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“A veces las familias no quieren colaborar después de que su hijo cometa un delito”

La Fundación Pinardi cumple dos meses en Parla con un programa para actuar con menores infractores inimputables

Cada año, unos 800 menores de 14 años cometen algún tipo de infracción o delito en la Comunidad de Madrid. /

El centro Valora de la Fundación Pinardi en Parla lleva a cabo desde hace dos meses un programa piloto con la Consejería de Familia y Servicios Sociales para tratar con menores infractores inimputables (aquellos niños menores de 14 años que han cometido una infracción o delito).

Allí reciben a niños de toda la zona sur, con los que, junto con sus familias, establecen un programa para detectar el porqué de esa conducta delictiva y cómo solucionar esa situación. “Los niños, cometiendo un delito, nos lanzan el mensaje de que algo no va bien”, nos ha explicado José Carlos Rodríguez, coordinador de este programa ‘Redes sin límite’ que de manera piloto también se desarrolla en Alcalá de Henares y Madrid.

Cada uno de los tres centros tiene una capacidad de doce casos al mes, más tres “plazas de urgencia”. En Parla, en estos dos meses, han evaluado 25 casos y establecido contacto con las familias; de ellas, de momento, cinco ya han decidido sumarse al programa.

Cada año, unos 800 menores madrileños cometen infracciones o delitos siendo menores de 14 (la mitad de ellos serían casos que podrían entrar en este programa); el perfil: normalmente varones, de 12-13 años que cometen hurtos, lesiones, acoso… y los menos, robos con violencia. La Dirección General de la Familia y el menor es quién deriva a los menores, según los casos que remite la Fiscalía.

José Carlos Rodríguez, coordinador del programa ‘Redes sin límite / SER Madrid Sur

El protocolo tiene varias fases: avisar a las familias por carta, establecer contacto telefónico y luego actuar tras la primera entrevista para trabajar con la familia para demostrarles la necesidad de actuar conjuntamente. “Les transmitimos que esto no es un castigo, que está destinado a lo educativo y a la socialización. Queremos que sepan que les vamos a apoyar para que mejore su vida y crezcan con más posibilidades”, explica.

La actuación quiere tocar todos los campos en los que se mueve y que tengan relación con el niño y, en base a un diagnóstico personalizado, se ven los factores de riesgo que puede tener. “Hay mucho trabajo individual con ellos y las familias y tenemos también un psicólogo si es necesario”, explica.

Las actuaciones se plantean a un año vista y después otro año de seguimiento.

 

Papel de las familias

“No se puede trabajar solo con el niño, hay que hacerlo con la familia”, remarca Rodríguez. Aquí se encuentran con varias actitudes: algunas toman la iniciativa en cuanto reciben la primera carta, con otras, cuesta que se acerquen al centro y hay casos de resistencias claras a cualquier tipo de intervención, bien porque creen que no es necesario o porque no quieren que se descubra todo lo que hay detrás. “A veces es muy difícil porque no todo el mundo recibe bien que su hijo tiene algo que mejorar o temen que vayan a destaparse otras conductas”, apunta.

El programa es voluntario, así que, si después de insistir y mediar a través de todos los mecanismos posibles (Servicios Sociales, centros escolares…) no se consigue que acudan, nada se puede hacer.

“No estamos para juzgar a las familias y al escucharles cómo viven ellos estas situaciones podemos buscar una solución”, concluye.

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