SER SALUDABLE

Los “supuestos” riesgos de dormir con tu hijo

“Deberíamos desterrar es ese miedo a meter al niño en la cama, como si se fuera a desatar por ello alguna plaga bíblica o algún otro tipo de desastre sin solución”, admite el psicólogo Alberto Soler.

Niños que no quieren dormir solos. No hablamos solamente de bebés... Muchos padres se despiertan por las noches porque su hijo de 6 o 9 años no puede descansar, le cuesta conciliar el sueño. Tienen miedo o simplemente no le gusta dormir solo. “Tenemos un niño de 9 años y desde hace un año se levanta con ansiedad a mitad de la noche… ¿Le obligamos a volver a la cama para dormir solo?” Es la pregunta que se hace uno de los muchos padres que tiene un hijo con problemas de sueño. Alberto Soler, nuestro psicólogo, autor del libro Hijos y padres felices… Responde.

 El padre nos pregunta que hasta qué punto es necesario obligarle a dormir solo

Depende de lo que los padres hayan decidido, no de la salud o de las posibles consecuencias para el hijo. Yo desde luego no le obligaría a dormir solo, creo que puede complicar las cosas más que facilitarlas. El caso es que un niño que se despierta por la noche pasándolo mal… ¿Por qué querríamos obligarle a irse solo a su cuarto cuando lo está pasando mal? No le veo mucho sentido. Quizá, si no queremos que duerma en la cama de los padres, le podríamos acompañar a su habitación hasta que pase el mal trago y consiga conciliar el sueño otra vez, porque lo que necesita en ese momento es tranquilidad y sentirse seguro. Pero con esta estrategia, probablemente los padres tendrán que estar mucho rato en la habitación del pequeño, por lo que a muchos les puede resultar mucho más cómodo invitarle a dormir en su cama

 ¿Que recomendación das a aquellos padres que se encuentran ante situaciones como esta?

Mi recomendación general para casos como este sería que se relajaran y buscaran la mejor forma de descansar todos. Cada familia tiene una forma que le va mejor. Algunos prefieren dormir juntos, otros separados, no hay formas mejores o peores (aunque en el caso de los bebés muy pequeños sí que habría que tener en cuenta algunas medidas de seguridad). Lo que le va bien a una familia, puede no resultarle bien a otra. Lo que deberían desterrar es ese miedo a meter al niño en la cama, como si se fuera a desatar por ello alguna plaga bíblica o algún otro tipo de desastre sin solución.

 Probablemente se trate solo de una etapa en la que por lo que sea, el niño está más nervioso y necesite un poco de apoyo.

Como he comentado, si meter al niño en la habitación de los padres no es una opción para esa familia (que también es muy respetable, por supuesto), probablemente acompañar al niño les cueste más horas de sueño, pero tampoco hay ningún problema en hacerlo así, si es lo que esa familia prefiere. Lo que no haría es obligar al niño a quedarse solo cuando lo está pasando mal y necesita el apoyo de sus padres.

 ¿Por qué (casi) todos los niños quieren dormir con sus padres?

Porque lo llevamos escrito en los genes. Es una estrategia que nos ha permitido sobrevivir. Evolución pura y dura. ¿Quien se imagina a nuestros antepasados de las cavernas “mandando a la cueva de al lado” a sus cachorros, mientras ellos tenían su tiempo de pareja? Probablemente los que lo enfocaran así no consiguieron pasar sus genes porque algún depredador se zampó a su descendencia.

Los que tuvieron más éxito a la hora de pasar sus genes a las siguientes generaciones son los que supieron proteger a sus crías, y las crías que supieron mantener cerca a sus padres para que les protegieran. El bebé que durmió del tirón sin protestar y dejó libertad a sus padres para dejarlo a solas, es el que probablemente acabó sirviendo de cena para algún animal que pasaba por ahí. Hoy en día no existen estos peligros, pero esto es una novedad de la que el cerebro no sabe nada. Nuestro cerebro ha evolucionado en un contexto en el que la estrategia más efectiva era el dormir todos juntos para protegernos mejor. El niño que se despierta a solas por la noche con ansiedad, no sabe por qué, pero siente un desasosiego que le hace buscar a sus figuras de apego. Esto le pasa a los niños y nos pasa a los mayores. La mayoría de los adultos preferimos dormir con nuestras parejas y muchas veces si dormimos solos no es porque lo prefiramos así sino por las circunstancias.

 ¿Estamos malacostumbrando al niño?

Depende de lo que consideremos una mala costumbre; desde mi punto de vista, una mala costumbre para dormir, sería irse a la cama cada día a una hora diferente, hacerlo después de mucho rato de pantallas (televisión, móvil, ordenador…), dormir pocas horas, hacerlo sin lavarse los dientes… Esto sí que son malas costumbres que dificultan el sueño, el descanso, pueden provocar caries, etc. Sin embargo, curiosamente, estos aspectos parecen preocupar mucho menos a algunos padres, cuando son los que realmente les pueden acabar generando problemas.

 ¿Tiene alguna consecuencia negativa para los padres o para los hijos (de la edad que sea) dormir juntos?

La principal consecuencia negativa es cuando esto supone un problema para alguno de los implicados. Hay personas a las que les molesta mucho tener a un niño moviéndose al lado, o personas que prefieren dormir a solas con su pareja y que los niños duerman en su propio cuarto. Cuando no es una opción porque no se consigue un descanso adecuando o porque se ha decidido que se prefiere dormir separados, puede ser mejor que durmamos separados. El colecho es una opción cuando todos los implicados están de acuerdo con esta situación. Otro posible problema es cuando uno de los miembros de la pareja quiere dormir con los hijos pero el otro no. Esta circunstancia a veces hace que el papá o la mamá acaben durmiendo solos y el otro miembro de la pareja se vaya a dormir con los hijos. Si la pareja decide que esa es una solución para ellos, puede no ser problemático, pero a veces esto se hace en contra de los deseos del que se queda a solas y esto puede suponer un problema en la pareja. Pero claro, esto no sería tanto un problema producido por dormir juntos o separados, como un problema en la relación de pareja, porque no han sabido llegar a un acuerdo satisfactorio para ambos.

 CUESTIÓN DE EVIDENCIA… ¿Que dice la ciencia sobre dormir con nuestros hijos?

Hay una serie de mitos en relación al colecho que no encuentran respaldo en la investigación. Se dice que los padres o los hijos duermen peor cuando duermen juntos, o que el colecho afecta negativamente al desarrollo emocional de los niños cuando esto no es así. También se dice que las culturas en las que se tiende a dormir juntos padres e hijos es porque no tienen alternativa y que duermen peor o se subestiman mucho las tasas reales de colecho.

- Calidad del sueño, aunque puede ser cierto que el sueño en compañía de niños pequeños puede ser más fragmentado (nos despertamos más veces) también es cierto que la duración de estos despertares es menor, por lo que el sueño total no se ve disminuido.

- Desarrollo emocional y psicológico de los niños, se ha llegado a considerar al colecho como una amenaza para el desarrollo sexual de los niños. Sin embargo, las investigaciones en las que se estudia el colecho intencionado (en el que todos los implicados están conformes con la situación) nunca han encontrado efectos nocivos a corto, medio o largo plazo. Tan solo se han descrito problemas de sueño, en casos de colecho reactivo, es decir, cuando los padres quieren que el niño duerma a solas, pero al final el niño acaba en la cama de los padres. Por el contrario, trabajos en los que se analizan los efectos de un colecho temprano, estos niños son más independientes y autónomos que los que duermen solos o practican colecho reactivo.

También se suelen destacar los problemas que el colecho pueden suponer para la relación de pareja, pero como digo, si ambas partes están conforme con la situación, esta no tiene porqué suponer ningún problema.

- Culturas. Hay algunas en las que es mucho más habitual el colecho que la nuestra; por ejemplo, en culturas indígenas, raramente reportan problemas de sueño, y en Japón, que es una sociedad industrial con tasas mucho más altas de colecho, no parecen especialmente preocupados con los problemas de sueño en los niños. Por ejemplo, en un trabajo que se comparaba los problemas de sueño que reportaban madres estadounidenses y japonesas, las japonesas informaban significativamente menos de estos problemas que las estadounidenses (13% vs 25%). Los autores de este trabajo señalan los pocos despertares nocturnos y protestas a la hora de ir a dormir de los niños japoneses. Resultados similares se observan en un estudio en una comunidad maya de Guatemala en la que los niños siempre colechan, primero con su madre y después con su padre o con otro hermano, y donde las madres entrevistadas no informan de problemas del sueño ni de resistencia por su parte a la hora de ir a dormir.

Por último, respecto a si en realidad dormimos o no con nuestros hijos, esto depende mucho de costumbres y culturas, pero incluso en la sociedad occidental se empieza a ver el colecho como algo normal y satisfactorio. En un trabajo con madres estadounidenses, el 44% respondían que el bebé dormía la mayor parte de la noche en sus camas y casi el 60% admitía que el bebé acababa en la cama de los padres, aunque solo un 30% empezara la noche ahí. Además es destacable que el 70% de las que colechaban mentía al personal sanitario sobre este hecho, por lo que incluso en una sociedad en la que se supone que se practica poco el colecho y en la que mucha gente piensa que esto puede ser negativo, se acaba durmiendo con los hijos… ¿Por qué? Porque es lo normal…

 Sara Tabares es entrenador personal en Valencia y Directora de PERFORMA ENTRENADORES PERSONALES.

 

 

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