Ocio y cultura
Toros

Ni ‘olé’ ni ‘huy’

Puerta Grande para José Garrido y Ginés Marín, que cortaron tres y dos orejas, respectivamente; y una para Ferrera en el primero de su lote, quien podría haber salido a hombros de no fallar con la espada

Granada

Tres jueves tiene el año que relucen más que el sol. Eso dice la tradición. Jueves de Corpus en Granada que pasó sin pena ni gloria, con una decepción general en los tendidos aun habiendo salido a hombros dos de los toreros que conformaron la terna: José Garrido, que cortó tres orejas, y Ginés Marín, quien obtuvo dos apéndice del sexto de la tarde. No obstante, fueron triunfos que no reflejaron la desidia y el desencanto general de la plaza; con toros inválidos, desrrazados, sin fuerzas, que acudían al trapo más por inercia que por codicia. Ferrera cortó una muy amable oreja en el primero y, a la vista del respetable y del palco, podría haber cortado dos más de no haber fallado con los aceros. Por lo demás, infumable encierro de Salvador Gavira, con una terna que vino aliviada, sin ganas de ajustarse los toros ni macharle la taleguilla. Ni emoción ni interés. Como dice un sabio de esto, “ni olé ni huy”.

Pocas cosas pudieron salvar la tarde del aburrimiento general en la que estuvo sumida la segunda de abono: el tercio de banderillas del cuarto de la tarde. Ferrera, con un toro justísimo de fuerzas, intentó salvar la tarde invitando a parear al resto de la terna, a Garrido y a Marín. La falta de pundonor y de torería le sirvió al jerezano para rechazar la invitación, quien vio cómo los dos extremeños protagonizaban un tercio de banderillas más efectivo que emocionante, sólo con el ánimo de contentar a quienes, habiendo abierto la cartera para ver una tarde de toros, no habían visto nada destacable todavía. El jerezano, en cambio, sí prefirió, en contra de la profesionalidad y del respeto y atención que requiere la lidia, ponerse a lancear al aire, ensoñando verónicas, mientras sus compañeros ponían al toro en suerte ante el caballo o se jugaban, cara a cara, la vida intentando cuartear al encierro de Salvador Gavira.

Sutil estuvo Ferrera, intentando gustar pero impostando la figura; sobreactuando y ofreciendo una composición vacía de fundamento. El lote tampoco dio para mucho más, pero el oficio del extremeño llegó a convencer al respetable en su actuación, incluso en el segundo de su lote, donde tras haber marrado con el acero, obtuvo el generoso premio de saludar desde el tercio.

Anduvo torero Garrido, queriendo expresar de forma limpia su tauromaquia, tal y como hizo en aquella gran faena en Bilbao; eso sí, mucho más aliviado que en la Aste Nagusia y haciendo de veterinario más que torero, cuidando y mimando al toro en todo momento; sin bajarle la mano para que no se le desplomara, y sacándole uno a uno cada muletazo. Pero algo bueno debió de tener, sin duda, para que sin solicitarlo la presidencia colgara del balconcillo los dos pañuelos simultáneamente. Dos orejas para el 5º bis de Albarreal, que se sumaba a la que ya había cortado en el primero de su lote. Triunfo en mayúsculas. Puerta grande. De órdago. Rostros circunspectos en los despoblados tendidos, quienes todavía siguen preguntándose que hizo de sobresaliente Garrido como para cortar dos orejas.

El jerezano Ginés Marín procuró estar a la altura de las circunstancias y, especialmente, después del generoso triunfo de Garrido. Arrebatado, con mucha figura pero poco toreo, dejando pasar al toro pero sin someterlo; claro está, de haberlo hecho se hubiera quedado sin animal. El de Gavira fue tan noble, tan bueno, que ni incluso teniéndolo a merced después de una voltereta hizo por el torero jerezano. Se levantó como si nada. Ni chispa ni emoción. Arrimón sin fundamento, sin ese picante que hace de la tauromaquia algo excepcional. Totalmente podido, el toro se dejó hacer todo cuanto quiso Marín. Pasando, de un lado a otro, pero sin embestir por derecho; lo mismo que el resto del encierro. Eso sí, la efectiva estocada, le valió para desorejar al animal.

Pues eso, lo que dijo una vez el comentarista Javier Hurtado: “En Granada no se abre la puerta grande, la dejan abierta; y el que quiera salir, que salga”.

Ficha del festejo

Real Maestranza de Caballería de Granada.

Corrida de toros. 2ª de abono. Un cuarto de plaza.

Toros de Salvador Gavira, desiguales de presentación, descastados e insípidos en líneas generales, el 1º pitado en el arrastre; y Albarreal (5º bis), hechurado y noble.

Antonio Ferrera, turquesa y oro: estocada caída (oreja) y estocada caída tras tres pinchazos (saludo tras aviso).

José Garrido, corinto y oro: pinchazo y estocada (oreja) y estocada atravesada (dos orejas sin petición).

Ginés Marín, tabaco y oro: media y descabello (saludo) y estocada (dos orejas).

Se desmonteraron Antonio Manuel Punta y Antonio Izquierdo en el 3º.

quien sí, en cambio, prefirió lancear al aire, gustándose para sí mientras el resto de profesionales – toreros de plata – banderilleaba al 2º y 5º, respectivamente.

 
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