Mora Encantada, una calle de leyenda

Gema Garrido recupera la leyenda del enamoramiento entre una mora y un cristiano en 'Callejeando por Tarancón'

Calle Mora Encantada. /

'Callejeando por Tarancón' nos ha llevado esta mañana hasta la calle 'Mora Encantada'. Su autora, Gema Garrido, ha recordado que es una vía que comienza en la Calle Antonio Machado y termina en la Avenida Miguel de Cervantes.

Gema Garrido

LEYENDA

Cuenta la leyenda que una bella mora y un cristiano se enamoraron. Ella era hija de un rico caballero árabe y él, un humilde cristiano. Se veían en secreto, hasta que un día el padre los descubrió y prohibió que siguieran juntos. El padre encerró a la joven mora en su castillo, pero ella seguía esperando a su amor cristiano y rechazando todas las ofertas de matrimonio que le llegaban. Mientras tanto, el cristiano vagaba por las calles llorando su pena. El progenitor, encolerizado, mandó entonces encerrar a la joven en una cueva, donde moriría de pena. El lugar recibe el nombre de “cueva de la mora”, “mora encantada” o “cerro de la mora”.

En lo que coinciden todas las versiones es en que en la noche de San Juan, la más corta del año, la bella mora se aparece en las cercanías de la cueva y vaga por los alrededores esperando a que vuelva su amado cristiano, mientras peina su larga cabellera negra, sentada junto al río con un peine de oro.

La fascinación por este tipo de mitos, llevó a Gustavo Adolfo Bécquer a escribir la leyenda titulada “La Cueva de la Mora”, que ambientó en el municipio navarro de Fitero y que narra cómo el alma de la hija de un alcaide moro aparece cada noche vagando por las ruinas de una fortaleza árabe y llena en el río una jarrita de agua.

LEYENDA DE LA MORA ENCANTADA EN LA PROVINCIA

Esta historia, transmitida de generación en generación, se puede encontrar en numerosos municipios de España y, en provincia de Cuenca, tenemos varias localidades con algún paraje cuyo nombre evoca esta leyenda.

En Uclés, a unos 300 metros desde la salida del pueblo, se encuentra el Cerro de la Mora Encantada, con dos agujeros en dirección ascendente, de escasa profundidad, formados por disolución, en un corte de la roca. En este lugar se encontraron punzones de hueso, flechas, hachas y martillos de piedra prehistóricos.

Según el relato versificado de Rosario Bonaechea, recogido por Mariano Collado en la Revista Castillejo en el año 2007, en Uclés se dice que quien escuche las penas de la joven mora en la noche de San Juan, recibirá como obsequio un peine de oro, que desaparecerá si no guarda su secreto.

En Barchín del Hoyo, cerca de Alarcón, hay también un Cerro de la Mora Encantada. Allí se cuenta que en el S.XVII un labrador, muy buen cristiano, soñó durante quince días consecutivos que encontraba un tesoro que iba a remediar todos los males de España. Encontró en ese cerro un castillo enterrado en el que hallaron joyas, huesos humanos, tinajas, aderezos de cocina y monedas de la época de Julio César.

En Carrascosa del Campo hay un paraje conocido como la Cueva del Bache o de la Mora Encantada; en Castejón tienen la Cueva de la Mora; y en El Picazo, el Peñasco de la Encantada. También en la vecina provincia de Toledo, en Santa Cruz de la Zarza, existe un enclave llamado Cerro de la Encantada.

En Tarancón existió un paraje que recibía el nombre de “Eras de la Mora Encantada”, desde el que la gente contemplaba los fuegos artificiales durante las fiestas, según recordaba José Luis Domínguez Ruiz en su pregón de las fiestas de 1997. La calle actual era el Camino de la Mora Encantada.

MINA DE LA MORA ENCANTADA

En Torrejoncillo del Rey, un municipio enclavado entre los límites de la Sierra, la Alcarria y la Mancha conquense, la leyenda dice que en la madrugada de San Juan solía aparecerse una joven princesa mora muy bella, que peinaba su larga cabellera sobre el cerro, hasta que una día fue sorprendida por un hombre, desapareció como por encanto, y desde entonces, no volvió a salir jamás. Desde ese momento el pequeño cerro fue conocido con el nombre de “Mora Encantada”.

En 1955, un vecino de esta localidad, D. Pedro Morales Cuenca, soñó que en ese lugar “encantado” se hallaba oculto un ataúd blanco repleto de monedas de oro, escondido en un palacio de cristal. Confiado en el vaticinio que le había sido revelado en sueños, se lo contó a dos amigos y les convenció para que le ayudaran a encontrar esa fortuna.

Pedro había soñado con anterioridad que encontraba agua en una finca de su propiedad, en un lugar en el que parecía imposible, tras excavar un pozo. Para sorpresa de todos, cavó y encontró ese agua, que aún hoy no falta, ni en los veranos más calurosos. Con estos antecedentes, sus amigos, Alfonso Feijoo y Juan García, no dudaron de su presagio.

Se pusieron manos a la obra y, tras excavar unos cinco metros, Pedro, Alfonso y Juan dieron con las paredes de un pozo picado a mano y lleno de escombros. Continuaron cavando hasta llegar a unos veinticinco metros de profundidad y accedieron a una gran estancia de la que partían infinidad de galerías con las paredes tapizadas de cristal.

La cavidad resultó ser una mina romana de lapis specularis, de la que no quedaba recuerdo en el pueblo. Este mineral se cortaba en láminas casi transparentes y se utilizaba para vestir las ventanas de las casas durante el Imperio Romano.

El descubrimiento tuvo gran notoriedad y repercusión social, e incluso se enviaron tres dotaciones de la Guardia Civil desde el Gobierno Civil de la provincia para poner orden entre los curiosos y para requisar el tesoro que presumiblemente iba a aparecer.

También la prensa nacional se hizo eco de la noticia y envió a sus corresponsales a Torrejoncillo para entrevistar a los protagonistas de la historia. Incluso se desplazó allí un arqueólogo que esbozó un primer plano de las galerías y recogió algunas piezas cerámicas y restos óseos.

Pasada la expectación inicial, la cueva fue relegada al olvido, aunque Pedro Morales siguió acudiendo al lugar asiduamente con la idea de encontrar ese tesoro que había soñado.

En la actualidad, Torrejoncillo es conocido por formar parte de uno de los complejos mineros de Lapis Specularis, ‘espejuelo’ o piedra de yeso, mejor conservados de España. La mina de la Mora Encantada se puede visitar y cuenta con más de un kilómetro de galerías a más de 40 metros de profundidad. 

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