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El peligro de las pantallas

Una excesiva exposición de los niños a las pantallas, activa en sus cerebros un mecanismo de recompensa inmediato.Esto les genera frustración cuando dejan el mundo virtual para entrar en el real.

Una excesiva exposición de los niños a las pantallas, activa en sus cerebros un mecanismo de recompensa inmediato. Esto les genera frustración cuando dejan el mundo virtual para entrar en el real.

 A pesar, de los muchos beneficios que la conectividad ha traído a la evolución social, debemos conocer los límites de la exposición a las pantallas, sobre todo cuando hablamos de niños.

El cerebro de los adultos ha crecido con otra realidad, con otras estimulaciones. De forma, que normalmente somos capaces de cribar la cantidad de tiempo que dedicamos a las pantallas.

Un niño no sabe establecer estas diferencias. El mundo de las pantallas es para ellos muy atractivo, estimulante, rápido. Además, sienten que tienen el control de esta tecnología. Esto les proporciona mecanismos de recompensa inmediatos, les da una sensación de bienestar de la que no se pueden separar.

Son los adultos quienes deben poner límites  de una sobre exposición que puede ser muy perjudicial para los menores.

Los niños actuales, a los pocos meses están viendo la televisión. Están sobre estimulados con unas velocidades que no tienen correlación con la realidad. Es probable que en el futuro generen problemas de adaptación a la lentitud de la vida real y de las recompensas. Cuando descubren que la vida funciona a otro ritmo, tienen sensación de un aburrimiento que no saben llenar. 

No tolerar el aburrimiento es muy problemático, porque es en estas situaciones cuando aparece la creatividad. Es cuando el cerebro crea conexiones y articula su mundo interno.

Las pantallas sustituyen el mundo interno de los menores por uno externo que coarta su creatividad. Cuando sean adultos, necesitarán esta capacidad. Les hará falta para dar soluciones a problemas, para crear proyectos en el mundo laboral...

Cultivar la paciencia es una de las virtudes del ser humano. Los niños deben aprender que sin paciencia y sin perseverancia, no llegan los resultados.

Cuando les pongamos límites con respecto a la exposición a las pantallas, debemos ser firmes y congruentes. Nuestro ejemplo es crucial. Si les prohibimos comer con el móvil, no podemos hacerlo nosotros.

Debemos preocuparnos cuando acaba el tiempo que tienen establecido para estar dentro del mundo digital, y sienten ansiedad, ira e irascibilidad.

Belén Colomina, Psicóloga y Terapeuta Gestalt

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