina tiene nombre propio: el festival benéficio de la Asociación de Síndromde de Down. El festejo contó con una entrada respetable, con la participación de varias figuras del toreo y un encierro que no estuvo a la altura de las expectativas. El generoso público granadino, no obstante, favoreció el triunfo de los toreros, que cortaron hasta ocho orejas a los novillos de Domingo Hernández y Garcigrande.

Los festivales taurinos siempre llevan consigo una cierta relajación en las formas y los modos. Eso hizo, por ejemplo, que se permitiera la licencia de empezar casi diez minutos más tarde de lo previsto; y eso en el único espectáculo en España que, precisamente, está caracterizado por su puntualidad, casi británica podríamos decir. Con ello, además, el respetable se mostró siempre más dadivoso de  lo habitual, como también el palco presidencial - ocupado en esta ocasión por Mariano de Damas - que concedió, a petición del público, algunos trofeos que en otras circunstancias no hubieran merecido tal reconocimiento. Se trataba, en definitiva, de pasar una gran tarde de toros, permitiendo el triunfo y reconociendo la labor de los toreros.

Finito de Córdoba abrió plaza mostrando lo profundo de su tauromaquia. Lo mejor vino con la mano derecha, sacando buenos muletazos al primero de la tarde. La cosa parecía prometer pero el novillo - como el resto de sus hermanos - se rajaron y acusaron la mansedumbre que llevaban dentro. Aseado estuvo en todo momento, tirando de oficio e intentado gustar. Vendió al novillo cuanto pudo, pero poco había que sacar; la clase que tuvo en la embestida no fue suficiente. Agradó Finito, sin duda a pesar de haber estirado la faena no sin demasiado sentido. Voluntad ante todo.

Pero lo tuvo sin duda Curro Díaz. El torero de Linares no tuvo oponente. Más que torear tuvo que realizar una clase de profilaxis, cuidando la embestida, sin someter al animal y sin obligarlo; todo ello con el fin de que no se desparramara sobre el albero. Sin fuerza, sin casta y sin codicia fue este "Bárbaro", herrado con el número 48. Bárbara hubiera sido la faena que hubiera firmado Díaz si llega a tener qué torear, pero no fue el caso.  Cumplió expediente, estando voluntarioso, poniendo de su parte e intentando corregir la embestida rebrincada del animal; temple y medida - oficio, en definitiva - le sirivieron para poder cortar dos generosas orejas.

Pero eso sí, que a nadie le quepa duda: Granada es de El Fandi. El público estuvo volcado con el torero de la tierra y eso que no tuvo su mejor tarde. Ni estuvo especialmente hábil con el capote, a pesar de su repertorio puesto de manifiesto; ni tampoco con las banderillas, a pesar del juego y el espectáculo que ofreció. Vibró la plaza con sus largas cambiadas a la salida del toro así como en los quites por lopecinas y los rehiletes a toro pasado. Manso de libro fue el que le tocó lidiar, sin duda; pero tampoco estuvo El Fandi en su tarde más brillante. Sin toro poco se puede hacer. Blandeó manos desde el primer tercio pero el mimo que ofreció el granadino sirvió para que llegara hasta la muleta; eso sí, ¿a qué precio? Al de mantener vivo a un novillo muerto desde el inicio. Pero da igual, el público lo aplaudió todo, incluso cuando el toro, al final de la faena, se echó en la arena porque ya no podía con su alma.

Lo de Cayetano tampoco pasará a los anales, desde luego. Como diría Antonio Lorca esto está muy cerca del carretón e incluso saldría más barato. Ni se acopló ni trató de sacarle la poca enjundia que ofrecía el animal. Soso, sin fuerza y sin transmisión. La faena que construyó el pequeño de los Rivera Ordóñez estuvo, qué duda cabe, a la altura de su oponente. O sea, un pestiño. Marró con la espada, con tres pinchazos  tras un aviso y una estocada. Sino hubiera sido por eso también hubiera tocado pelo.

Uno de los platos sugerentes de la tarde lo ofreció Joaquín Galdós, uno de los toreros revelación de estas dos últimas temporadas. Su presentación el coso granadino vino de manos de las ganas que puso en toda la faena. No obstante, la falta de rodaje del torero se vio acusada en varios momentos. Bronco en los cites y sin terminar de componer bien la figura, Galdós ofreció una faena digna, echándoe la mano a la pezuña al de Domingo Hernández y tirando de él todo lo que pudo, que fue bastante. Sin duda, le tocó en suerte el mejor del encierro, aunque se acabó pronto.

Para cerrar plaza, el nieto del ganadero: Marcos. Este novillero fue una de las sensaciones de la tarde, por su firmeza en el ruedo y por su modo de hacer las cosas ante la cara del toro. Decidido, seguro y con cierto refinamiento, presentó con nota sus credenciales en este coso casi centenario. Salió a por todas y se echó de rodillas para recibir al sexto, para luego enjaretarle una serie de verónicas de bella factura. Gran par de banderillas el que ofreció uno de los peones, todo como preludio para una faena de muleta que tuvo momentos sobresalientes. El toro se fue viniendo a menos y con ello la intensidad de la tauromaquia elemental pero, aun así, intentó Marcos salvar la papeleta poniéndole ganas. Vendió el toro al tendido, entendiendo que parte del éxito no está en torear sino en mostrarlo al respetable. Lo suficiente como para que el público terminara pidiendo las orejas e, incluso, minoritariamente, hasta el rabo.

Con todo, y a pesar de algunos momentos notables, lo más notable fue la gratuidad del público en su interpretación de los hechos. Los toros mansearon, pero se les aplaudió en el arrastre; un toro se echó y la gente lo jaleó mientras El Fandi se desplantaba con el animal. Se marraba con la espada, pero se seguía gritándole al encanto físico de Cayetano. No había cogido aún los trastos el matador, y ya se jaleaba para que tocara la música. Si por aplaudir, incluso, se aplaudió hasta el despeje de plaza con los alguaciles.... Así son las cosas. Todo sea por una buena causa.

 

Ficha del festejo

Real Maestranza de Caballería de Granada. Con más de un cuarto de plaza, en tarde agradable, se han lidiado toros de Domingo Hernández (1º, 2º, 4º y 5º) y Garcigrande (3º y 6º), mal presentados, toreables pero desrrazados. Mansos 3º y 4º.

Finito de Córdoba, oreja tras aviso.

Curro Díaz, dos orejas.

El Fandi, dos orejas.

Cayetano, saludo tras aviso.

Joaquín Galdós, oreja.

Marcos, dos orejas.

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