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ENTREVISTAPepa Bueno entrevista en directo a Alfonso Guerra, histórico dirigente socialista

"Si decides cuidar a un familiar, se rompe tu proyección laboral y personal"

3.100 personas, la mayoría mujeres, decidieron dejar el año pasado su empleo en Euskadi para atender a sus famiiares

En Euskadi, al cierre del año pasado, fueron 3.100 las personas, el 89 por ciento mujeres y mayores de 45 años, las que abandonaron su empleo para cuidar a un familiar. Datos de Previsora Bilbaína y la Fundación Adecco que también apuntan que frente a las 4.600 personas inactivas en 2016, ahora se contabilizan 7.700 por este motivo.

 Cifras con rostro, con historias que hemos encontrado en Bizkaia y que subrayan otra arista más de una sociedad envejecida y que aún no compensa la conciliación porque es incompatible o bien con el empleo o con los gastos que genera el cuidado de estos familiares. Feli cuida a su hijo, ahora tiene 25 años, desde que hace 12 cayó enfermo. Dejó de trabajar previamente pero no pudo volver a incorporarse al mercado laboral. "Toda ayuda es poca pero al final alguien tiene que ponerse al frente de los cuidados. En nuestro caso Arkaitz necesitaba operaciones y sólo se las podían realizar en Francia". Junto a ella Mertxe, pertenece a esa generación que ahora cuida de sus padres. "En mi caso desde hace cuatro años. Entonces a mi madre le diagnosticaron Alzheimer". En su caso intenta compaginar su trabajo con la vida familiar y "lo puedo hacer porque tiro de días sin sueldo". 

La excepción la encontramos en el caso de Manuel. Cuida de su hermano con discapacidad mental tras la muerte de su madre. "No me perdonaría que acabara en una residencia. Tuve que cambiar mi vida personal y profesional. Cuando ahora trabajo es lo comido por lo servido porque el dinero se lo doy a la chica que cuida de mi hermano". Se suceden los casos y el patrón es muy parecido. Susana es enfermera y nos cuenta que sólo tuvo que cuidar un año a su padre con demencia, pero "tomamos la decisión que yo al tener un empleo fijo fuera quien me redujera la jornada". No todas cobran las ayudas por dependencia. No son compatibles con los centros en los que durante unas horas llevan a sus familiares.

Pero también hay madres coraje. Edurne Solupe, ahora jubilada, tiene una hija con enfermedad mental. "No pude ni plantearme dejar el trabajo porque he criado sola a mi hija y ese dinero nos hacía mucha falta. Pero si yo te contara los viajes colgada al teléfono para que mi hija me sintiera cerca". Todas coinciden en subrayar que ni las instituciones que conceden ayudas ni las empresas son sensibles a este tipo de situaciones. No se compensan los cuidados- La red familiar es fundamental pero cada vez más escasa. No hay padres, pocos hermanos. Recupera aquí los testimonios de quienes tras salir de nuestros estudios han vuelto al cuidado de sus familiares.

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