Pablo García Casado evoca la Córdoba de los 80 en su pregón del Mayo Festivo

El poeta recordó las romerías, la cata, las cruces, los patios y la feria de su juventud en un texto en clave generacional

Pablo García Casado se presentó en la tarde del martes en el Salón de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos “como diría Rosendo, agradecido” y con el firme propósito de ofrecer a los allí presentes “otra cosa, porque el escritor debe huir de la retorica gastada, de lo que otros ya escribieron mejor” dijo, a modo de declaración de intenciones.

Y así fue, porque el suyo resultó ser un pregón sin duda alejado de las hipérboles, las metáforas y los golpes de pecho que por costumbre abundan en este tipo de textos. Quizás porque para el pregonero “no hay un cordobés prototipo. Cada uno es cordobés un poco a su manera, ya sea por haber nacido o por elegir vivir aquí. Porque ser cordobés, es mucho más que un apunte en el DNI. Ser cordobés, como diría Valdano, es un estado de ánimo.”

Y dicho esto, Pablo García Casado comenzó su peculiar retrato de esa Córdoba de finales de los 80 en la que él descubrió la Romería de Santo Domingo “mientras sonaban Los de Sierra Morena en el interior de un landrover que tiraba de una carreta decorada de flores y guirnaldas de papel que conducía el padre de José, mi vecino”

De la Cata contó que fue el poeta Vicente Núñez el que le dio a probar el vino por primera vez en una fría mañana de diciembre en Montilla, cuando todavía era un adolescente. “Eran los 80” añadió el pregonero, para cerrar la anécdota, a modo de excusa.

También hubo lugar en el pregón para recordar a Pablo García Baena, cuando dijo que las cruces de mayo son “religiosas y paganas” como un poema suyo.

El pregonero también trató de responder una pregunta para la que reconoció que no existe respuesta: “¿Por que abrir cada año las puertas de los patios de las casas?” Una respuesta que “han buscado los sociólogos, como Ángel Ramírez, arquitectos como Rafael Obrero, paisajistas como Rosa Colmenarejo. Y empresarios y economistas, y operadores turísticos. Y hasta un voluminoso informe para la UNESCO, de impecable retórica” añadió. Una pregunta sin respuesta “quizá porque el patio es algo más que una puerta que se abre a los que pasan. Es convertir también tu casa en la ciudad. Esa ciudad que es tu casa, que es mi casa, que es nuestra casa.”

En el texto de Pablo García Casado hubo un lugar especial para la Feria que en aquellos años ochenta todavía se celebraba en los jardines de Vallellano. “Para mí la feria siempre serán Hamburguesas Uranga. Y los baturros y su vino malo y su barquillo. Y la pesca del patito y los goles del Córdoba, como un clamor, en el Estadio. O la Copa de Europa del Madrid en una pantalla gigante, por qué no, todo es posible”. Una feria que reconoció que “quizás no sea la mas bella, pero es la mía”

Por último, Pablo García decidió cerrar su intervención con una peculiar relación de agradecimientos a quienes de forma anónima hacen posible con su trabajo que el resto disfrutemos cada año de las Fiestas de Mayo, desde los conductores de Aucorsa o los taxistas " que recogerán de madrugada nuestros pedazos y los pondránen la puerta de casa", hasta por  "todos los padres que aún pasan miedo en el Castillo del Terror, que tienen pánico a subir a la noria, y  por los que bajan del Ratón Bacilón con la cara desencajada de pánico"

 

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