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Eva Reyes

‘La Universidad, bajo sospecha’

Pablo Casado se apuntó al Máster de Derecho Autonómico de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid con el objetivo de iniciar un doctorado

La Línea de la Concepción

Según publicó ayer El Diario.es, después de su periplo americano con sus supuestos posgrados de entre cuatro y diez días, Pablo Casado se apuntó al Máster de Derecho Autonómico de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid con el objetivo de iniciar un doctorado. Su motivación, "tener una salida profesional" al margen de la política. Lo inició en 2008 y lo acabó, según su versión, con cuatro trabajos que sumaban unos 90 folios y sin ir nunca por clase.

El organizador de máster era el mismo que el de Cristina Cifuentes, un catedrático que está siendo investigado por la Fiscalía tras admitir que se falsificaron actas del trabajo fin de máster de la presidenta de Madrid, Cristina Cifuentes.

En el expediente de Pablo Casado, vicesecretario y diputado del PP, no se ha detectado ninguna manipulación de notas como en el caso Cifuentes, pero la obtención de su título es también presuntamente irregular por el sistema de convalidación y el modo de aprobar las asignaturas que le quedaban pendientes. Se sacó este título por una vía rápida que no suele existir para el resto de estudiantes de las universidades públicas españolas.

El propio Casado ha reconocido en rueda de prensa que convalidó 18 de 22 asignaturas, que no asistió a ninguna lección y que tampoco se examinó de las cuatro materias que tenía que aprobar.

Los casos de Pablo Casado y Cristina Cifuentes no son los únicos que están sembrando sospechas sobre las facilidades que, según quien eres, tienes para obtener un logro académico. En los últimos días hemos asistido a dimisiones de políticos que habían inflado su currículum, así como al reconocimiento por parte de otros de que han mentido sobre los estudios que poseen para hacer sus perfiles más atractivos.

Sin duda, ésta no es una buena noticia. A los constantes casos de corrupción política, ahora se une otra moda entre nuestros políticos, que parecen empeñados en que cada vez desconfiemos más de su honorabilidad y honestidad. Y lo que es peor, si no se les pilla, aquí no pasa nada.

La indignación es especialmente palpable entre aquellos y aquellas que, a base de esfuerzo económico e intelectual, luchan cada día por mejorar su formación, sin ninguna garantía además de que eso les conduzca a la vida profesional que desean. En definitiva, el mundo al revés. Es necesario que las universidades españolas adopten y con urgencia medidas que eviten estos tratos de favor, pues las consecuencias para su credibilidad pueden ser catastróficas.

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