El engaño de la basura electrónica

El comentario de Juan Francisco Rojo

Hace ahora más o menos un año que Radio Palencia de la Cadena SER informaba del riesgo de cierre de la planta de reciclaje Induraees en la localidad palentina de Osorno. Llegó a comunicar a la Junta, aunque luego la amenaza no se consumó, que dejaba de recoger electrodomésticos viejos con el consiguiente riesgo de despido para los 40 trabajadores que entonces conformaban la plantilla. Siendo esto grave, que lo es, la noticia encubría una realidad todavía más flagrante.

En lo que se ha dado en llamar el fraude en el reciclaje de los aparatos, se detectaba que los fabricantes cobran a los ciudadanos el canon correspondiente a cambio de hacerse cargo del reciclaje de los electrodomésticos. Ese canon debe revertir en una Fundación de productores que a su vez se encarga de pagar a plantas como Induraees. La verdad es que el impago de los productores ha llegado a estrangular a la planta osornense. En la confirmación de que este es un país de pandereta, de mercachifles y de pícaros, se evidenciaba lo que se ha definido como el timo del reciclaje en lo que respecta a electrodomésticos.

Es decir, hay una panda de bandidos que se aprovecha de ciudadanos bienintencionados y comprometidos que pagan tasas por el reciclaje pensando en el medio ambiente, para que luego los aparatos acaben en vertederos ilegales, chatarrerías u otros lugares no identificados. He de decir que no es una práctica exclusiva de España; y que se ha detectado en otros países de Europa. En medio de esa vorágine nos hemos acostumbrado a vivir. La del engaño perpetuo. Electrodomésticos que no se reciclan, Masters que no son tal, medicinas alternativas que llevan al paciente a la tumba, productos milagrosos que minan nuestra salud…

el mundo de la gran mentira. Y el timado siempre es el mismo, claro. El ciudadano que en el caso de España paga cada año cientos de millones de euros para que los residuos sean debidamente tratados. Ya he dicho que no somos los únicos; pero no se engañen: somos el país europeo con más fraude en el reciclaje de basura electrónica. Nos erigimos en campeones del engaño. Y pásmense, no hace mucho la Unión Europea concluía que el 75 por ciento de los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos que se generan en nuestro país, no se gestionan de forma adecuada.

De una tacada perjuicio para el medio ambiente, para la salud de las personas y fraude a los consumidores. Pagamos de media entre 5 y 30 euros por un servicio que no se presta. Es lo que tiene vivir en un país de tahúres. Y, ojo, que el problema es grave: generamos casi 18 kilos de este tipo de basura por persona al año. Aunque la verdadera basura está en los bandidos que nos engañan.

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