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Las redes, altavoz de la necedad humana

El comentario de Juan Francisco Rojo

No deja de impactarme, de sorprenderme, la capacidad de las redes, fundamentalmente Facebook y Twitter, para convertirse en altavoz de los necios. Cualquiera se cree en el derecho de analizar y prejuzgar, aunque esté opinando sobre algo que ni siquiera conoce. Un ejemplo reciente. Publicábamos la noticia sobre un individuo que se saltó un semáforo, cuando iba a ser interceptado por la policía, se da a la fuga, es localizado en su domicilio, forcejea con los agentes y da positivo en alcohol y otras drogas. Como es de prever, fue denunciado.

Entre los comentarios que recibe la noticia, destaco uno que me dejó pasmado: alguien afirma que lo ocurrido, constata el afán recaudatorio de la policía. Sin comentarios. Corramos un “estúpido” velo, si me permiten el fácil y sobado juego de palabras. Pero por lo menos, ese desacertado y desnortado “comentarista” dio la cara. En las redes hay una fauna de indocumentados, ignorantes y reyes de la estulticia; que opinan de todo, critican todo, cargan con crueldad contra todo y contra todos, y ni siquiera dan la cara. Se esconden bajo pseudónimos y perfiles creados a la sazón. O sea, que además de necios, son cobardes.

A los medios de comunicación, como es lógico, se nos exige rigurosidad y se nos recuerda nuestro compromiso ético de no dar pábulo a los anónimos. Sin embargo, en las redes todo vale. Puedes insultar, difamar, desprestigiar y cometer otros desmanes, sin dar la cara. Y eso nadie lo regula. Se ha convertido en el pan nuestro de cada día. Ahora que ha entrado en vigor una nueva normativa en materia de protección de datos, que parece más un brindis al sol que una medida eficaz, convendría abrir el melón de la impunidad en las redes. Otro ejemplo que constata que internet es un reino de taifas.

Se difunde la noticia del supuesto intento de rapto de una niña de 7 años en el Parque del Salón. Hasta que se conoció que la noticia tenía sus matices, no fueron pocos los que prácticamente lincharon a los padres por su dejadez. Ninguno de los que opinaba, fue testigo de lo ocurrido. Presuponían, prejuzgaban, criticaban sin conocer y lo hacían de forma despiadada. Yo tampoco sé lo que ocurrió exactamente; pero sí sé que al margen de lo sucedido, es de una injusticia y de una inmoralidad atroz.

Qué fácil es opinar sobre las acciones o circunstancias de otros, sin ver en muchas ocasiones la enorme viga que tenemos en nuestro ojo. El todo vale, la barra libre de opinión, debe tener un límite, que no censura. Es difícil poner puertas al campo, pero también es lamentable que cualquier idiota pueda soltar sus exabruptos con comentarios hacia terceros que pueden hacer mucho daño. Lo dicho, las redes se convierten en demasiadas ocasiones en altavoces de los necios; una condición que, desgraciadamente, es muy abundante en nuestra sociedad.

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