El turista sostenible

Reflexionando acerca de uno de los temas de moda, como no, EL TURISMO, me he embarcado en redactar una especie de “normas” que debería cumplir o quizás características que deberían tener el perfecto o la perfecta turista, y así poder añadir al término “turismo”, el adjetivo también de moda, y más que necesario de “sostenible”.

Leyendo distintos puntos vista, no se pueden imaginar todo lo que hay escrito, lo primero que llama mi atención es nuestra negación de recocernos como turistas. Como suele pasar con cualquier definición que podamos sospechar que perjudica nuestra reputación, yo, nosotras, cuando viajamos somos aventureros, exploradoras, descubridores, si acaso visitantes, los turistas son los que vienen a dar morcilla, eso sí, si dejan mucho dinero, o nos dedicamos al negocio turístico, el turista se convierte en invitado.

A la exploradora y al turista nos aúna nuestra necesidad de escapar de la rutina, de emanciparnos del día a día, de la búsqueda de Ítaca, y nos separa, aunque seguimos siendo una única persona, la máscara de turista, gracias a la cual nos embarcamos en la meca del hedonismo, en la que no existen leyes morales, y lo mejor, como no nos conocen, no hay que pagar ningún coste social por hacer lo que nos dé la gana.

Extraigo de un texto de 1968 de la novela “Iberia” de James Michener, un posible resumen de por dónde creo que está el equilibrio, dice así,

“por mucho que se vea de este mundo, nunca es bastante, y comer en armonía con la naturaleza es saber vivir, y el viajero que no explore de esta forma la tierra por donde va, mejor sería que se quedase en su casa”.

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