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El mapa de la provincia de Cuenca en el siglo XIX, antes de perder 58 pueblos

Las tijeras de varias reformas administrativas emprendidas entre 1804 y 1851 conformaron la provincia de Cuenca como la conocemos ahora. Por el camino se quedaron varios municipios, pero se añadieron otros

Mapa de la provincia de Cuenca y Obispado. 1766. /

Al comienzo del siglo XIX la provincia de Cuenca no era como la conocemos hoy en día. Su extensión era mayor y abarcaba municipios que hoy pertenecen a Guadalajara, Albacete o Valencia. En compensación se añadieron otros de la provincia de Toledo. ¿Cómo fueron esos cambios? De eso hemos hablado en el espacio Así dicen los documentos que coordina José Vicente Ávila y que se emite cada martes en Hoy por Hoy Cuenca.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

La provincia de Cuenca, que es la quinta de España con una extensión geográfica de 17.141 kilómetros cuadrados, cuenta en la actualidad en su Nomenclátor con 238 municipios, incluidas las localidades que forman agrupaciones como Sotorribas, Campos del Paraíso, Villas de la Ventosa o Pozorrubielos de la Mancha, por citar algunos ejemplos.

En el siglo XIX sufrió varias desmembraciones del territorio en los años 1804, en 1833 y en 1851. La provincia de Cuenca podía conocerse en la historia como la más altruista del solar hispano, pues ha prestado sus tierras a sus vecinas colindantes y ve pasar el agua trasvasada para otros lugares menos fecundos, pese a que existan otras tierras en las que el agua “se va hacia el mar, que es el morir”, que decía Jorge Manrique en el poema Coplas a la muerte de mi padre. Para encontrar la mejor explicación sobre estos cambios en el mapa nacional es obligado citar el Diccionario Geográfico de Madoz que, siendo ministro de Hacienda el conquense Miguel Mateo Ayllón, encargó al navarro Pascual Madoz, nombrándole presidente de la comisión de Estadística.

Dibujo de Cuenca de 1863. / Archivo José Vicente Ávila.

El escritor conquense Cayo Román Cardete, desde el lecho, debido a una enfermedad degenerativa, escribió no pocos escritos literarios y poéticos, entre ellos uno referido a este Diccionario Geográfico.

Si nos centramos en que la mayor reforma del mapa de las provincias de España se llevó a cabo en noviembre de 1833, con el tijeretazo del secretario de estado de Fomento, Javier Burgos, el artículo de Cayo Román, titulado “Cuenca en el Diccionario Geográfico de Madoz” lo decía todo en sus primeras líneas: “Bajo la luna negra de Fernando VII llega el otoño de 1833 cargado de malos augurios” con la muerte del rey, las guerras y la nueva división territorial española. Escribía Cayo Román que “al iniciarse la pasada centuria [se refería al siglo XIX] el Nomenclátor de Cuenca era mucho más rico y bien distinto al del siglo XX. El siglo XIX, tan desastroso para España, llevó a cabo cinco grandes reformas cuyos arqueos nos fueron francamente adversos, pues al diseñarse la nueva cartografía de los distintos reinos, no siempre justa ni acertada, el horizonte geográfico de Cuenca cambió profundamente, se mudaron mojones seculares, se dibujaron nuevas e insólitas fronteras y se escindieron, mudos de asombro, numerosos pueblos pertenecientes a Cuenca”.

El tijeretazo de 1804

La primera reforma fue la de 1804, en la que de un solo golpe se desmembraron 80 pueblos del llamado Señorío de Molina, que pertenecían a la intendencia o provincia de Cuenca, anexionados en su totalidad a la provincia de Guadalajara. Es obligado señalar que el origen del Señorío de Molina se remonta a 1152, año en que Molina fue poblada por Don Manrique de Lara hasta que pasó a la Corona de Castilla y a la provincia de Cuenca a mediados de 1700.

Cuenca , 1851, grabado de Emile Rouargue. / Archivo de José Vicente Ávila

El tijeretazo de 1833

Tras esa primera división del Señorío de Molina a Guadalajara, llega treinta años después el secretario de Fomento, Javier Burgos, para cortar y recortar territorios sobre el mapa, y en el caso de la provincia de Cuenca podemos decir que se pasó más de tres pueblos, como se dice ahora.

Vista de Cuenca con torre de la Catedral, hacia 1892. / Fototipia

Aquí echamos mano del “Nomenclátor Ilustrado de la Provincia y Obispado de Cuenca”, de Isidro de Molina Fernández-Moreno, a la sazón secretario de la Diputación Provincial y catedrático del Instituto. Esta publicación, a cargo de la Diputación, se editó en 1883. Cito de nuevo a Cayo Román Cardete, a quien queremos rendir hoy homenaje de recuerdo, que señalaba que en ese año de 1833, con la división territorial, “bajo la regencia de la reina gobernadora, las tijeras del legislador, siempre prestas a recortar el mapa conquense, en tres recortes casi seguidos, segregaron, pese a las vivas protestas del ministro conquense Fermín Caballero, nada menos que cincuenta y un pueblos, que fueron segregados a las provincia de Albacete y Guadalajara. Entre las 26 poblaciones segregadas a la provincia de Albacete: Abengibre, Alatoz, Alborea, Alcalá del Río Júcar, Balazote, Barrax, Casas Ibáñez, Casas de Motilleja, Cenizate, Fuensanta, Fuentealbilla, La Gineta, Golosalvo, Jorquera, Madrigueras, Mahora, Minaya, Montalvos, Munera, Navas de Jorquera, Pozo Lorente, La Roda, Tarazona, Valdeganga de Jorquera, Villalgordo del Júcar y Villatoya. Vamos, que Andrés Iniesta, nacido en Fuentealbilla, además de llevar el apellido de una famosa villa de la provincia hubiera sido un futbolista conquense de fama universal. De origen conquense hubieran sido los “miguelitos” de La Roda, que introdujo en Cuenca y dio a conocer Pedro Torres en su famoso y añorado Figón; o Casas Ibáñez, donde la Unión Balompédica Conquense este último domingo se proclamó campeón de la Liga de Tercera División, y pudo ser por tanto un derbi provincial.

También en aquel otoño convulso de 1833 esa desmembración de la provincia de Cuenca benefició a Guadalajara nada menos que con veinticinco pueblos, muchos de ellos lindantes con la Serranía conquense. Estas fueron las poblaciones que pasaron de Cuenca a Guadalajara: Alique, Arbeteta, Almadrones, Carrascosa de Tajo, Casasana, Castilforte, Chillaron del Rey, Córcoles, Escamilla, Huertahernando, Illana, Millana, Hontanilla, Pareja, Peñalén, Peralveche, Poyos, Poveda de la Sierra, El Recuenco, Sacedón, Tebladillos, Torronteras, Villaescusa de Palositos, Villanueva de Alcorón y Zaorejas.

Cuenca hacia 1892. / Archivo José Vicente Ávila.

Un roto por un descosido

Aquella sangría de municipios se quiso paliar con alguna cesión de municipios de la provincia de Toledo a la de Cuenca, también en ese reajuste de 1833. Como muy bien señalaba el citado escritor Cayo Román Cardete, mal debió parecerle al gobierno de turno no cedernos nada después de haber sufrido los grandes expolios de los distintos reajustes y, añado, en compensación de los 51 pueblos que se segregaron de Cuenca a Albacete y Guadalajara, el Estado pasó a nuestra provincia ocho poblaciones de la provincia de Toledo, entre ellos Tarancón. Los restantes pueblos toledanos anexionados a Cuenca fueron El Acebrón, Belinchón, Fuente de Pedro Naharro, Horcajo de Santiago, Pozorrubio, Torrubia del Campo y Zarza de Tajo. Y de la provincia de Guadalajara pasaron a Cuenca San Pedro Palmiches y Valdeolivas.

Tarancón de Cuenca

Comentario aparte merece el de la Noble Ciudad de Tarancón, que perteneció como villa a la jurisdicción de Uclés, que tuvo su importancia en la Edad Media, y a partir de 1591 incluida en la llamada provincia de Castilla de la Orden de Santiago, pasando posteriormente a la provincia de Toledo. En ese afán de esquilmar las tierras de Cuenca para beneficiar a otras provincias cercanas y linderas, al menos Tarancón volvió a sus raíces ucleseñas de tanta proximidad, y sobre todo a sentirse conquense con todos los derechos que había obtenido.

Nueve partidos judiciales

Pese al recorte de ese medio centenar de pueblos la provincia de Cuenca tenía su importancia, con esos nueve partidos judiciales. Recoge muy bien el “Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico de España y sus pueblos de Ultramar”, conocido como el Madoz, editado en 1850, que la provincia tenía en 1844, según el Registro Municipal, un total de 54.837 vecinos, que eran familias, mientras que el número de almas, o sea habitantes, era de 218.087, aunque la estadística variaba según el organismo que lo facilitaba. Esa cifra de habitantes se repartía así entre los nueve partidos judiciales cuyos escudos figuran en el salón de actos del Palacio Provincial de la Diputación:

Belmonte, con 29 municipios, 28.924 almas.

Cañete, con 45 pueblos, 46.696

Cuenca, con 77 municipios, 30.490

Huete, con 35 pueblos, 22.534.

La Motilla del Palancar, con 32 localidades, 29.541

Priego, con 43 municipios, 18.608

Requena, con 14 pueblos, 24.840

San Clemente, con 25 pueblos, 25.958

Tarancón, con 17 localidades, 18.497 almas.

La provincia de Cuenca, con 317 pueblos, pertenecía a Castilla La Nueva con Guadalajara, Madrid, La Mancha (que era Ciudad Real) y Toledo. De aquellos 317 núcleos a los 238 pueblos del Nomenclátor actual han causado baja 79, que bien se han escindido a otra provincia, se han reagrupado en núcleos de población o convertido en pedanías, como es el caso de las de Cuenca: Nohales, La Melgosa, Mohorte, Tondos, Valdecabras, Cólliga, Colliguilla o Villanueva de los Escuderos. Algunos se los llevó el pantano de Alarcón, como Gascas, o el de Buendía, como Santa María de Poyos, reconvertido en Paredes como poblado de colonización.

El tijeretazo de 1851

Pasaron dieciocho años para la siguiente segregación, la de 1851, cuando todo un partido judicial como el de Requena pasó a la provincia de Valencia. Reinando ya Isabel II se desmembraron de la provincia de Cuenca ocho pueblos. Este caso fue más sangrante, pues Cuenca se quedó sin esos pueblos de la llamada Valencia castellana, como lo eran Camporrobles, Caudete de las Fuentes, Fuenterrobles, Requena y sus caseríos, Utiel, Venta del Moro y Villalgordo del Cabriel. Requena y Utiel siempre tuvieron a gala su conquensismo y hasta hace poco más de medio siglo pertenecieron a la diócesis de Cuenca.

El territorio de la diócesis

Apuntaba Isidro de Molina en su Nomenclátor de 1883 que el territorio de la Diócesis de Cuenca abarcaba a pueblos no sólo de Cuenca, sino de Albacete, Valencia, Toledo y Guadalajara.

Mapa del Obispado de Cuenca. / Biblioteca Digital Real Academia de la Historia

Se llegó a publicar que el circuito del Obispado abarcaba unas 90 leguas, que eran unos 505 kilómetros, formados por la unión de los antiguos de Valeria y Ercávica. En el Siglo XVIII tenía diez arciprestazgos y nada menos que 412 pilas. Hasta mediados de los años cincuenta del siglo XX, Utiel y Requena pertenecieron al Obispado, hasta el punto de que en la Coronación de la Virgen de la Luz, en 1950, estuvieron las patronas de Fuensanta, San Antonio de Requena y Utiel y la de Villanueva de Alcardete, mientras que en la de la Virgen de las Angustias, en 1957, hicieron acto de presencia la Patrona de Requena y las de Alcahozo y Camporrobles.

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