¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Sobre la (buena o mala) reputación

La Firma de Doroteo González

¿Por qué hay personas que, cuando se ven próximas a tener protagonismo en la vida política, optan por aliarse con una serie de artificios sobre su recorrido académico o profesional? Imagino que esa práctica de ensimismamiento de cara al gran público debe estar provocada por la ansiedad de llegar cuanto antes a las más altas esferas de poder que creen tienen a la mano.

Este fenómeno de “masterbación” que nos invade, esta nueva tipología de onanismo sobre parte de la trayectoria pasada de las personas que habitan en el mundo de la política tiene una clara relación causa-efecto. Por un lado los partidos políticos creen darle mayor lustre a sus listas integrando candidatos cargados hasta las cejas de titulaciones. Por otro, quienes aspiran a formar parte de esas listas pueden sentir la tentación de elegir atajos confundidos entre algunas sombras que les empujen hacia la élite. Por tanto, esa exigencia de brillo académico debe cuestionarse de manera prioritaria como convicción o principio de conquista electoral.

A la mayoría de los ciudadanos el éxito de los currículums que más les interesa es el de sus hijos o, en todo caso, el suyo dentro de su justa privacidad. Y si se plantea decidir entre la calidad humana y la calidad académica, sin lugar a dudas una gran mayoría se decantaría por ser buenas personas. Pues con los personajes de la vida pública los criterios de valoración son idénticos.¿Y qué cualidades esenciales se espera de los políticos? Aún a riesgo de ser pesados habrá que repetir que tienen que ver con la ética, con la honestidad, con las convicciones sobre la vida, con la capacidad de resolver problemas. En definitiva, con su grado de credibilidad.

Las personas brillantes también lo son por cosas tan básicas como la decencia o porque entienden que primero deben escuchar y que, sólo desde ese momento, se ganan el derecho a ser escuchados. Habrá que hurgar entre la oferta de postgrados universitarios y localizar cuáles de todos esos valores se incluyen en sus temarios. Y aunque los haya, que los hay, difícilmente puede aprobarse si el alumnado no acude a clase.

La reputación, la buena reputación, es uno de los mejores argumentos sobre el liderazgo dentro de la vida pública. Así que, antes de abordar su adicción a la propaganda electoral, pregúntense quienes aspiren a ejercer con dignidad la política: ¿Conviven con los problemas de la calle? ¿Se ven capaces de activar identidades más profundas que las de tan sólo ser militantes de un partido?; ¿Son admirados desde diferentes perspectivas y no sólo desde la de su marca política? ¿Pueden evidenciar que una parte importante de la ciudadanía quiere de verdad que represente sus intereses? Sinceramente, ¿se sienten queridos como unos vecinos más? … Pues eso.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?